Lucian Freud, nieto del padre del psicoanálisis, invitado en Bilbao
Museo de Bellas Artes de Bilbao. Del 6 de octubre de 2009 al 10 de enero de 2010
Presente con su autorretrato en Reflejo con dos niños, una de sus obras más personales
Por Alberto López Echevarrieta
Hace nueve años el Museo de Bellas Artes de Bilbao puso en marcha un programa que, bajo el título de "La obra invitada", pretendía exponer obras singulares de diversos museos y colecciones al objeto de enriquecer la visión de autores de la colección permanente de su propia pinacoteca o mostrar a autores no representados en ella. Aquella primera edición fue un éxito hasta el punto de que, bajo el patrocinio de la Fundación Banco de Santander desde 2004, el programa continúa su trayectoria llegándose con la presente a su vigésimo octava edición.
En esta ocasión, "La obra invitada" es Reflejo con dos niños que pintó el berlinés Lucian Freud en 1965 y pertenece al Museo Thyssen-Bornemisza de Madrid. El trabajo se enmarca dentro del estilo más personal del artista, caracterizado por la representación del ser humano a través de retratos y desnudos con un realismo descarnado y meticuloso, y por la utilización de colores neutros.
Reflejo con dos niños es también un autorretrato. El motivo principal del cuadro es el propio pintor en un pronunciado contrapicado ante el cual se observan en el ángulo inferior izquierdo, las minúsculas efigies de dos niños, Rose y Ali, los hijos que tuvo de su relación con Suzy Boyt. Dos lámparas de luz completan la imagen.
Lucian Freud, nacido en Berlín en 1922 como nieto del padre del psicoanálisis, es uno de los pintores vivos más importantes del arte contemporáneo y uno de los más representativos de su generación, ya que ha jugado un papel fundamental en la continuación de la tradición figurativa en la pintura británica del siglo XX. Como su amigo Francis Bacon, profundiza sus análisis, despiadados hasta la atrocidad, de la condición humana. De hecho, Freud, residente en Londres desde que en 1933 su familia abandonara Alemania huyendo del nazismo, conoció al pintor británico en 1945 estableciéndose entre ambos una amistad que desembocó en un cruce de intenciones artísticas con, incluso, intercambios de retratos en numerosas ocasiones.
El estilo de Bacon, cuyas raíces culturales pertenecen a la estética de lo sublime del siglo XVIII caracterizándose por una violenta carga expresionista, ha influido notablemente en Freud como lo atestigua la presente "obra invitada", cuya visión se complementa en esta ocasión con Figura tumbada en espejo, de Bacon y perteneciente a la colección del museo bilbaino. Seis años de diferencia separa a ambos cuadros, los suficientes para reflexionar sobre la soledad en que muchas veces se encuentra el ser humano.
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