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Sabino Méndez: Hotel Tierra

Anagrama, 2006, 316 págs.


Por Esther Opla Asún

Sabino Méndez se adentra por tercera vez en el mundo de la literatura consolidando con esta novela a modo de diario autobiográfico su carrera como escritor.

Hotel TierraTestigo de primera fila de la movida de los ´80, debido a su pertenencia como guitarrista y compositor al famoso grupo de rock Loquillo y los Trogloditas, nos aporta en este libro su personal perspectiva de ese momento, un momento de la historia española caracterizado por las juergas nocturnas, las drogas y el sexo. Ya en aquella época le apasionaba la literatura, y muchas noches, después de los conciertos, se encerraba en los sucesivos hoteles que iban desfilando por su vida para leer a una serie de autores que nos son ofrecidos como su personal guía de lectura.

Pero Hotel Tierra no es sólo una escena costumbrista de la postmodernidad española, aunque de ésta tenga mucho. Este libro es la constatación de la evolución que ha sufrido su autor hacia una madurez en su vida y en su escritura.

Con la consigna "La primera cosa que debes aprender en este lugar es que uno no vivirá eternamente" (p. 193) comienza un inquietante muestrario de la realidad como pura fragmentación y fugacidad. Fragmentación del ser humano, "único ser que duda de la realidad, precisamente por la conciencia de su incapacidad de verse a sí mismo por completo" (p. 262). Fragmentación de la cultura; del arte; de la sociedad que le ha tocado vivir, unos "tiempos de insignificancia –tiempos de muchedumbre– [en los que]cualquier cosa que sirva para diferenciarse de los otros tiene íntimamente buena prensa, incluso los peores crímenes" (p. 43); de su propio carácter, ya que se siente por momentos fuera de todo sistema y reconoce en una lucha con Darwin que "le cuesta adaptarse al medio y prefiere que el medio se adapte a él" (p. 46). Es desde estas ideas desde donde surge su desapego por cualquier tipo de posesión y por la idea de no tener que cuidar de nada, (de aquí igualmente su gusto por los hoteles). Y por último, fragmentación de su propia escritura, de modo que opta por el género de diario, de notaHotel Tierras autobiográficas ya que, como él mismo afirma, se trata de la mejor forma de reconstruir las ciudades como las recuerda y como "acta de las transformaciones que nos suceden en lo íntimo" (p.9), del mismo modo que anteriormente hacía con las canciones, igualmente piezas breves de tono realista. Por esto, no sería descabellado afirmar que su escritura podría venir de una evolución de sus canciones, al mostrar su preferencia por ese formato de extensión breve y de tono realista. También elige esta forma de escritura "porque me aliviaba del miedo que provoca la conciencia permanente de fugacidad" (p.9), (recuerden los lectores a su paisano postmoderno Vila-Matas, uno más de los invitados por Méndez a sus memorias, y su última novela, Doctor Pasavento, en la que el protagonista decide escribir en pequeñas notas, obsesionado igualmente por la fugacidad y el deseo de desaparecer).

Pero la narración sufre una evolución asimismo dentro de Hotel Tierra. Vemos la subida al éxito de su banda de rock, los episodios en los que miembros de ésta lanzan por las ventanas el mobiliario en los hoteles, el juego con las drogas que acaba siendo peligroso por su total adicción, motivo que le lleva a abandonar la banda y dedicarse a su recuperación. De estas escenas más realistas nos movemos hacia una escritura mucho más poética, menos apegada a la realidad, que siempre sin salir de ella, nos muestra la evolución del escritor en su propio proceso de formación como tal, proceso basado en la importancia de la observación como punto de partida hacia la escritura. Y Sabino, ante todo, observa mucho y lo hizo mucho tiempo antes de lanzarse como narrador, puesto que lo principal en este libro es la realidad y la racionalidad, como algo en la mayoría de ocasiones más sorprendente que la propia imaginación. Precisamente esta es la tarea del arte para el autor: "confirmar que existimos dentro de lo real" (p. 262). Pero esta existencia nos la muestra como un capricho de la naturaleza, nosotros tenemos un limitado poder frente a ella, de modo que resulta imposible luchar contra lo que ella nos impone. De esto se va dando cuenta conforme avanza en edad y experiencias, porque mientras tanto, su juventud es sacudida de lleno por la movida.
Tras esta nueva visión de la vida y del mundo, despertada a causa de experiencias como la muerte de diversos compañeros, jóvenes todavía; su enfermedad, la hepatitis, que le obliga a dar un cambio total a su forma de vida, dejando el alcohol y las drogas por completo y sintiendo un dolor físico que nunca antes había comprobado que pudiese existir, sumado a una grave complicación en el nacimiento de su hijo, se afirma la conciencia de la insignificancia del ser humano, lo que se eleva como punto central de su obra, creando de este modo la imagen de paso por la tierra que nos ha tocado vivir como si de un hotel se tratase. "Se puede estar contra todo menos contra la biología" (p. 270).

Y a pesar de esta insignificancia del ser humano, el autor escribe en primera persona, lo que podría parecer una contradicción, queda bien justificado ya que "es la única manera en la que me siento autorizado a hacerlo" (p. 275).

Hotel TierraEsta evolución como persona y como escritor pasa por un momento en el que debe permanecer en soledad consigo mismo, algo que resultaba difícil en el apresurado mundo de la música, pasando de este modo de habitar diferentes hoteles, al principio a caballo entre Madrid y Barcelona, con su visión sobre la rivalidad ya nacida y crecida entre estas dos grandes ciudades, a abrir su horizonte hacia lugares más pequeños como será Sitges, intentando encontrar ya un lugar definitivo, una mujer con la que se casará y por último, ampliará la familia con el nacimiento de su hijo. La vida nómada irá tocando su fin, lo que favorece, de hecho, su dedicación casi exclusiva a la escritura, casi exclusiva porque nuestro autor, compaginará su nueva dedicación con la asistencia a la Universidad de Barcelona para hacer la carrera de Filología Hispánica, donde deseaba aprender qué es lo que lleva a una persona a escribir, (reconoce la ingenuidad de sus pretensiones cuando choca con la simple erudición que se respira en ocasiones en estos excelsos lugares) y con la participación en un nuevo movimiento político catalán que reivindica el no nacionalismo de izquierdas.

Tras un suave sabor amargo que queda después de la lectura del libro, más duro por su tangible y cercana realidad sobre un momento de la historia española que no siempre se nos ha contado así, queda ese pequeño halo de esperanza que rodea a las pequeñas cosas de nuestro alrededor.

Supongo que Sabino está mucho más feo después de escribir este libro, si es cierto, como él mismo nos dice a propósito de un amigo que quiere ser escritor, que "afearse –que es un proceso que nos espera a todos– le conducirá irremediablemente a la escritura" (p. 270).

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Nº 17 - Enero de 2007

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