José López de la Franca y Gallego: Alfonso XIII visto
por su hijo.Conversaciones con su alteza don Leandro Alfonso De Borbón
Ruiz Austria
Prólogo de Ricardo de la Cierva. Editorial MR Biografías.Madrid, 443 págs.
Por Julia Sáez-Angulo
Leandro de Borbón se parece a
su padre como dos gotas de aguas, si bien es verdad que él mismo
ha cultivado el parecido acercando su fisonomía a la paterna a
base de un bigote y una barbilla un tanto a la violeta.
Se conoce la anécdota, que unos atribuyen a la
cantante y actriz Imperio Argentina y otros al escritor y premio Nobel,
Jacinto Benavente, que al ver al hijo de Carmen Ruiz Moragas, el pequeño
Leandro que contaba pocos años exclamó: "Carmen. Este
niño es una peseta", referido al parecido del perfil con los
antiguos pelucones que reflejaban la efigie infantil del rey
de España.
Pero lo cierto es que cuando Alfonso XIII salió
de España camino del destierro, su hijo Leandro tenía dos
años y que su madre murió cuando el niño tenía
seis. Poco puede recordar por tanto Leandro de Borbón de sus padres
y todo lo que pudiera decir de Alfonso XIII sería por tanto a través
de persona interpuesta.
Es cierto que el rey dejó una manda a determinados
nobles españoles, para que se ocuparan de esos dos hijos que quedaban
en España y que no salieron al exilio. Leandro de Borbón
por tanto fue teniendo información y noticias de su filiación
paulatinamente al tiempo que se iba educando en buenos colegios.
Ricardo de la Cierva habla de importantes revelaciones
que el autor e historiador López de la Franca ha recogido en este
libro, y que avala con su prólogo. Numerosas fotografías,
algunas de ellas inéditas se suman para ilustrar palabras y contenidos.
Curiosa la portada en el que un Alfonso XIII niño da fondo al rostro
de Leandro.
El libro acoge los capítulos: Mi padre, el rey
Alfonso XIII; Mi madre y mi padre, el rey; Mis hermanos, los infantes;
Mi padre y su amada España; Alfonso XIII,
el pacificador y la guerra del 14; Un rey estadista; Alfonso XIII y la
Iglesia católica; Las anécdotas de mi augusto padre; Los
“hombres del rey”; Alfonso XIII y Franco; Mi padre y su pasión
por las órdenes militares españolas; Las lágrimas
de mi padre. 14 de abril de 1931; La muerte de un gran rey, y Alfonso
XIII vuelve a España. A ellos se añade un anexo documental;
una bibliografía; lista de archivos consultados e índice
onomástico.
Más que biografía se trata de una hagiografía
sobre Alfonso XIII por un hijo apasionado que lo idolatra. Interesantes
resultan las relaciones de Leandro con sus medio hermanos los infantes
–él no lo es por más que se empeñe en atribuírselo-
sobre todo con don Juan. Doña Cristina fue la más amable
y cercana, mientras que don Juan y don Juan Carlos no se ocuparon en serio
de su situación, sobre todo de concederle su apellido. Fueron cicateros
en este campo y no bien aconsejados por el jefe de la Casa Real en su
momento. Cierto que don Jaime acudía cada año a los funerales
por Alfonso XIII en el monasterio de El Escorial y allí el rey
Juan Carlos lo saludaba como tío Leandro.
Hay quien opina que la concesión de un título
nobiliario le hubiera bastado a sus pretensiones persistente y reivindicatorias
de su apellido. Tuvieron que ser las leyes y los tribunales quienes le
otorgaran el derecho de filiación y por tanto de apellido. Leandro
de Borbón, que tiene un hijo de un primer matrimonio, se ha resentido
mucho de todo ello. Lástima que haya reaccionado de modo, a veces
a veces, airado e intempestivo, impropio de una alteza serenísima.
Él no lo puede remediar, es un hombre campanudo y trombón,
al que le encantan los honores que le negaron en su infancia, por eso
resulta con frecuencia patético.
En suma, un libro ameno, de interés sobre la idiosincrasia
de la familia real ante un miembro de la familia del rey que tenía
pretensiones legítimas y otras simplemente pomposas. Un libro que
se suma a la pléyade de biografías sobre el último
rey de España antes de la II República del 31, entre las
merecen cita las de Ricardo de la Cierva y Ramón Hernández.
Alfonso XIII fue rey desde que nació por ser hijo
póstumo, un hombre deportista y emprendedor en su juventud, pero
desafortunado porque no conoció a su progenitor y murió
en el exilio separado de su esposa, la reina Victoria Eugenia, por más
que esta acudiera en el último momento a su lecho de muerte cuando
el rey no tenía apenas consciencia. Un rey que se casó enamorado
de su esposa, una bella inglesa, que curiosamente se parecía Carmen
Ruiz Moragas, madre de Leandro. Un rey que, pese a sus responsabilidades
dinásticas, dejó dos hijos naturales, uno de los cuales
con el tiempo, planteó sus justas reivindicaciones de reconocimiento.
Las decisiones que tienen entre medias a otras personas acaban por salir
a flote. Así ha sido.
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