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María Concepción García Bainza: Juan de Anchieta, Escultor del RenacimientoEdición Gobierno de Navarra. Fundación Arte Hispánico. Madrid 2008. 245 págs.Por Julia Sáez-Angulo
Anchieta aprende en Roma su oficio y ello se nota en la anatomía, la figura y la indumentaria. Desarrolló el desnudo con maestría y elegancia. Sus crucificados son magníficos; sus angelotes guardan cierto paralelismo a los de la obras de Médicis. Se asienta en Pamplona como centro de operaciones, después de haber recorrido diversos lugares para trabajar. En Jaca, Tafalla y Briviesca dejó obras de gran importancia. Apura las musculaturas hasta extremos indecibles y asombrosos. Su expresión del sentimiento religioso es muy particular. Trabaja por igual la piedra, el alabastro y la madera. Su clientela está en las iglesias. "La escuela alavesa fue fecundada por Juan de Anchieta
por su presencia en Vitoria y estuvo encabezada por un potente escultor,
Lope de Larrea, colaborador de aquel, aunque contó con otros significativos
maestros", dice la autora. “También fue importante el
foco escultórico formado en Miranda de Ebro en torno a la figura
de Pedro López de Gámiz y a su magna obra en el retablo
de Santa Clara de Bibriesca en el que Juan de Anchieta intervino de modo
sustancial”. |
Nº
35 - Julio de 2008
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