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"Cristo flagelado", talla del siglo XVII, en Bilbao


Museo de Bellas Artes de Bilbao
Del 12 de enero al 25 de abril de 2010


Es una de las obras más características de Gregorio Fernández


Por Alberto López Echevarrieta


Gregorio Fernández (Sarria, Lugo, 1576 - Valladolid, 1636), junto a Juan Bautista Monegro, es el máximo exponente de la escultura castellana del siglo XVII, época en la que surgieron en Sevilla otros dos paladines de la talla, Martínez-Montañés y Alonso Cano. Un magnífico ejemplo del trabajo del escultor gallego dentro de la imaginería religiosa lo tenemos en el Cristo flagelado, invitado de honor en el Museo de Bellas Artes de Bilbao.

Estamos ante una talla sobria que representa a Cristo apoyando sus manos atadas en una columna ligeramente trapezoidal, mientras su cuerpo desnudo abandona la verticalidad obligado por la postura. La cabeza trata de contrarrestar el efecto con ojos que miran al frente. Sobre el cuerpo caen gotas de sangre producto de la flagelación sufrida. Sobresale la gran expresividad del rostro y el refinamiento del acabado de un cuerpo bien marcado por los músculos. El conjunto es de una perfección difícilmente igualable.

La presencia de una columna en cualquier representación de la flagelación de Jesucristo resulta poco menos que obligada, a pesar de que en ningún pasaje de la Biblia se indica que Jesús estuvo atado a semejante elemento arquitectónico, ni refleja el número de latigazos o la presencia de los verdugos. La creencia popular situó al protagonista en este escenario a la hora de imaginar cómo fueron sus horas ante Pilatos. Pintores y escultores alimentaron esta invención porque les ofrecía un marco ideal para significar la Pasión.

Se cree que Cristo flagelado data de 1616. Para entonces Gregorio Fernández ya había dado importantes muestras de su arte desde que se estableció en Valladolid, allá por 1605, para ocuparse de un Cristo yacente. La muy feliz resolución de esta obra le sirvió para que, al año siguiente, le encargaran la escultura del retablo de la iglesia de San Miguel, de Valladolid. En 1614 hizo otra de sus obras maestras, el paso del Cirineo y La Verónica para la Semana Santa de la capital castellana. Fue inmediatamente después cuando afrontó la obra que ahora se puede ver en Bilbao.

Cristo flageladoPosteriormente, Gregorio Fernández realizó el grupo La Sagrada Familia para San Lorenzo, en Valladolid; el retablo mayor de San Miguel, de Vitoria; los de "Las Franciscas", de Eibar, y los de la catedral de Plasencia; el Descendimiento de la Cruz, de Valladolid… Para conocer su obra en conjunto se precisa una visita al Museo Nacional de Escultura de esta capital castellana y a la vez compararla con otro maestro, Alonso Berruguete. Tallas como el Bautismo de Jesús, La Verónica, Santa Teresa y, sobre todo, el Cristo de la Luz, llamado "La perla de Fernández", sirven para definirlo como uno de los artífices principales del realismo barroco. Pero todos los adjetivos son pocos cuando se sitúa uno ante La Virgen Dolorosa, conrostro demacrado y el cuerpo de su Hijo desplomado en su regazo.

La presencia del Cristo flagelado en la pinacoteca vasca se enmarca dentro de un programa patrocinado por la Fundación Banco de Santander que pretende acercar al público obras singulares de otros museos o colecciones particulares. Generalmente, éstas se exhiben junto a otras pertenecientes a la colección del museo y que están relacionadas de alguna forma con la visitante. De esta forma se pueden establecer contrastes entre los diferentes estilos y formas. En esta ocasión, el trabajo de Gregorio Fernández está acompañado de otra pequeña escultura también policromada firmada por Esteban Pereda, que representa a San Pablo.

"La obra invitada", que en su momento arrancó con una cierta prevención, ha resultado un éxito, alcanzándose con ésta su vigésimo nona edición.

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Nº 54 - Febrero de 2010

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