Liudmila Ulítskaya: Sinceramente suyo, Shúrik
Editorial Anagrama. Barcelona, 2006. 475 páginas
Por Esther Opla Asún
En
esta novela se describe la historia de cuatro generaciones de una familia
moscovita. El protagonista indiscutible es el último de esta saga,
Shúrik. Debido a su educación y su debilidad de carácter,
toma como responsabilidad y obligación satisfacer los deseos de
una larga serie de mujeres que se van aglomerando alrededor suyo, desde
su abuela y su madre, Vera, hasta un total de trece de las más
diferentes edades y personalidades, que buscan lo mismo en Shúrik:
una atención especial, cariño y sexo. Se acaban convirtiendo
en pesadas cargas, de las que él es consciente, pero no hace nada.
Reconoce que nunca ha sido capaz de elegir su propia vida como lo han
hecho sus amigos, y que ésta se basa en el sentimiento de piedad
hacia las mujeres, que le lleva a ofrecerles consuelo y a sentirse responsable
de todas ellas, y culpable si no cumple con sus deberes. Éste es
el círculo vicioso que encontramos en cada relación de Shúrik
con una mujer.
La autora no se detiene por igual en la descripción y caracterización
de estas trece mujeres. Desde las que aparecen como episodios aislados
en la vida de Shúrik, hasta las mejor definidas. Pero a todas ellas
les une algún tipo de defecto o carencia, física o psicológica.
Me detendré en las más relevantes para la historia: Matilda,
la maestra en su misión caritativa de amante; Alia, estudiante
inteligente y aplicada llena de complejos; Lena, con quien se casa sólo
para que ésta no sea repudiada por su familia por estar embarazada
siendo soltera; Valeria, su jefa, que tiene una discapacidad en las piernas
y busca en él solamente el producto del hijo tan deseado; Svetlana,
el único personaje que se nos presenta como más trágico
todavía que el propio protagonista, ya que sufre un importante
desequilibrio mental que le lleva a tener una obsesión ciega con
Shúrik y al suicidio al comprobar que éste no la puede corresponder
como ella desearía. Y por encima de todas éstas, Lena, la
única que Shúrik considera como su gran amor, ya que fue
el primero y de su propia elección, pero ésta tuvo que emigrar,
y tras un reencuentro entre ambos al final del libro, nos devuelve la
mirada fríamente realista de Lena sobre el que fue su amor de adolescencia,
consolidando definitivamente a Shúrik como un personaje trágico.
Pero no porque carezca de personalidad a la hora de
no poder negarse a las solicitudes de las mujeres se debe imaginar a un
Shúrik "presa fácil", porque en realidad, él
sólo pertenece a su madre. Desatiende toda su vida por ella y repite
en más de una ocasión que se siente en deuda con ella y
que es la única mujer de su vida en un concepto platónico
del amor que su madre misma le enseñó: "la forma más
sublime de todas (sobre las variantes del amor) era el amor platónico
que atribuía equivocadamente a cualquier relación afectuosa
que no tuviera lugar debajo de las sábanas" (p.130). Es decir,
nuestro Don Juan moscovita es en realidad un Edipo lleno de vacíos
que busca por todos los medios, sin él mismo ser consciente de
esto, llenarlos con lo que le va llegando en su vida, sin opción
a la elección, sin opción a la negación.
Shúrik
se nos presenta de este modo como la culminación del fracaso que
se ha ido gestando a lo largo de cuatro generaciones. Desde su bisabuelo,
al que sólo conocemos por referencias de su abuela, ésta
misma, el último eslabón "fuerte" de la cadena
que se encargaba de organizar la vida de su hija y nieto y que ya se adelanta
desde el principio advirtiendo a su hija de que "es un peligro terrible
que corren todas las madres solteras, que se unan a su hijo como si fueran
un solo cuerpo" (p. 20); Vera, la madre de Shúrik desde el
principio caracterizada como una actriz fracasada y también sometida
en el amor y por último, nuestro protagonista, Shúrik.
Añado algunas de las palabras que la autora concedió
en una entrevista
para Babelia en la versión digital de El País:
"Shúrik ni de lejos es un típico hombre ruso. Realmente
es el ideal de las mujeres que han perdido la esperanza de organizar su
vida privada, que necesitan el apoyo por parte del hombre, que, al fin
y al cabo, necesitan atención y sexo. En Rusia, donde existe cierto
déficit de hombres, él (Shúrik) resulta muy solicitado...En
el fondo es una figura trágica (aunque no sin matices cómicos),
pero él mismo no se da cuenta. Se esfuerza por complacer a todos,
pero es incapaz de hacer feliz a nadie...En este personaje se refleja
un modelo nuevo de relaciones socio-sexuales. La ninfa moderna no trata
de salvarse de la persecución de los hombres, se convierte en perseguidora".
Es muy poco lo que actualmente en España conocemos
y se puede encontrar sobre literatura rusa contemporánea. Revisando
el clásico Historia de la literatura rusa (1)
podemos encontrar referentes o ejemplos de los que se ha podido servir
Liudmila Ulítskaya para la elaboración de su historia y
caracterización de personajes.
En primer lugar, la elección de Moscú
como ambiente donde transcurre toda la acción, algo que ya existía
en las narraciones históricas de la Edad Épica rusa, siendo
un increíble precedente de la ciudad como espacio indiscutible
en la literatura universal moderna y postmoderna.
En segundo lugar el gusto por la descripción
de sagas familiares, que encontramos ya en Akssakoff, entre otros muchos,
y su "concepción de un conjunto de elevadas cualidades y virtudes
realizado en el seno de una familia aristocrática" (op. cit.
330); pero que, irónicamente, nuestra autora rebaja y degrada en
la formación de los personajes.
En
tercer lugar, personajes que precisamente, lejos de ser héroes,
bajo la influencia de los grandes de la literatura rusa, Dostoievski y
Tolstoi "predican la insignificancia del individuo enfrente de esa
muchedumbre, su impotencia para apoderarse de ella y la necesidad de inclinarse
ante las verdades que ha hecho suyas" (op. cit. 330). Y especialmente
en Tolstoi, cuyas figuras se pueden reducir a un cierto número
de tipos generales: el tipo protagonista por excelencia es el que "no
tiene ninguna de las prodigiosas cualidades (...) Es más bien un
ser vulgar y mediocre, que encuentra en la vida más disgustos que
satisfacciones, se pone a menudo en ridículo, y no tiene siquiera,
como los héroes de Turgueneff, el recurso de reírse de sus
desgracias" (op. cit. 371). Tolstoi tiene igualmente personajes superiores,
dotados y felices pero no son éstos los que le interesan, sino
"los hombres de la verdadera verdad interior, que no piden nada a
la vida, porque la vida no puede ofrecerles nada que les apetezca"
(op. cit. 371). Y es así como es nuestro héroe particular,
Shúrik.
(1) K.WALISZEWSKI: Historia
de la literatura rusa. Ed: Madrid: La España moderna. [ca.
1900]. 444 pp.
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