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Juan José Millás: Los objetos nos llamanEditorial Seix Barral. Barcelona, 2008. 248 págs.Por Mercedes Martín de la Nuez Estas historietas son en su mayor parte humorísticas,
pero es ese humor que nos deja serios y exclamando para nuestros adentros:
¡es verdad!, y nos muestran con una pequeña fábula
la vida entera; son una metonimia, la parte por el todo, donde el recuerdo
de un ser querido es encontrado entre sus pertenencias y encendido supersticiosamente.
Así es como es la buena literatura, te da un cosmos en miniatura,
perdón por el pareado. ¿Cómo podría ser si
no? Una vez, leyendo al filósofo Arthur Danto, noté con
desagrado que él pensaba que las representaciones artísticas
hasta el siglo XX habían sido mera copia de la realidad, ¿para
qué queremos una copia de la realidad si tenemos la realidad misma
a la que ir a preguntarle y de la que aprender? Pero, me pregunto, ¿es
que acaso Un denominador común a las historias de Millás: siempre hablan de las relaciones personales a través de una mirada que relativiza con humor lo que consideramos necesario trágicamente: los lazos familiares, la identidad... Lo hace piadosamente, porque comprende y comparte esta vulnerabilidad nuestra por la cual es casi imposible seguir siendo los mismos, esta inconstancia que nos hace dudar de lo más incuestionable. De todos modos, al acabar de leer, uno tiene la impresión de que hay que creer en algo. Es algo como lo que hacía Brecht. Pero Brecht nos reprendía, sus parábolas eran duras con el género humano y pintaba como eternas y necesarias las cosas que consideramos inútiles para que viéramos la trampa de los valores impuestos por nuestra cultura: no son eternos. No había consuelo al final de los cuentos de Brecht, sólo lucha. Un hijo va andando por la calle detrás de su padre, pero no lo ha reconocido: de pronto, el hombre al que admiraba se ha vuelto un hombre cualquiera, y el hijo un huérfano, y aquí tenemos la trágica lucidez de la edad adulta. Una encuestadora por teléfono se va a vivir a casa de un tipo anónimo al que sólo conocía a través de las encuestas, y entonces tenemos una parábola del amor. Y así muchas historias. La ciudad está llena de gente así, personas que pasan las tardes en las cafeterías, frente a una taza de la que simulan beber. Juan José Millás es uno de mis escritores
predilectos. En 2007 ganó el premio Planeta con El mundo,
una novela que, desde estas páginas, recomiendo a todos. |
Nº
43 - Marzo de 2009
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