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El joven Murillo


Museo de Bellas Artes de Bilbao
Del 19 de octubre de 2009 al 17 de enero de 2010


Estudio novedoso de los primeros quince años artísticos del pintor sevillano



Por Alberto López Echevarrieta


La muestra, en la que sobresalen la belleza de los motivos religiosos y los retratos de pícaros que reflejan la realidad social de la época, ha sido posible gracias a la colaboración de prestigiosas pinacotecas: Museo del Louvre, Museo del Prado, MurilloNationalmuseum de Estocolmo, Fitzwilliam Museum de Cambridge, National Gallery of Ireland de Dublín, Mie Prefectural Arte Museum de Japón, Alte Pinakothek de Munich, etc.

No ha sido fácil el montaje de esta exposición. Sus artífices, Alfonso Pérez Sánchez y Benito Navarrete, lo achacan a que su obra está muy disgregada por el mundo y al vacío informativo que existe sobre los primeros quince años de la vida artística de Murillo. A ningún estudioso se le ha ocurrido investigar ese período, a pesar de la importancia que tiene.

Fue Juan del Castillo, pariente de su madre, quien ejerció la tutela de Bartolomé Esteban cuando se quedó huérfano de padre y madre en diez años. Excelente dibujante, su protector le introdujo en el mundo de la pintura partiendo de las técnicas que dominaba.

Fue un alumno aventajado y pronto se interesó por trabajos que se realizaban en las escuelas europeas, especialmente la flamenca, sobre todo lo concerniente a colores y a mezclas. Cuando Castillo trasladó su domicilio a Cádiz, el muchacho quedó en Sevilla dispuesto a abrirse camino en el mundo de la pintura. Empezó por el Claustro Chico del desaparecido convento de San Francisco, cuyos frailes influyeron notablemente en su carrera al inducirle a pintar temas religiosos y sociales. Así surgió su San Diego dando de comer a los pobres, impresionante cuadro que se puede ver en la muestra junto a Sagrada Familia del pajarito, José y la mujer de Putifar, San Pedro en lágrimas, San Lesmes, etc.

Uno de los cuadros-estrella con esta temática es el titulado Virgen con niño que estuvo durante muchos años en el Museo de Lier considerado como "anónimo" hasta que la investigación realizada para esta muestra dio la autoría a Murillo. La obra se presenta aquí convenientemente restaurada y en todo su apogeo.

La realización de estos trabajos aportó tal fama al pintor que pronto tuvo numerosos encargos de rápida ejecución. Varios emigrantes al Nuevo Mundo le acuciaron con prisas y Murillo, en su interés por complacerles, quedó abrumado, pero no rechazó trabajo. De ahí que en varias ocasiones recurriera a repeticiones.

Todos estos cuadros de temática religiosa fueron muy bien aceptados en la sociedad española de la época, mientras que en el extranjero se apreciaron mucho más los de contenido social, telas que reflejan, sobre todo, el mundo de los pícaros que tanto fascinaba a Murillo desde que leyera Guzmán de Alfarache, de Mateo Alemán, obra cumbre de la picaresca española. Un ejemplo formidable lo tenemos en Niño espulgándose, que en su momento entusiasmó al rey Luis XVI, que luego perecería en la guillotina con su esposa María Antonieta, hasta el punto de comprarlo. Tras el éxito de la Revolución Francesa, el cuadro fue a parar al Museo del Louvre de donde se ha traído a Bilbao.

El lienzo, que utiliza elementos comunes con otros cuadros sobre todo con La buscadora de pulgas (ventana y jarrón de barro en el mismo lugar, fondo negro…), podría parecer una anécdota vulgar (un niño sentado en el suelo eliminando pulgas de su pecho) y sin embargo es una excelente pintura costumbrista en la que sobresale la firmeza del dibujo y su colorido. Por cierto que un estudio realizado sobre este cuadro ha venido a demostrar que Murillo colocó originalmente el jarrón de barro más próximo al niño y que, arrepentido, lo borró para situarlo donde definitivamente ha quedado.

Dignos de admiración son Vieja con gallina y cesta de huevos y Dos niños comiendo melón y uvas, en los que el pintor utiliza loMurillos tonos ocres para reflejar las caras y las ropas dando una impresión tan realista como natural. Ambas obras proceden de la Alte Pinakothek de Munich donde también se guarda la citada Buscadora de pulgas, ausente en esta ocasión, como también lo está Fray Francisco y la cocina de los ángeles que lo atesora el Louvre, pero que su traslado ha sido imposible dadas sus dimensiones –mide más decuatro metros- y su delicado estado de conservación.

No obstante, "El joven Murillo", que ahora se puede ver en Bilbao y que a partir del 18 de febrero de 2010 estará en el Museo de Bellas Artes de Sevilla, es una exposición que impresiona por la extraordinaria calidad del conjunto y la posibilidad de ver juntas por primera vez todas estas obras que configuran los primeros pasos artísticos de uno de nuestros mejores pintores de todos los tiempos. Permite apreciar la influencia que en él tuvieron Caravaggio, Ribera, Velázquez y la Escuela de Flandes.

La obra realizada en los quince años comprendidos entre 1640 y 1655 es fundamental para situar al artista. "Tiene más garra y frescura – a juicio de Navarrete- que su época adulta en la que se entregó a los deseos de la clientela y a su devoción".

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Nº 51 - Noviembre de 2009

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