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Vernon Lee. La voz maligna

Editorial Atalanta. Barcelona, 2006. 162 páginas.


Por Arancha Oña Santiago

La seducción del tiempo y el juego de sus sombras

Vernon LeeAl parecer la escritora Violet Paget, por honor a su hermano (Eugene Lee Hamilton), decidió poner un atributo masculino a su personalidad literaria y escogió el pseudónimo de Vernon Lee para presentar sus obras. Con sus escritos trabajó todo tipo de géneros, desde el ensayo de arte hasta la novela sin olvidar el teatro y el relato, preocupándose siempre por la esencia de la belleza en sus diferentes formas y tonalidades. En esta edición, Atalanta recoge tres de sus múltiples cuentos bajo el título de uno de ellos, La voz maligna, y un magnífico estudio de Menchu Gutiérrez titulado La voz del pasado.

En estos tres relatos, Lee incita de forma encantadora a la inquietud y al escalofrío jugando con diferentes luces y produciendo cautivadoras sombras de esencia natural y sobrenatural, en aras de un misterio que mezcla lo onírico y lo real. Extrema sus cualidades con una narración pausada, que no lenta, y detalladas descripciones que suenan a melancólicas armonías y sugerentes cromatismos. Conjugando historia, magia, ilusión y subconsciente, se adentra en dimensiones oscuras que atrapan cierta perspectiva y color de memorias individuales armonizadas consciente o inconscientemente, con un misterio colectivo reiterado e implícito en el paso del tiempo.

Personajes de diferente grado de opacidad inspirados en Vernon Leela naturaleza y el arte, y con una proyección nostálgica y osada siempre fascinante, imantan desde el mundo de las sombras a unas víctimas que se debaten entre la seducción y la locura en enigmáticas, encantadoras y temibles atmósferas de sonido y color. Figuras del pasado que se dibujan y esculpen en el presente como si estuvieran implícitas en él y con el que se mimetizan para tormento de algunas consciencias, adquieren independencia y personalidad en planos reales y simbólicos que se perpetúan en el tiempo. Una provocación constante en la que el amor y el odio se conjugan a veces con una compasión y cierto dramatismo sin desenlace moralista.

No es una caza de esencias fantasmagóricas, sino exuberantes odas a un misterioso reconocimiento y ambigüedad que anida en la superstición y la devoción. Con ingenio, creatividad e instinto, se enfrenta Lee con un enigma que media entre la ficción y la realidad. Un ejercicio de imaginación y fantasía con una expresión emocional y estética sublime, que no sacrifica el estilo ni el respeto al hurgar con poca represión en el territorio de los muertos.

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Nº 18 - Febrero de 2007

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