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Willy Vlautin: NorthlineLa otra orilla. Barcelona, 2008Por Mercedes Martín de la Nuez Northline parece un guión cinematográfico. Se describen acciones de los personajes, no hay algo parecido a análisis psicológico, la mayoría de los capítulos tienen como título el nombre de un lugar. Pero la crítica lo relaciona con la novela de Hemingway y la novela minimalista de los ochenta (Richard Ford, Ann Beattie, Raymond Carver). Bien. Podría ser. El caso es que la prosa minimalista de esos años fue una reacción contra la textualidad excesiva posmoderna y no creo que Vautlin esté respondiendo a esos excesos, más bien creo que se inserta en la novela posmoderna, como explicaré. Como decía, en Northline, "la chica" tiene un papel protagonista, pero no es que Vlautin la convierta en la heroína de la historia, es un personaje completamente secundario al que han colocado en el punto de mira. Para acentuar este rasgo, cuando la novela empieza, creemos que va a hablarnos de Jimmy Bodie: Jimmy Bodie observaba el espectáculo tomando una cerveza, y la chica se sentó cerca de los videojuegos, borracha. Tenía veintipocos años y era del montón, con el pelo fino y negro y los ojos azules.
"La chica" de las películas, "la mujer" en la cultura. Sobre la emancipación de la mujer escribe Willy Vlautin, y qué mejor emancipación que tener tu propia historia; pero lo que se nos cuenta es el mayor tormento: la falta de libertad, la poca estima, la falta de confianza en uno mismo, en el futuro, el miedo, el agotamiento y el atreverse a soñar una vida de verdadera protagonista. Una perspectiva posmoderna prefiere ver la emancipación del personaje femenino, eternamente secundario, de manera que el drama sería realmente "literario": un personaje condenado a la marginalidad en los guiones cinematográficos, sin embargo atrapa la atención de la cámara y asistimos a su poca acción, su falta de caracterización, su escaso diálogo. Porque a estas alturas de la historia de la literatura, no podemos ver la romántica historia de una pobre chica desamparada a la manera de las novelas del siglo XIX. Los personajes que quizá inspiraron "la
chica" no podrían ser los representados por Paul Newman en
El buscavidas, El golpe o La gata sobre el tejado de Zinc,
el solitario incomprendido, el desesperado; o Jon Voight en Cowboy
de medianoche, la inocencia violada, el sueño roto, sino las
miles de chicas anónimas que desfilan por las películas
más convencionales y el cómic. Ambientada en Reno y Las
Vegas, escenarios posmodernos del capitalismo triunfal y, como diría
Baudrillard, del simulacro. |
Nº
37 - Septiembre de 2008
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