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Clara Janés: La voz de las mujeres acalladasPliegos Adamar. AdamaRamada Ediciones. Madrid, 2008. 40 págs.Por Julia Sáez-Angulo
"Son lugares donde la sociedad no ensombrece del todo a las mujeres, pero las mantiene apartadas, ocultas o, por menos, diferenciadas de sus compañeros masculinos", dice la autora en la introducción. "Y allí, mientras la mayoría de ellas parece dormida en el mutismo, algunas se atreven a despertar, cosa que sucede incluso en países donde directamente se les niega toda posibilidad de manifestarse". La India, los países árabes, Irán y Afganistán, son las zonas geográficas en las que Clara Janés ha centrado para su estudio y citas. Hay prosa y poemas, unos dedicados a los hombres en general, a familiares masculinos o a nombres concretos. Resulta curioso comprobar la libertad con que se expresan algunas mujeres orientales que se atrevieron a levantar la voz. No hay que olvidar que "los cuentos de Las mil y una noches, tan llenos de erotismos, los más antiguos de los cuales se remontan al siglo X, estaban en su tradición y figuraban relatados por una mujer". La princesa Wallada (siglo XI) satirizó a su amante el poeta Ibn Zaydún con palabras gruesas: "Tu apodo es el hexágono, un epíteto/ que no se apartará de ti/ ni siquiera después de que te deje la vida: pederasta, puto, adúltero,/ cabrón. Cornudo y ladrón".
Janés habla de la obra literaria de la argelina Assia Djebar y de la egipcia Nawal al Sa´dawi, como hitos de la buena escritura y la reivindicación de la condición femenina sojuzgada en suma por los condicionantes políticos más que islámicos o religiosos. Impresiona la historia de Forugh Farojzad (1935 – 1967), primera poetisa persa contemporánea, que nació en tiempos de apertura del Sha Reza Palevi, que no está de acuerdo con las funciones tradicionales que se le han impuesto a la mujer. Se casó, se divorció, quiso volver a la casa del padre pero se la rechazó. "Mi existencia entera es un verso oscuro", escribió. Respecto de las mujeres afganas, la autora recuerda que
"hace años podían cantar al ir a por agua a la fuente
y en las fiestas, mientras el hombre de su tierra se dedicaba exclusivamente
a prepararse para la guerra. A esta mínima libertad puso fin la
llegada de los talibanes, pero, secretamente, ellas siguieron cantando"
ocultas bajo la burka. |
Nº
33 - Mayo de 2008
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