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Libros para un largo y cálido verano.



Por Mercedes Martín de la Nuez


Morten Ramsland: Cabeza de perro
Barcelona, Salamandra, 2008, 384 pp.

Cabeza de perro¿De dónde proceden las historias? Morten Ramsland parece decirnos que de los recuerdos, que recrean desde la distancia todo lo acontecido, de modo que no podemos estar seguros de qué es invención nuestra y qué ocurrió de verdad. La historia de tres generaciones de una familia noruega, contada por el miembro más joven, toda la fantasía y la realidad mezcladas en casi cuatrocientas páginas. El nacimiento de los protagonistas, asociado a los excrementos, es una ironía del destino, nos recuerda a la burla despiadada que vertió Laurence Sterne sobre el nacimiento y vida de su caballero Tristram Shandy. Predestinados entonces, los antihéroes de esta novela transcurren sus vidas corriendo, siempre huyendo de los golpes de la vida, de los malos recuerdos, de la mala conciencia y en fin, del dolor narrado con humor por Ramsland. A medida que la novela avanza, no solo los lectores empezamos a conocer a estos personajes caricaturescos, también los miembros de la familia Erikson empiezan a darse cuenta de que son unos verdaderos extraños. Lo mejor de la historia es la creación de los personajes: vitales, reales, interesantes.

Gustavo Martín Garzo: Los viajes de la cigüeña
Madrid, Imagine Ediciones, 2008, 224 pp.

Los viajes de la cigüeñaLa literatura de viajes es a veces un remanso de paz que, la lectora, en este caso, busca incansablemente a través del mundo de baratijas literarias que se amontona en las estanterías bajo el rótulo de "novedades". Pasa con la narración de Martín Garzo que una escapa del barullo, de las idas y venidas cotidianas y hasta de la polución, y acaba pedaleando por paisajes de Castilla, que son el trasunto de una vida, además de un tópico muy querido (para mí), el tópico del beatus ille. El pájaro de la poesía se ha posado en sus páginas. Sobre su bicicleta, máquina del tiempo, Martín Garzo viaja por el paisaje de su niñez, reconociendo su propio yo en cada escena prendida en el paisaje de los campos de Castilla. Viajar es como leer, y ambos como vivir. Y entonces, el autor, nos cuenta una historia, una anécdota, serena como la madurez desde la que se contempla, porque quizá escribimos para detener el tiempo y paseamos en bicicleta para recuperarlo. Y, después de un buen trecho, nos sentamos en un recodo del camino, en el remanso de un cuento, una leyenda, y la imaginación viene a visitarnos como un niño que corretea ante los ojos viejos. Aprovecha también para sermonearnos por la pérdida del contacto con la naturaleza, el derroche de sus recursos y la destrucción del paisaje querido.

John Boyne: El niño con el pijama de rayas
Barcelona, Salamandra, 2007, 224 pp.

El niño con el pijama de rayasDice la editorial que se traducirá a más de 30 idiomas. Esta novela es un best seller también en España. La portada de la versión española es como de libro infantil, y eso combina bien con el estilo del autor, John Boyne, que parece escribir para niños. En cambio, la versión en inglés de tapa blanda de la editorial Random House, muestra a un niño con un traje de preso. Explota la lágrima fácil: la inocencia del niño contrasta con un mundo cruel al que se acerca sin precaución ¿Qué ha querido conseguir el autor con este cuento infantil de final adulto? Dejando aparte el fácil éxito de ventas debido al rentable tema del holocausto y los miles de inocentes asesinados en sus campos de exterminio—sin duda, más que "un tema", algo que merece sólo ser tratado por personalidades realmente artísticas—, John Boyne ha ido más lejos: ha querido describir la terrible historia mil veces contada desde el punto de vista del ser más vulnerable. Pero el punto de vista es inverosímil, por increíble que parezca a la vista del éxito de ventas. El niño en lugar de nueve años, parece que tiene cinco, debido a su falta de conocimiento de las cosas más evidentes y su pronunciación incorrecta del idioma. El otro niño de su edad tampoco parece darse cuenta del ambiente desgraciado en el que vive. Las ocasiones para sus encuentros, a través de los cuales va surgiendo la amistad, son imposibles. En fin, una vez más ha triunfado el marketing sobre la calidad literaria. Y he aquí la pregunta retórica que quiero plantear: ¿debería exigírsele responsabilidad moral para con la verdadera literatura y los verdaderos lectores a todos esos que venden su opinión cualificada avalando tal o cual estafa editorial? Pero este tipo de estafa está a salvo debido a lo subjetivo del quehacer crítico. Está a punto de salir la versión cinematográfica…

Italo Svevo: Corto viaje sentimental
Madrid, Alianza, 2008, 264 pp.

Corto viaje sentimentalEn la librería La Central encontré esta novelita de los años veinte compuesta a base de borradores que el escritor italiano Italo Svevo se dejó en su escritorio. Los escribió por amor, sin el afán de publicar, ya que no había tenido éxito antes con sus otras novelas y se sentía mayor. En algún reglón de Corto viaje sentimental he encontrado esto, escribir por retener la vida. Parece que su personaje preferido fue el viejo, pocas novelas tienen como protagonista a un hombre viejo, que es, precisamente por viejo, poco protagonista en la vida. Un viejo filántropo quiere hacer un viaje como para recuperar la juventud, como quien hace una vida nueva, empezar de cero, pero la realidad es más fuerte, joven, perspicaz—todos estamos pensando en El Quijote. Él se queda atrás, se desorienta, se entrega a todos los extraños con la inocencia de un perrillo desvalido. Cuánto más solos estamos cuando somos viejos, que cualquiera que pasa a nuestro lado nos parece que va a alguna parte y en cambio nosotros ya a ninguna. La narración es fácil, limpia, tranquila, es como un remanso en el torrente de las novelas de acción que llenan las estanterías de novedades. Al ver la portada, una foto de una estación de principios del siglo pasado, pensé en que los viajes y las estaciones son una metáfora del cambio y también de la pérdida… pero al acabar de leer supe que lo eran también de la ganancia: cuando uno es viejo, dice Svevo, ya no vive la propia vida, sino la de la familia, vive para la mujer, para los hijos. Quizá empieza uno a soñar entonces con viajes y estaciones de tren para volver a tener la oportunidad de hacer una vida nueva. ¿Volvió a a soñar Ulises con salir de Ítaca en su vejez?
El señor Aghios viajaba solo porque quería vivir. Se sentía viejo, y más viejo todavía junto a la mujer vieja y al hijo joven…

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Nº 34 - Junio de 2008

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