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María Concepción García Bainza: Juan de Anchieta, Escultor del Renacimiento


Edición Gobierno de Navarra. Fundación Arte Hispánico. Madrid 2008. 245 págs.



Por Julia Sáez-Angulo


Juan de AnchietaJuan de Anchieta es uno de los "principales responsables de haber llevado la escultura al primer plano de la actividad artística en las décadas centrales del siglo XVI, tomando el relevo a los grandes maestros y haber convertido este arte en la más popular e inteligible por encima incluso de la pintura", explica la autora. No olvidemos que en el XVI español había figuras tan señeras como Diego de Siloé, Bartolomé Ordóñez, Alonso Berruguete, Juan de Juni, Gaspar Becerra, Damian Forment o Gabriel Joli, que se repartían los distintos territorios, y que en medio de ellos sobresalía Anchieta.

Anchieta aprende en Roma su oficio y ello se nota en la anatomía, la figura y la indumentaria. Desarrolló el desnudo con maestría y elegancia. Sus crucificados son magníficos; sus angelotes guardan cierto paralelismo a los de la obras de Médicis. Se asienta en Pamplona como centro de operaciones, después de haber recorrido diversos lugares para trabajar. En Jaca, Tafalla y Briviesca dejó obras de gran importancia. Apura las musculaturas hasta extremos indecibles y asombrosos. Su expresión del sentimiento religioso es muy particular. Trabaja por igual la piedra, el alabastro y la madera. Su clientela está en las iglesias.

Juan de Anchieta"Como buen escultor del Renacimiento, Anchieta dominará la anatomía, el desnudo y la proporción y, asimismo, el cuerpo humano en movimiento y en escorzo bien aislado o dentro de complejas composiciones", dice García Gainza. "Tendrá capacidad excepcional para enfrentarse con grupos escultóricos monumentales, para transformar grandes bloques de material en imágenes en las que puede hablarse con toda propiedad de colosalismo (…) Tras el manierismo de Alonso Berruguete y Juan de Juni, Juan de Anchieta difundirá la maniera romana durante casi cuatro décadas hasta la llegada del clasicismo, el arte cortesano que se propaga desde El Escorial".

"La escuela alavesa fue fecundada por Juan de Anchieta por su presencia en Vitoria y estuvo encabezada por un potente escultor, Lope de Larrea, colaborador de aquel, aunque contó con otros significativos maestros", dice la autora. “También fue importante el foco escultórico formado en Miranda de Ebro en torno a la figura de Pedro López de Gámiz y a su magna obra en el retablo de Santa Clara de Bibriesca en el que Juan de Anchieta intervino de modo sustancial”.

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Nº 35 - Julio de 2008

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