Premio Turner, la revolución para que nada cambie.
(Segunda Parte)
Por Mariano de Blas
Lo que ha continuación se expone es resultado
de recoger algunas de las elogiosas críticas que sobre la obra
de la artista, se han vertido en la prensa inglesa. Es un discurso que
trata de justificar la obra de esta artista, con una retórica peculiar
referenciada en la historia reciente del arte. Se invita a seguir entre
líneas estos argumentos, por demás nada nuevos, que extrañamente
sustentan una obra premiada en un premio que ha sufrido las mayores críticas
precisamente por aplaudir normalmente lo contrario que ahora se premia.
Parece como si por fin el Premio Turner "se portara bien".
En
primer lugar, parte de la crítica reconoce que los cuadros de Abts
tienen una innegable áurea de art decó. Se ha dicho
que no estarían fuera de lugar en una exposición de 1926.
Que parecen pertenecer a una forma temprana de arte moderno, una suerte
de neoplasticismo, o incluso a un movimiento europeo modernista que nunca
existió. Uno que fuera el último intento de un idealismo
utópico, que viniera después del cubismo, futurismo y constructivismo.
Efectivamente el neoplasticismo apuntaba a una utopía social, para
ello basta remitirse al libro de Mondrian "Realidad Natural, Realidad
Abstracta", pero nada hace pensar en que la obra de Abts pretenda
hacer de heraldo de utopía alguna, desde luego ella nada ha manifestado
al respecto. Lo que si se reconoce es que "sus colores parecen un
poco viejos y apagados", como si se viera su trabajo a través
de una bombilla de poco voltaje. El espectador parece que "pueda
oler su edad", pero todo se justifica porque induce a la quietud.
Los pequeños cuadros de Abts se dicen que muestran
una colisión entre la claridad estética y una especia de
abrumadora ornamentación, como el patrón de un papel de
envolver de preguerra. Pero no es que estemos frente a un ejercicio de
inteligente reconstrucción, sino un ejercicio de styling,
es decir, recoger un estilo artístico ya obsoleto, sacarlo de contexto
y volverlo a poner en circulación comercialmente. Comercial, porque
son fácilmente asimilables, no se corresponden a los complejos
ejercicios de simplicidad profunda sustentada por un programa estilismo
basado en unos criterios éticos que emanan de la necesidad de presentar
una nueva sensibilidad, porque está ya palpitando en la cultura
del momento, véase el genial Mondrian. Son fácilmente asimilables
los juegos visuales de Abts, de "sombras donde no deberían
existir, acentos de luz en donde no deberían aparecer", líneas
borrosas como entarimados metálicos para la decoración.
Asimilables y apreciadas sus geometrías del siglo XX, "modeladas
como paños del comienzo del Renacimiento". El resultado es
sorprendente, en vez de concluirse que son trabajos ‘clasicos’,
a los que el ojo y la mente están ya acostumbrados por su reconocimiento
ya consolidado, se le califica de "extraños y algunas veces
casi desagradablemente hipnotizantes". Searle insiste en que su "su
obra no hace referencias directas ni al constructivismo, ni al papel pintado
en la Alemania del Este, ni a ninguna otra cosa", aunque a continuación,
después de recalcar que le resultan "extrañamente hipnotizantes",
afirme que son "como de esmaltes art decó o de papel
pintado antiguo". El hecho es que los trabajos de Abts recogen unas
soluciones plásticas resueltas hace casi un siglo y que ahora no
resultan pertinentes de manera alguna. No es condenable este mecanismo
de trabajo, Velázquez recogió soluciones plásticas
de Tiziano también con un siglo de diferencia. Pero Velázquez
las empleó para realizar un discurso artístico que si era
pertinente en su época. Recogió el tardo renacimiento del
veneciano para solucionar sus planteamientos barrocos españoles.
Abts recoge la forma asimilada y agradable para plantear unas obras que
nada aportan acerca del mundo actual, excepto una colección de
imágenes artesanalmente realizadas en formato de lujo. Los hermanos
Chapman en la edición del Turner de 2003 presentaron al Goya de
los Desastres de la Guerra, en una apropiación que hablaba de la
violencia y de la cosificación de las personas en nuestro presente.
Entonces, el lenguaje del aragonés se transformaba en el lenguaje
intencionadamente vulgar de una sociedad que plastifica cosas y personas.
Volviendo a la obra de Abts, sus composiciones están
sustentadas en diagonales, bordes duros y dramáticas curvas con
trucos visuales habilidosos. Se le atribuye un aspecto agradable y conciso
a un trabajo dedicado a un tamaño estandarizado. Abts ha afirmado
que le llevó nada menos que cinco años pintar los once cuadros
de la exposición de la Tate, lo que parece conferir al trabajo
una dedicación y esfuerzo tremendo, algo que sinceramente no se
aprecia a no ser que la artista no sea muy aplicada o sencillamente le
dedique poco tiempo a la pintura en cuestión. Cada obra tiene un
nombre tomado de un diccionario de alemán de nombres de nombres
propios regionales, que no pretende tener un significado especial. A esa
insignificancia en la nomenclatura se le atribuye el calificativo de nombres
enigmáticos resultado de una suerte de lenguajes inventados en
donde se quiere descubrir constelaciones, mitología, geografía,
o cualquier otra cosa distinta y misteriosa. Fewe, Lübbe, Mehm, Moeder,
cuyas sílabas suenan como rumores. Se les ha asociado con los ensimismados
personajes de la bibliografía beckettiana, a saber, los Krapp,
Clov, Hamm y Watt. Pero el trabajo de Abts, que titula sus pinturas después
de acabarlas, no conduce a los inquietantes, complejos y desde luego terribles
escenarios de Beckett, sino a sensaciones decorativas, visualmente efectistas
y desde luego nada inquietantes.
Desde luego, el titulo general del trabajo, "Mice
and Men" (Ratones y Hombres) hace parecer a las pequeñas obras
como una hilera de roedores o de hombrecillos. Esta es la obra que se
pudo ver en Bienal de Venecia 2006 y que también ha sido incluida
en exhibiciones colectivas en Londres y en el Carnegie Museum of Art en
Pittsburgh. Ahora, el jurado ha exclamado, "No es frecuente encontrar
trabajos que tengan rigor así como una belleza increíble.
Su obra es un logro extraordinario tanto estética como técnicamente".
Al final, extrapolando el trabajo de Abts como paradigma de la pintura
contemporánea y tomando postura en el debate de si la pintura como
medio de expresión artística está viva o muerta,
el jurado aseveró que "está viva y coleando, y siempre
lo ha estado (la pintura)".
La artista alemana describe cada una de sus composiciones
como un "concentrado de muchas pinturas en capas sucesivas",
de las que las subyacentes, si bien permanecen ocultas, forman en realidad
parte íntegra de l
resultado final. "un concentrado, cada una (cada capa) funcionando
como un objeto autónomo revelando las trazas visibles de su construcción.
Es por ello que se afirma que Abts crea un complejo juego interactivo
entre la superficie de la pintura física y la forma que describe.
Planos que aparecen para ser localizados en el primer plano y que también
permanecen imbuidos dentro de la estructura de la pintura. Formas que
se solapan y al mismo tiempo están integradas. Esto se ha hecho
desde el Renacimiento, tanto con veladuras, como con capas sucesivas de
pintura, así de simple. De sus formatos, se dice que son "íntimos
y persuasivos", en los que "construye y enriquece el lenguaje
de la pintura abstracta", de nuevo, de acuerdo con la valoración
de los miembros del jurado. Su método de trabajo es constante.
Se aproxima a cada nueva pintura sin una idea concreta, dejando que las
líneas avancen tomando formas y, en ocasiones, deconstruyen lo
avanzado para volver al punto de partida. La pintura apenas tiene masa
y los colores parecen sombríos, pero producen un efecto en su conjunto
que algunos han calificado de "totalmente hipnotizante". Parece
así un arte creado como resultado de un largo proceso. Se ha dicho
que las estrictas composiciones geométricas no se refieren obviamente
a referencias figurativas sino que desarrollan una lógica generativa
de las múltiples capas de pintura. La lógica interna de
cada composición revela las formas definidas, enterradas y descubiertas,
hasta que la pintura se convierte en "congruente consigo misma".
Parece pues que la artista descubre la forma oculta tras el blanco de
la tela. La forma oculta detrás del vacío de la no-forma
que mágicamente pugna por salir, bien de la tela misma, bien del
interior del artista (¿chamán?) ¡Cómo evoca
esto a la forma oculta dentro de los bloques de mármol que Miguel
Angel descubría, digamos que apartaba, el sobrante hasta dejar
exento su David florentino!
Más allá de lo inherente a la obra, la
elección de su misma de su tamaño se ha explicado como una
elección estrictamente personal que va contracorriente en un mundo
en donde los artistas toman prestados las escalas de la pantalla de cine
y los cartelones publicitarios. Ahora bien, si bien cada cuadro de Abts
se desarrolla dentro de sus propios parámetros, colgados juntos
en hilera, revelan las relaciones tonales entre las diferentes telas,
lo que pone de manifiesto que la artista pinta varios al mismo tiempo,
permitiendo que las ideas se repartan por entre todos. Abts acierta a
explicar que empezó "a trabajar en ese formato hace pocos
años, y me pareció adecuado para lo que estaba haciendo,
siento que es lo que tengo que hacer". Desde un punto de vista técnico,
la constancia en el tamaño permite resolver los problemas compositivos
mucho más fácilmente porque la mente del artista se acostumbra
a un formado sobre el que componer. Pero la razón porque los grandes
artistas no se han atado a un tamaño estandarizado es que no permite
desarrollar tantas opciones compositivas y quizás conduzca a adocenarse.
Como quiera, el resultado parece tener para algunos la
grandiosidad de lo atemporal que une el aura de la grandes obras de arte.
Así, la escritora de arte Meredith Etherington-Smith declaró
a Reuters "(sus obras) son muy sutiles: es como mirar a un dibujo
de un gran maestro. Me trae a la mente un miniaturista del siglo XVI".
Mark Rappolt, editor de ArtReview, estuvo de acuerdo con ella: "Son
obras muy pequeñas en las que suceden muchas cosas. Están
abiertas a diferentes enfoques". Así se acierta a señalar
que estos apretados sistemas pintados de partes entrelazadas que no son
ni completamente biomórficos ni geométricos, sugieren las
superficies de distantes planetas tan rápidamente como que ellas
imponen su completa no objetividad. Se señala que sus abstractos
elementos pueden planear sobre el borde mismo de la representación
pero entonces se indeterminan por una perspectiva incongruente en su esquema
de color. Ya sabemos que la artista se aproxima a cada tela sin ninguna
preconcepción compositiva, aplicando capa sobre capa, hasta que
la forma cristaliza. Describiendo, sus así calificadas, “finamente
calibradas composiciones”, como que están "sosteniendo
y revelando el espacio de una manera que cada parte del plano pictórico
es activo". Abts parece que se siente igualmente atañida con
el misterio y la elegancia de la imagen abstracta que toma forma en la
tela. Se aprecia elegancia y misterio en sus imágenes abstractas
y en la variada naturaleza de su superficie pintada. Se considera que
obtiene una serie de efectos pictóricos gracias a la combinación
de veladuras transparentes y empastes mediante un cuidadoso y meticuloso
proceso, además de las "capas" que ella relata. Sus pinturas,
para Searle, "no se parecen mucho a lo que se viene haciendo últimamente
en pintura. Son calladas, productos modestos de una suerte de introspección,
de un
despego poco visible en estos premios". Parece así que se
valora una supuesta actitud modesta de una artista que opta por una pintura
de discreta apariencia en donde se descubren esencias inefables precisamente
en sus referencias a otros estilos ubicados en el modernismo del pasado
siglo XX. El suyo es un método de trabajo que combina lo racional
y lo intuitivo en cuadros de los que ya sabemos que mantiene constantes
sus pequeñas medidas. Abts nunca parte de ideas preconcebidas sino
que, a partir de la lenta y cuidad superposición de capas, se vislumbra
el resultado final. Desde esta evocación a Joseph Albers en el
método (los cuadros en un formato estándar), combinada con
el romántico asistema de dejar fluir la mano libremente sin ideas
"preconcebidas", Searle se pregunta si esta artista no va a
significar un cambio de registro en un premio que se ha distinguido por
la provocación y el ruido desde su creación hace veintidós
años. Porque para él, poco tienen que ver estas pinturas
con las vociferantes figuras de otros artistas británicos, flamantes
vencedores de anteriores ediciones.
En Contra
Ángela Molina en el País, tacha el premio
de este año como "un nuevo episodio de decrepitud obrado maquinalmente
por el mercado", continúa calificando el trabajo de Abts como
de mala pintura. Asimismo los otros finalistas muestran el seguidismo
redicho de las supuestas vanguardias del presente. Charles Thomson, que
dirige el movimiento Stuckist que protagoniza cada año manifestaciones
contra el Turner, ha exclamado al respecto: "Su obra (la de Abts)
se merece un premio por monotonía vacua. Parecen garabatos realizados
por un ordenador lobotomizado". También pone de manifiesto
el interés del jurado del premio en incidir en la "profundidad
e ilusión a la abstracción que normalmente se encuentra
en la pintura figurativa". Es decir, fascinación por supuestos
absolutamente superados en el arte, en pleno siglo XXI se sigue solazándose
en las ilusiones ópticas que confieren volumen a las masas pictóricas
representadas. Frente a la supuesta atemporalidad del trabajo de Abts,
que parece no pertenecer a movimiento alguno ni categoría temporal,
frente a la afirmación de Abts de que a ella lo que realmente la
excita es la idea de un trabajo que sea tan imposible situar que pueda
llegar al punto de ser "el arte del futuro", hay que declarar
que el arte que parece del pasado es historicista y carece de relevancia
para el presente. Una cosa es retomar un estilo del pasado para usarlo
de trampolín para presentar un nuevo presente, el arte clásico
en el Renacimiento, el neoclasicismo o el neogótico del siglo XIX,
y otra es retomar formalmente un estilo fuera del tiempo en que eran pertinentes
y relevantes para presentarlo bajo la apariencia de "buena"
modernidad y así resultar perfectamente asimilables para el pensamiento
conservador que se quiere disfrazar de moderno. Si esto vale, entonces
colmemos los espacios del arte moderno con los pseudo artistas que venden
cuadros impresionistas realizados a paletazos en Montmarte, a la sombra
del Sacre Coeur y de paso la pastiche iglesia ortodoxa en cuestión,
sea elevada a joya de la arquitectura tardo rusa.
Esto es el recurso del arte adocenado que muestra resoluciones
plásticas y conceptuales hace largo tiempo ya, resueltas y planteadas,
que fueron consecuencia de un momento cultural dado. Es el arte que no
se corresponde al pensamiento crítico y contemporáneo moderno,
sino a la resolutiva actitud conservadora servidora de unos intereses
dados que precisamente se entroncan, a modo de imagen corporativa, en
el arte ya desactivado de su fuerza expresiva porque ya no trata del presente
sino de un pasado que pretende enmascararse de actual. El arte nunca es
eterno. Nada es eterno, menos aún las creaciones humanas, y menos
todavía la vigencia de las ideas de las creaciones humanas. Como
Arthur Danto ha señalado, el arte del pasado ya no es relevante
en el presente aunque podamos apreciar la grandeza que a veces tiene.
Pero no sólo ya no es relevante, sino que esa grandeza no existe
cuando el arte se presenta disfrazado de una relevancia que no corresponde
a lo que precisamente quiere hacer de heraldo, el arte de las nuevas ideas.
Entonces de relevante pasa a ser la losa del pensamiento reaccionario.
Cuando un arte así aparece envuelto, como un regalo envenenado,
en el tumultuoso marco del arte de vanguardia, con sus muchas miserias,
pero con muchas más grandezas, las de la investigación y
el atrevimiento, es todavía más peligroso.
Recientemente, a raíz de la exposición
de Sargent versus Sorolla, muchos se han preguntado cómo semejantes
grandes pintores no tienen la relevancia de los Impresionistas o de los
torpes (en las formas) Van Gogh o Cezanne. Y es que no se acaba de entender
que esos grandes pintores no eran tan grandes artistas. Un gran artista
agarra el pulso latente de su presente existencial, no la pátina
lustrosa de lo que es grato al gusto conservador de los que viven una
realidad estereotipada. Entonces era la burguesía faldera y la
gran aristocracia del título y del dinero y el poder. Ahora es
la gran clase media reciclada de ciudadanía en consumidores, patéticamente
emuladora del gran capitalismo del dinero y del poder.
Pensar que Abts "ha seguido su camino", porque
aparentemente va a contracorriente del arte moderno, es cínicamente
atacar la superficialidad y el oportunismo de parte del arte moderno (como
siempre ha sido, por demás) con arte reaccionario, a su vez superficial
y oportunista. Saquemos de contexto la obra de Abts. Vayamos de las fulgurantes
salas de la Tate British a las paredes de una galería de provincias
o de barrio. Desde luego que cubrirían con respeto las paredes.
Son obras bonitas y agradables, bien pintadas y resueltas. Si tuvieran
un precio razonable, podrían decorar decentemente un salón
doméstico, el hall de la sucursal de un banco o la sala de espera
de un dentista. Pero colgadas en una importante galería, bienal,
feria de arte y finalmente museo, por muy londinense o veneciano que sean,
es una mera pirueta de promoción artificiosa de una obra que ahora,
con este último empujón del Turner, costará una millonada
su firma. Entonces no hay que hablar de arte, sino de la cotización
de un producto artístico, como el de la acción de un sólido
valor financiero.
Se pueden escribir enciclopedias enteras con el lenguaje
ambiguo de la retórica laudatoria de una obra descrita con indiferentes
mecanismos argumentativos que pueden servir para cualquier cosa. Se puede
caer en el anecdotario de contar que ella trabaja con las pinturas sobre
el suelo y no sobre el caballete d e
tal manera que su metodología se parece más a la del escritor
o lector de mapas que a la de pintor. De esto se puede inferir una hermenéutica
de lo más imaginativo y de paso dejar caer que la escritura, como
modelo de discursivo mental, es superior a la irracional y emotiva imagen.
Por ejemplo, señalando que por este método se está
más íntimamente unido al objeto pictórico, pasando
de la observación a la experimentación. Se podría
así establecer una comparación con los métodos de
trabajo de Mondrian y Pollock. Cabe preguntarse que si a los que esto
han escrito, no se les ha ocurrido, o conocen, el problema técnico
de los ‘chorretones’. Si Pollock hubiera aplicado su método
de pintar sobre un lienzo vertical, todo le habría chorreado. Si
Mondrian hubiera hecho otro tanto, la densidad de su pintura no le habría
quedado atrapada en sus rígidos y limpios márgenes, habría
chorreado. El tamaño de los lienzos de Pollock con su técnica
de soltar la pintura a golpes de pincel (dripping), sólo
era posible si el artista caminaba literalmente sobre la tela. Por otro
lado, las rectas líneas de Mondrian eran más cómodas
de trazar sobre la plana superficie de una mesa, aquí las dimensiones
de su trabajo, sí lo permitían. No es tanto que al contemplar
las pinturas de Abts uno tenga la sensación de volar por encima,
"dando vueltas en inacabables círculos", porque se sabe
que las pinta sobre el suelo, o sobre una mesa, sino que la pintura fresca
de Abts a lo peor podría ‘chorrear’ hasta que se seca
y se puede entonces ya colgar….
Se ha comparado su trabajo a una baraja de cartas que
no se pueden leer, en las que no sabe como jugar y menos aún cual
es el juego. En donde la proverbial inexpresión de la artista,
tan del gusto patricio británico, muestra que ella juega pausadamente,
con cara de póquer, sin traslucir nada. Ella entonces es la jugadora
que más aguanta en el juego, cuyas maniobras son decisivas al tiempo
que es difícil seguir su juego. Un juego del que también
se ha escrito, es su apuesta por el mesiánico "retorno de
la pintura", redentor del gran arte, salvador del infierno y el cansancio
de "un experimentalismo cada vez más vacío, falto de
sustancia". El arte no necesita ser salvado, y menos aún la
pintura, por cierto, una faceta más del arte, con sus peculiaridad
contemporáneas. El arte siempre vive cuando hay personas y es fiel
reflejo de carácter de las mismas. Lo que no necesita el arte es
el golpe de estado de los "salva arte", como los "salva
patrias". Al final siempre es lo mismo, dictadura del gusto, pero
sobre todo un gran beneficio en riqueza y poder, ‘contante y sonante’,
que engrosa la cartera y la vanidad de los supuestos "sacrificados"
salvadores. Mercancía de cartón piedra decorando las calles
de la Roma del Duche; sólidos campos de exterminio de granito y
roble del Führer; grises e inmensos gulahs del Hombre de
Acero (Stalin), rojos de sangre, que no de ideales. Mercancía de
tarta empalagosa o de la Ámerica de Doris (Day) y Marilyn (Monroe),
mientras se depuraba a los artistas. Ahora, enterrados los horrores, al
menos en occidente, queda el golpe de estado de asimilar el Salón
de los Independientes dentro de la modernidad que es tan moderna porque
supera a lo moderno, porque lo moderno a veces no tiene calidad. Algunos
han llamado las cosas por su nombre, "cuadros del género decorativo,
monocolores. Y de una extraña consistencia", "pasteles
brillantes de difícil digestión". Verdaderamente son
pequeños y callados pero también podrían ser muy
peligrosos, como los bigotitos de algunos personajes (exceptuando al gran
Chaplin).
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