Rey David Profeta: Los Salmos
Textos y comentarios de Gonzalo Flor Serrano Ediciones Sígueme Navarra, 2008. 451 págs.
Por Julia Sáez-Angulo
El
libro de Flor Serrano destaca los 150 cantos o salmos atribuidos al profeta
rey David, en torno a los cuales establece sus distintos comentarios en
los que se aprecia su profundo conocimiento de la Sagrada Escritura y
la audacia analítica y crítica sobre cada uno de esos salmos.
El comentarista destaca que los cantos pertenecen a
diversas épocas y autores, que se fueron agrupando en distintas
colecciones hasta alcanzar su disposición actual. "En la Biblia
hebrea este libro ocupaba el primer lugar de la tercera parte conocida
como "Escritos", y llevaba el nombre de Tehilim (alabanzas
o himnos). En la versión griega adoptó el nombre de "Salmos"
o "Salterio", nombres conservados en la versión latina".
Los salmos, además de oración son literatura
poética o si se prefiere poesía religiosa, por lo que en
ellos se pueden descubrir, a la hora de valorarlos, recursos poéticos
de toda índole: vocabulario especial (sinonímico, antitético
o sintéticos); composición elaborada de modo artístico;
juegos de palabras e imágenes, que cada autor expresaba dejando
su impronta.
Los
hay de toda clase de sentimientos: de lamento y súplica; de confianza;
de acción de gracias; didácticos o de instrucción;
históricos, litúrgicos; proféticos; sapienciales,
y por supuesto mixtos. Motivos teológicos y formas poéticas
se imbrican con sabiduría y acierto. Unas veces hablan de Dios
y otras se dirigen a Él con sus atributos y grandeza. También
del hombre (el pueblo elegido) y de su relación con Dios. Son fundamentalmente
"la oración de Israel", señala el autor, las reflexiones
místicas del Antiguo Testamento. A Dios se le habla con confianza,
de tú a tú, con enorme confianza, incluso descaro.
La Iglesia ha contemplado los salmos a la luz de la
plenitud del mensaje del Mesías prometido, por lo que cobran un
significado anticipatorio y luminoso, sobre todo los proféticos.
"Dios mío, ¿Por qué me has abandonado"
lo toma Cristo prestado de los salmos poco antes de morir. "El hombre
es un soplo fugaz"; "Cambiaste mi luto en danzas"; "Grande
es el Señor en Sión"; "El hombre no perdura en
el lujo"; "¿Quién habitará en tu monte
santo?"; "Dichosos los que viven en tu casa"... son algunos
comienzos de bellísimos salmos, en los que el autor sagrado domina
la metáfora.
Desde el punto de vista literario, los salmos abarcan
poesía hímnica y elegíaca. Un libro sacro que ha
influido notablemente en la literatura occidental y que vale la pena releer,
máxime con el ensayo elocuente de Gonzalo Flor Serrano.
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