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Ricardo Mateos Sáinz de Medrano: La Reina María Cristina. Madre de Alfonso XIII y regente de España.


La esfera de los libros. Madrid, 2007.428 págs.


Por Lola Diehl


Ricardo Mateos Sáinz de Medrano ha sabido reflejar en esta biografía el estilo de vida, la forma de pensar de finales del siglo XIX y principios del XX. Nos acerca al día a día de la familia real española en unos momentos difíciles y de múltiples cambios. Asistimos a los cambios de una sociedad, de un mundo, a través de la Reina María Cristina, cuyo reinado estuvo plagado de tragedia y soledad.

Ricardo Mateos Sáinz de MedranoCon el antecedente del desastroso reinado de Isabel II, España no estaba dispuesta a pasar por otra etapa similar. Desde el primer momento María Cristina supo demostrar que en nada se parecía a su regia suegra. Su apariencia seria, discreta y serena le ayudó a ello, es cierto, aunque también le granjeó el apelativo de "Doña Virtudes". Cuando llega a España tiene que luchar contra la desastrosa imagen que Isabel II dejó de las reinas. También se encuentra frente al mito de María de las Mercedes, primera esposa de Alfonso XII y que había fallecido pocas semanas después de la boda. Desde un primer momento está en desventaja frente al fantasma de María de las Mercedes. María Cristina ni es guapa, como su antecesora, ni española. Tendrá que poner todo su empeño para hacerse con el pueblo español y demostrarle su voluntad de servicio.

Parece claro que en el momento de contraer matrimonio, María Cristina estaba muy enamorada de Alfonso XII. Sin embargo la felicidad duró poco, ya que pronto pudo percatarse de las infidelidades del mismo, que continuaron hasta su temprano fallecimiento. Y a María Cristina no le quedó más remedio que aguantar, como a tantas mujeres de la época. No era Alfonso ni el primer ni el último español que, queriendo a su mujer, tenía una o varias amantes e incluso hijos ilegítimos con ellas.

El nacimiento de Alfonso XIII como hijo póstumo de Alfonso XII iba a marcar no sólo la vida de éste, sino la de María Cristina. Teniendo en cuenta el número de niños que morían por enfermedades hoy erradicadas o sin ninguna importancia y la necesidad de asegurar la continuidad dinástica, a quién puede extrañar que esta mujer, madre al fin, se volcara en su hijo. Por mucho que intentara inculcarle valores profundos de amor a la patria, de responsabilidad y de servicio, es evidente que a este niño no le iba a faltar nunca de nada y que cualquier deseo iba a ser cumplido, convirtiendo al futuro rey en un ser caprichoso acostumbrado a hacer lo que le venía en gana.

María Cristina sufrió la muerte de sus dos hijas aún jóvenes, la de dos nietos todavía pequeños... y siguió adelante. Tras los años dedicados a ser reina regente, a dedicarse a España preparando el camino para su hijo, siguió ayudando a éste desde un segundo plano, aunque su preferencia era dedicarse a todos sus nietos, a ser abuela. Probablemente fue la época más feliz de su vida. Lejos de las obligaciones reales, por fin, podía vivir como una mujer "normal" dedicada a la familia.La Reina María Cristina

Quedan también patentes en este libro las desavenencias con su nuera, Victoria Eugenia, en momentos puntuales de enfrentamiento ideológico y, en general, como en cualquier familia.

El mayor mérito de este libro es haber sabido reflejar cómo los personajes son producto de una época y, por tanto, de una educación, una religiosidad y unas costumbres concretas. Son un reflejo más de la sociedad que les ha tocado vivir.

Por otro lado, la cantidad de datos aportados, de nombres y de miembros de familias reales pueden confundir al lector no experto en el tema. La infinidad de notas dificultan la lectura, sobre todo porque se encuentran al final del libro. Está claro que las referencias bibliográficas deben ir en un apartado especial, pero todas aquellas que aclaran lo escrito deberían ir a pie de página, para facilitar al lector su comprensión y evitar el estar pasando páginas constantemente.

La edición ofrece gran cantidad de datos, de manera que será de imprescindible lectura para el estudioso, y al mismo tiempo de gran interés para el simple diletante.

Opino que el libro ha reforzado la imagen que tenía de la Reina María Cristina, eso sí, dándole el valor real como persona luchadora, fiel a sus ideales, de fuertes sentimientos religiosos, que supo adaptarse a un país desconocido que hizo suyo y que dedicó su vida entera a cumplir con su deber. Podemos comprender sus inquietudes, sus temores y sus desvelos. Vemos su constancia, su sentido del humor, su generosidad y su profunda religiosidad.

Cualquier lector, mínimamente interesado en la historia de España, encontrará en las páginas de "La Reina María Cristina" suficientes motivos para disfrutar de su lectura.

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Nº 24 - Agosto de 2007

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