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Amélie Nothomb: Ácido sulfúrico


Editorial Anagrama. Barcelona 2007. 166 páginas.


Lluvia ácida y efecto invernadero


Por Arancha Oña Santiago


Desafortunadamente los seres humanos somos capaces de elevadas producciones de ácido sulfúrico, y metafórica y lamentablemente, no sólo a nivel físico. El de la novela es un ácido también incoloro pero no por ello menos agresivo, un ácido deshidratante moralmente, soluble en la hipocresía de la masa, productor de un serio efecto invernadero y provocador de un importante hipérbaton en el mundo de nuestros valores.

Amélie Nothomb"Llegó el momento en que el sufrimiento de los demás ya no les bastó: tuvieron que convertirlo en espectáculo. No era necesaria ninguna cualificación para ser detenido". Con esta contundente frase comienza Nothomb su novela, una obra donde el hiperrealismo y el juego constituyen las dos coordenadas de un reality llamado Concentración, un campo de exterminio con cámaras donde individuos escogidos al azar son encerrados y convertidos en sujetos participantes sin su consentimiento, un ataque hacia su libertad, vida, identidad e intimidad; una lluvia ácida conducida por el record huracanado de una audiencia inconscientemente tirana que fija los límites y a quien se debe el máximo respeto, una teleaudiencia que en la novela alcanza cuotas de máxima expresión incluso desde la pasividad.

No es una novedad histórica que el dolor y los ataques a los derechos humanos puedan resultar a veces rentables, ni tampoco lo es que vivamos en un mundo en el que debes demostrar tus capacidades para casi todo excepto para el sufrimiento, una aptitud que siempre se nos supone al igual que el valor en determinadas instancias. Tampoco es una novedad que para ejercerlo sea necesario contar con idoneidades como: golpear a los desconocidos, vociferar insultos gratuitos, imponer su autoridad o no dejarse conmover por lamentaciones... caracteres bien detallados por Nothomb en esta metafórica e hiperbólica hipótesis argumental donde el hidrógeno y el azufre comparten símbolos y cualidades con la hipocresía y el sufrimiento. Una inflación de imágenes mediatizadas por valores mercantilistas y utilitaristas de prefijo "tele" cuyo último fin es una maximización económica vivificada por un oxígeno que también oxida, una destreza común a ciertos omnívoros.

Amélie NothombAl igual que la fórmula, la autora trabaja grandes dosis de expresión con un elegante minimalismo formal, una narración esmerada exenta de complicados estilismos y una sencillez creativa capaz de absorber y testimoniar conceptos tan caleidoscópicos e introspectivos como el sufrimiento, la crueldad, el amor, la razón y la moral. Un lenguaje que intenta poner el grito en los umbrales de unas conciencias cedidas por la hiperrealidad de la telerrealidad, una intersección donde las personas se confunden con personajes, se les expropia de su dignidad, derechos e identidad y se difuminan sus papeles de víctima y verdugo.

Con cada novela, Nothomb ha ido definiendo su estilo de forma exitosa: con Estupor y temblores ganó el Gran Premio de la Academia de Francia y el Premio Internet, y con Metafísica de los tubos el Premio Arzobispo San Clemente. Además fue elegida por Le Fígaro como el escritor favorito de edad inferior a cuarenta años destacando en el conjunto de su obra títulos como Higiene del asesino, Biografía del hambre, Cosmética del enemigo, y Sabotaje amoroso entre otros. En el 2006 recibió el Premio Cultural Leteo de León.

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Nº 27 - Noviembre de 2007

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