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Amos Oz: Versos de vida y muerte


Editorial Siruela. Madrid, 2008. 127 págs.


Sensibilidad frente al desamparo



Por Isabel Ancillo Gómez


Amos Oz, Premio Príncipe de Asturias de las Letras 2007, Premio Goethe 2005 y Premio Israel de Literatura 1998 entre otros, es uno de los escritores israelíes Amos Ozmás reconocidos en su país y aún fuera de esas fronteras, además de estar mencionado entre los candidatos al Premio Nobel.

Afirma que "el hebreo moderno es un paraíso para los poetas, pero un terreno difícil para los narradores. Escribir ficción en hebreo moderno es a veces como tocar una pieza de música de cámara en una inmensa catedral: hay que tener mucho cuidado con la acústica".

En esta ocasión, no así como ocurría en "Fima", no ha entrado en polémicas políticas ni incide en el compromiso que al respecto podrían tener los escritores, parece que de alguna forma los sucesos recientes en torno a su coetáneo Orhan Pamuk (obligado a dejar su Estambul natal) le hubieran afectado. Afirma que es como un pez: "Puedo sobrevivir fuera del agua de la lengua hebrea durante un año, pero después, si no volviera a esa agua, me extinguiría".

En "Versos de vida y muerte" nos encontramos con aspectos recurrentes de su literatura. La finalidad de ésta, extraer del sufrimiento al menos una pizca de consuelo y bondad, como si de un Roberto Benigni literario se tratara, o la crítica contra ciertas prácticas de la novela contemporánea.

En el relato tenemos la oportunidad de descubrir a un Autor que no es Amos Oz, así como su forma de concebir la escritura y el oficio de escritor. A lo largo de sus páginas nos muestra los aspectos de la creación literaria tal y como la vive un escritoAmos Ozr utópico en la vida cotidiana y, pese a todo mantiene nuestra ilusión y sorpresa reforzando una positiva emoción ante la lectura.

Durante varias horas el lector viaja junto a un novelista "el autor", acompañándole desde poco antes de que asista a la presentación de su última obra en un centro social de Tel Aviv, hasta que llega a su casa de madrugada, después de un largo deambular por las callejuelas de la ciudad y los surcos que numerosos personajes van dejando en su mente, como si de un nuevo Leopold Bloom joyciano se tratara.

Amos Oz nos ofrece en cada uno de sus libros cierta particular didáctica de la ética, la vida al ponerse al frente de tan diversos personajes que se imbrican unos en otros pese a sus caracteres muchas veces antagónicos. Sus personajes exclaman con la voz de la vida, diferenciada de la voz de la muerte que se queda afónica al intentar expresar la humillación y el desprecio.

Gracias a este libro el lector consigue identificarse al menos con uno de los personajes, Riki, la camarera; el erudito Yeruham o el portero Charlie, por citar tan sólo algunos de ellos. De este modo logra que nos sintamos menos lejos unos de otros, como sin duda él desearía que ocurriese entre palestinos e israelíes. Sensibilidad frente al desamparo.

En "Versos de vida y muerte" ya desde el principio nada es lo que parece. No se trata de un libro de poemas, algo que sugiere el título, ni de un ensayo, como podemos suponer al comenzar su lectura. Estamos ante una obra de ficción y, como todos sus escritos, autobiográfica aunque no confesional, como él mismo ha señalado en Amos Ozmuchas ocasiones.

Asimismo, es llamativo el modo en que el narrador va definiéndose a través de la creatividad y con numerosos interrogantes respecto a su labor. Ninguna pregunta, ni las del propio "autor" ni las de su público, son respondidas, quedando así como retóricas para los lectores.

En "Versos de vida y muerte" encontramos de nuevo el característico humor de Amos Oz pero también sus preocupaciones, unidas a una gran imaginación y utilizando siempre un ritmo ágil que nos lleva volando de un lugar a otro sin respondernos a cuándo tocaremos tierra.

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Nº 37 - Septiembre de 2008

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