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C. Leonard Woolley: Ciudades muertas y hombres vivos


Ediciones del Viento. La Coruña, 2007. 192 págs.

 

Por Joaquín Lope


C. Leonard Woolley habla en este libro de sus recuerdos como arqueólogo en los inicios de su actividad profesional, principalmente desarrollados en Mesopotamia, la actual Irak, hasta que sus trabajos se vieron interrumpidos por el estallido, en 1914, de la Gran Guerra. Después retomaría su labor y llegaría a alcanzar las más altas cotas profesionales gracias al descubrimiento de Ur de Caldea.

C. Leonard WoolleyLas excavaciones de Karkemis habían sido iniciadas en 1911 por Campbell Thompson y financiadas por el Museo Británico. El profesor Hogarth, director del museo Ashmolean de Oxford, había recomendado a un brillante alumno suyo como ayudante. T.E. Lawrence acababa de recibir un sobresaliente por su tesis doctoral sobre las fortalezas de los cruzados en Palestina y había pasado un año entero viajando por la región aprendiendo la lengua árabe, que terminó por hablar con fluidez.

En 1912 el autor, Leonard Woolley, se hace cargo de la dirección de las excavaciones y confirma a Lawrence en su puesto de ayudante, factotum y encargado del personal, dado su buen trato con los nativos que estaban contratados como mano de obra.

Resulta singular que, en el libro de Woolley, aquello que silencia sea mucho más importante que lo que cuenta. En él, Lawrence es un personaje citado de pasada como sujeto ineludible en la narración de una determinada anécdota, pero sin profundizar en absoluto en su presentación, a pesar de que, cuando este libro se publica en 1920, Lawrence se había convertido en una celebridad mundial.

C. Leonard WoolleyAdemás, no fue este el único trabajo que realizaron juntos, Las excavaciones de Karkemis eran una pantalla de los británicos para vigilar la construcción, por parte de los alemanes, del Trans-Oriente Express en su rama mesopotámica, un proyecto de ferrocarril con el que el imperio alemán, asociado al nuevo gobierno de los "Jóvenes Turcos", pretendía expandir sus intereses comerciales en Oriente en competencia con los británicos.

Previendo un futuro conflicto con Turquía, que dominaba la costa oriental del canal de Suez, el gobierno británico precisaba reunir la mayor cantidad de información y realizar el trazado de mapas de las zonas desconocidas de Arabia, misión de la que se ocupó Lawrence a lo largo de varios años, trabajando en las épocas en las que la climatología suspendía las excavaciones de Karkemis. A principios de 1914 y junto con Woolley, se unen al equipo formado por el capitán Newcombe, del Servicio de Inteligencia, y recorren el desierto del Sinaí para levantar mapas y ubicar las reservas de agua de cara a un posible conflicto, que no tardó en llegar. La excusa oficial era que estaban intentando descubrir la posible ruta de los israelitas conducidos por Moisés en el Éxodo. El resultado del informe que presentaron se publicó posteriormente con el título de "El desolado país de Zin".

Pero de todo esto en el presente libro no existe ni rastro. Quizá Woolley pensó que debía ser discreto acerca de estas actividades pero, además, parece evidente que su propio ego le impidió mencionar a Lawrence más allá de lo estrictamente necesario.

Por otro lado, el relato no pierde ocasión de echar pestes acerca de los turcos como pueblo y como gobierno. Son crueles, despóticos, venales y su burocracia corrupta.

C. Leonard WoolleyEn resumen, un completo cestito de virtudes. Los alemanes tampoco salen muy bien parados. Torpes y despóticos en su trato con los trabajadores locales a los que dirigen con el chasquido del látigo de piel de hipopótamo y bajo la amenaza de armas de fuego. Tan sólo los británicos son ecuánimes, imbuidos de un sentido innato de la justicia, que ponen en práctica mediante normas basada en el "fair play". Presenta un concepto británico del mundo un poco trasnochado.

Se trata, en conjunto, de un libro ameno, con una traducción esmerada y su lectura ilustra acerca de las diferentes etnias y culturas que constituyen el Irak contemporáneo de trágica y cotidiana reseña.

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Nº 25 - Septiembre de 2007

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