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Eduardo Garrigues: La Dama de Duwisib


MR Ediciones. Barcelona, 2007. 539 págs


Por Lola Diehl


Eduardo GarriguesEduardo Garrigues, ganador del Premio Café Gijón en 1961, finalista del Premio Sésamo en 1971 y ganador del Premio Pío Baroja de cuentos en 1973 no ha estado en su momento más afortunado al escribir esta, su última, novela. Quizás parte de la decepción provenga de la propia publicidad que se le ha dado al libro como otro "Historias de África", cuando cualquier parecido es, desde luego, pura casualidad.

Garrigues nos cuenta parte de la vida de Jayta Humphries, una rica heredera americana. Tras su boda con un oficial alemán ambos deciden probar suerte en Namibia criando caballos. Su objetivo se verá empañado por multitud de problemas, debidos sobre todo a la imposibilidad de conseguir suficiente tierra para los pastos necesarios. Finalmente lograron criar buenos caballos que, además, les proporcionaron varios premios en las carreras. A lo largo del relato, en primera persona, van apareciendo una serie de personajes con su propia historia en África: el buscador de diamantes, la mujer de vida alegre, los jefes de las tribus africanas, etc. Todos ellos cruzan la historia de la protagonista, pero su paso es forzado. El autor ha querido tejer una serie de historias alrededor de la protagonista, intentando crear un universo particular, sin embargo la historia no resulta verosimil. Los diferentes relatos en si son interesantes, siempre es apasionante leer historias de personajes reales que buscan la aventura, que dejan sus países de origen para comenzar una nueva vida en un país desconocido. Si nos adentramos en "La Dama de Duwisib" como una serie de relatos separados, su lectura es, al menos, interesante. Es la parte novelada la que no convence. Los personajes mantienen conversaciones en función de historias de terceros, por lo que más que conversaciones suelen ser monólogos.

Por otro lado se supone que la protagonista mantiene una conexión espiritual con Marengo, famoso líder de una tribu. Esta conexión aparece de la nada, no influye en el relato y no aporta nada a la protagonista.

La Dama de DuwisibHay también una ficticia historia de amor platónico con un asiduo visitante con el que Jayta sale a cabalgar. Tampoco aquí los sentimientos traspasan las hojas de papel. Parece que la necesidad de parecerse a "historias de Africa" ha sido mayor que la de mantener la historia dentro de los límites de la realidad, realidad que precisamente le puede dar su valor como reflejo de una época y un lugar concreto. Los personajes no llegan a convencer como caracteres de novela, tanto sus acciones como sus sentimientos (estamos hablando de la obra como "novela") no convencen.

Por otro lado hay dos aspectos importantes, que no tienen la suficiente relevancia en el libro. Por un lado, el éxito en la cría de caballos de ambos protagonistas, cuando logran sus premio y, por otra, la leyenda acerca de los caballos salvajes que se encueran actualmente en Namibia y que, supuestamente, son descendientes de aquellos primeros caballos criados por el matrimonio von Wolf. Ambos eventos se mencionan pero de pasada, cuando realmente pueden darle un toque mágico a la historia.

El libro es recomendable como relato acerca de una serie de aventureros y sus experiencias en África. Quizás habría valido la pena escribir simplemente una novela sobre ellos sin entrar en aspectos psicológicos o sentimentales, ya que precisamente estos son los que le hacen perder credibilidad.

No quiero dejar pasar esta oportunidad para rogar tanto a escritores, correctores de estilo, editores y cuantos estén relacionados con la publicación de un libro que, por favor, revisen la ortografía de las palabras alemanas, ya que siempre aparecen mal escritas y es un error fácilmente subsanable: sólo hay que saber copiar.

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Nº 24 - Agosto de 2007

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