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Jorge Galindo. Flores y Papeles arrancados


Galería Soledad Lorenzo, Madrid. Orfila, 5
Del 15 de octubre al 21 de noviembre, de 2009
http://www.soledadlorenzo.com/artistas/galindo_2009/es/index.html



Por Mariano de Blas


Desde que Jorge Galindo (Madrid, 1965) asistió al taller de Julian Schnabel en el Cículo de Bellas Artes de Madrid, en 1987, se ha constituido en el referente español del expresionismo romántico, del retorno a la "pintura" y a la textura Jorge Galindoneo romántica, del artista como hacedor genial que siempre ha abanderado el prolífico artista tejano-neoyorquino.

Galindo ha seguido trabajando en la pintura como causa de un sentimiento que intensamente se ha ido manifestando en intensas masas de color, collages y patchworks de carteles y cartelones, incluso cuando pintó sobre el trabajo que encargó a uno de los últimos artesanos del cartel de cine. Desde su anterior exposición en 2006 en esta misma galería, la obra de Galindo ha engordado. El collage no sólo aparece en la superficie final, sino en sucesivas capas que parecen emanar de la pared. Capas que hacen referencia a los anuncios una y otra vez superpuestos sobre cualquier pared machacada por la publicidad, ya en desuso decadente, del papel pegado. En este sentido, Galindo parece retornar a los orígenes de su mentor, Schnabel (catorce años mayor que él), que al filo de los ochenta irrumpió en Nueva York con sus densos cuadros de platos pegados. Todo un discurso, aún no concluido, del barroco frente al minimalismo. De la forma desparramada (aunque no expandida), de la narración profusa (aunque no descriptiva), al frío, distante (y quizás elegante) discurso del minimalismo.

Sin embargo, si uno se planta frente a una descuidada y machacada pared, cubierta una y otra vez por carteles; si se espera al metro, no en el cuidado y renovado de Madrid, sino en el cutre del Jorge Galindo"tube" londinense, frente a los paneles que se han limpiado de anuncios dejando restos y fragmentos de imágenes, ya sin sentido… entonces se percibe la fuerza de la belleza salvaje del detritus, del horror que pugna por entre nuestro aturdido mundo de mensajes cacofónicos. Es decir, "sin embargo", frente a estos cuadros de Galindo, todo ese exceso de color, textura, relieve y gesto sublime del artista como hacedor genial, resulta decorativo. Estas flores tienen la fuerza de las obras primorosas de amables amas de casa, que devotamente hacen collages en los centros culturales de nuestros ayuntamientos. Cuadros para ser colgados orgullosamente en cualquier salita de estar, pareciendo "atrevidos" dentro de los límites de los cursos de pintura por fascículos.

La pintura no puede, ni debe, perecer en un marchitarse de flores bajo el gritito estipulado de alguna flockórica ya fondona.

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Nº 51 - Noviembre de 2009

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