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Elvira Lindo: Una palabra tuya


Seix Barral, Barcelona 2008



Por Mercedes Martín de la Nuez


Una palabra tuya es casi un monólogo, del tipo de Cinco horas con Mario, pero con la amargura de Memorias del subsuelo. Aunque me atrevería a decir que Rosario está más viva que esos personajes. Es más fresca y sus palabras nos la van figurando de verdad. Como si Rosario existiera no sólo en la imaginación de Elvira Lindo, más allá de la novela. Su corazón y su rabia se ven ahí. En realidad, por un agujerito en sus páginas mágicas, la novela nos lo enseña: sus cosas, su vida de sirvienta que quiso ser princesa de cuento de hadas.

Elvira Lindo"Como ejemplo de esa resignación cristiana que practicaba mi madre y que yo no compartía (para nada) está el hecho de que a mi madre se le caía la baba con los niños de las Infantas. Yo creo que hay madres que acaban queriendo más a los hijos de las Infantas que a los suyos propios. O a los de Carolina, que encima es de otro país. Mi madre puede servir de ejemplo de ese disparate".

Rosario lo ve todo con distancia, no se implica, y no sabemos si tiene el corazón duro o tiene una coraza. "Necesito pensar que el fallo es de ellos, que no soy yo la que tiene esa tara de la que hablaba mi madre y que me lleva a verlo todo como si mirara a través de un microscopio". Pero la vida la hace arrodillarse como a cualquiera.

"Es tremendo el daño que nos puede hacer un enfermo, primero nos convierte en esclavos de su debilidad y luego, una vez que ha muerto, nos hace preguntarnos si lo hicimos de buen grado o estuvimos deseando a cada rato que se muriera".

"Mi madre tuvo un perro. Se murió. Y yo le dije, se han acabado los perros. No soporto ese amor tan incondicional".

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Nº 40 - Diciembre de 2008

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