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Emilio Serrano: Dádivas de la vidaSial/Fugger Poesía. Madrid, 2009. 114 págs.Por Julia Sáez-Angulo
Dádivas de la vida es una antología precedida de una interesante introducción del autor, en la que, como buen docente, brinda al lector su guía hacia las tres partes del libro: Pujanza y esplendor; Azafranado sol, y Dádivas de la vida. Basilio Rodríguez Cañada señala en su prólogo que la mirada del poeta a la "naturaleza como manifestación de lo divino." Emilio Serrano toma con frecuencia la geografía cercana de su Blesa turolense o del cercano parque madrileño, para observar la riqueza visual y conceptual de la naturaleza, que se traduce en palabras poéticas que hablan del asombro y el éxtasis ante sus ritmos, ciclos y renacer. Junto a las palabras, las reflexiones evocadoras de un pasado ido o machito, las analogías con la vida y la condición humana, el simbolismo de sus figuras que se traducen en metáforas sobre la existencia. El renacer de la luz como esperanza El poeta, como los antiguos egipcios, parece temer que no regrese el dios Ra, el sol, la luz, el alba que tanto ansía, después de las jornadas de "sol azafranado", del ocaso, de la oscuridad de la noche... El milagro del renacer a la luz alimenta la poética de E. Serrano en un continuo sostenido, tanto en su significado físico como simbólico o alegórico. Filólogo, profesor, hombre culto, las referencias de Serrano a la mitología greco-romana no se hacen esperar, de la misma manera que al final, en la tercera parte son las alusiones bíblicas las que aparecen en un suerte de asunción de las dos culturas que nos nutren y ciertamente a la obra poética del autor. Hombre de lecturas, dedica algunos de sus versos a poetas como Carlos Bousoño, Colinas, Hermosas sus aliteraciones, sonoridades y tropos como "vencejos vencedores" o "caléndulas candelas"... Bellísimos poemas como "Salte tu canto" a base de estrofas de dos versos que suenan como salmos musicales y profundos o "Igual que pastores", al compararlos con los poetas. Ordenado poemario en suma, este libro que termina con una ascesis cristiana valiente, brillante y conmovedora, que se manifiesta en poemas como el dedicado al cuadro de Rembrandt sobre "El hijo pródigo" y continúa en paralelo con "Para buscarte" o "Cargado con mi cruz". El libro termina con el poema que da título al libro, toda una enseñanza de cómo afrontar la vida y esperar la muerte, que entronca con la sabiduría serena de los clásicos trascendida por la fe. |
Nº
53 - Enero de 2010 |
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