Carmen Güell: El Versace de Penélope Cruz


Editorial Styria. Barcelona 2009. 253 páginas.


Anécdotas históricas protagonizadas por mujeres contadas por Carmen Güell



Por Alberto López Echevarrieta


Se podía decir que este libro se surte de esos pequeños detalles que dejan a un lado los sesudos autores de tratados históricos. Lo que tal vez para ellos sean frivolidades para Carmen Güell, ha servido de base para la realización de una obra literaria de indudable interés. Licenciada en Historia y autora, entre otras obras, de El mecenas yel artista en torno a las relaciones de su antepasado el Conde de Güell y el arquitecto Antonio Gaudí, la escritora ha llevado a cabo una exhaustiva recopilación de anécdotas vividas por mujeres de muy diversos estratos sociales a lo largo de los siglos dando como resultado un libro de indudable "gancho", de esos que se leen de un tirón y sin dificultades.

Todo el material lo ha clasificado en diez capítulos cuya nómina de protagonistas es amplísima. Las hay escritoras, actrices, reinas, cantantes, mujeres soldado, poetisas… lo que proporciona una variedad de relatos que constituyen un nuevo factor positivo. No nos resistimos a recoger alguno de los chascarrillos:

Cuando el marido de Carolina Bonaparte, hermana menor de Napoleón, se dio cuenta de que su esposa le engañaba, corrió presto ante el emperador para ver si él le metía en cintura. La respuesta que recibió fue: "Si tuviera que encargarme de vengar a todos los cornudos de mi corte, no me quedaría tiempo para ocuparme de los asuntos de Estado".

Carmen GüellJunto a anécdotas muy diversas encontramos detalles poco conocidos o ignorados de gente como Agatha Christie, la popular autora que en 1952 estrenó en Londres su obra teatral La ratonera. La pieza estaba basada en un texto que escribió para la BBC como regalo de cumpleaños a la reina Mary. Unos productores quisieron comprar los derechos para llevarla al cine pensando que la obra pronto saltaría de la cartelera. Agatha les vendió los derechos con la condición de que se iniciara el rodaje cuando la obra se retirara de escena. Y así se firmó un documento que a los productores les llevó a la ruina porque La ratonera lleva representándose ininterrumpidamente en Londres la friolera de 57 años.

No deja de ser curioso tampoco el saludo que Marlene Dietrich, a punto de morir, le dio a un sacerdote que pretendía confesarla: "¿Puede decirme de qué tengo que hablar con usted? ¡En poco tiempo podré hablar directamente con su jefe!".

Hay otras protagonistas menos famosas, pero no por ello más recatadas. En el siglo XVIII hubo una pareja de bailarines que dio que hablar, Anne Heinel y Gaetano Apollino Vestris. Desesperado por la desordenada vida sexual de su esposa, el marido la hizo ingresar en un convento del que sólo tenía permitida la salida para subirse a un escenario.

La relación de anécdotas y hechos curiosos es tan larga como atractiva. Son, en su mayoría, nombres conocidos tanto de la historia antigua como moderna, incluso de protagonistas actuales del papel "couché" como Penélope Cruz, por ejemplo.

Una de las grandes ventajas que veo a este libro, amén de los detalles antes reseñados, es la brevedad de los casos presentados –la gran mayoría de una página de extensión-, por lo que su lectura es muy apropiada, por ejemplo, para el Metro.

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