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David Gilmour: Cineclub


Editorial Mondadori. Barcelona, 2009, 260 pp.



Por Mercedes Martín de la Nuez


Esta es la historia sencilla y miles de veces repetida de un padre que sale a la calle de madrugada en busca de su hijo, un joven que no estudia y flirtea con las drogas, un joven que pierde el tiempo. El padre escucha en la cama cualquier indicio que le diga si su hijo ha regresado a casa ya y al fin puede dormir. Gilmour cuenta su propia historia y la de su hijo a riesgo de que lo juzguen.

Jesse es un adolescente que tiene malas notas y no quiere ir al instituto. Cuando el padre quiere ver qué ocurre, qué puede hacer él, quizá ya es muy tarde. El hijo no tiene disciplina, no tiene apuntes, no dedica horas al estudio, sólo piensa en salir a la calle. Pero lo único que se le ocurre a Gilmour, en lugar de meter al hijo en un internado, es pasar tiempo con él. Para ello, deja que abandone el instituto y le pone como condición ver tres películas a la semana juntos.

Alguien que tiene mucha fe en el arte y concretamente en el cine, pero sobre todo en la paternidad ése es David Gilmour. La gente, los vecinos pueden hablar mal de su método, pero él ha hecho su apuesta y se va a esforzar para que funcione.

GilmourPoco a poco, las películas les sirven a ambos para discutir cuál es la mejor decisión en cada caso ante las disyuntivas que se plantean en la vida. También hablan sobre cine, pero sobre todo conversan, discuten, comparten.

Hay una conmovedora lucha del padre contra todos los peligros del mundo que acechan, los buenos padres son una especie de Quijotes que, aunque no crean en nada en su fuero interno, están dispuestos a creer por sus hijos.

Había una fina línea chez nous y algunos días me sentía como si estuviera haciendo retroceder el caos y la irresponsabilidad armado de un látigo y una silla. De hecho, parecía que por toda la casa estuviera creciendo una selva que amenazaba constantemente con sacar sus ramas por las ventanas, por debajo de la puerta…

Un dato curioso: Jesse es hijo de padres separados y se dice en más de una ocasión que el adolescente necesita pasar tiempo con su padre (un hombre que lo guíe) y no una madre que lo proteja. Los roles sociales y familiares no parecen haber cambiado ni tener intención de hacerlo. El autor canadiense, su hijo, sus vecinos, ¿nosotros?, quizá en lo más superficial, quizá en lo más profundo, pensamos que una madre hace mejor esto y un padre mejor aquello. Ella protege, él guía. ¿Piensan así los lectores de hoy?

El autor tiene una página web y se puede ver un vídeo promocional suyo con su hijo… ambos personajes de su propia historia.

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Nº 49 - Septiembre de 2009

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