Luis Landero: Retrato de un hombre inmaduro


TusQuets, Barcelona, 2009, 240 págs.



Por Mercedes Martín de la Nuez


El protagonista de Retrato de un hombre inmaduro es un hombre mayor y enfermo que en una cama de hospital cuenta anécdotas de su vida, una retahíla de chistes, ¿saben aquel del huérfano, el tímido y el de la silla de ruedas? Pero detrás del aparente pasatiempo hay una profunda Luis Landeroreflexión. Él era un tipo corriente, respetable, vecino de sus vecinos, con arrebatos de virtud y aspiraciones heroicas de vez en cuando. Pero, tras un breve amago de virtud, sucumbía a la mediocridad, el egoísmo y la ramplonería cotidiana… Comete pequeñas canalladas, siempre en la sombra, de modo que no pierde su condición de buen vecino en el barrio. Es un bribón, un hipócrita, un egoísta, un cobarde, un tipo corriente que esconde sus miserias e intenta portarse bien algunas veces. Pero lo delicioso de Retrato de un hombre inmaduro es el lenguaje poético que, con dos o tres adjetivos, pinta un retrato del protagonista y sus vecinos, del barrio de Madrid, toda una vida, cómica y trágica a la vez. Un mundo completo en un puñado de palabras. Dice el autor en una entrevista que huye de "lo literario", quiere decir que huye del artificio retórico, pero emplea mal la palabra literatura porque lo literario es precisamente vivir otra vez mediante las palabras y no tiene nada que ver con hacer figuras huecas.

Los arrebatos de virtud alternos con despotismo y canalladas de poca monta hacen del prot-agonista, personaje inofensivo en apariencia, pero a gran escala la comezón del mundo, un espejo donde pueden mirarse muchos. Es decir que más bien estamos ante una historia realista de tono picaresco, como aquellas historias de Lázaro de Tormes, el Buscón Don Pablos o Ginés de Pasamonte, donde las canalladas se cuentan con tal gracia y se hace tan evidente la estupidez humana que uno no puede menos que reírse y darse palmadas o menear la cabeza, cuando se siente menos comprensivo. "Gente cobarde y cautiva" como la mayoría, sin más maldad ni Luis Landeromenos virtud que cualquiera. Gente de a pie sin ningún rasgo sobresaliente, ni mejores ni peores, (quizá nosotros, que nos lo perdonamos todo, y si conseguimos demostrar algún sentimiento al respecto, es un poco de pena sin aspavientos).

¿Dónde está el amor? Desde luego no en las historietas que cuenta nuestro anónimo y vulgar protagonista, esas anécdotas se las ahorró. Hay un episodio en el que nuestro "héroe" en lugar de salvar la vida –o llamar una ambulancia– de una joven de la que se ha enamorado instantáneamente, huye al monte. "¿Quizá es el trágico destino del amor, que cuando uno lo encuentra, muere en sus brazos?", parece preguntarnos a nosotros, los lectores. No, amigo, dice la desocupada lectora que le habla, el amor lo lleva uno dentro, y si no, no lo encuentra.

Luego una lee en las entrevistas que Luis Landero ha querido mostrar la falta de amor y de respeto por el lenguaje, que hoy día campan a sus anchas (siempre han campado, creo yo), la demostración se ha quedado en una falta de confianza en el ser humano y un pesimismo propios de la novela picaresca, en una falta de fe absoluta en la condición humana, Sr. Landero. Sea como sea, la maestría en el escribir no se la quita a usted nadie.

«