Calle Sophie, polifacética
Palacio de Bellas Artes de Bruselas Del 27 de mayo al 13 de setiembre de 2009
Escritora, fotógrafa, investigadora, cineasta.
Por Alberto López Echevarrieta
Polifacética. Este es el calificativo que mejor
le cuadra. Y es que Sophie Calle lo mismo toma una cámara fotográfica
y capta los más llamativos rostros del Transiberiano, que se deja
retratar durmiendo en plena Torre Eiffel. Pero no todo es eso: Escribe
y dirige películas. Muestra montajes que aparentemente no dicen
nada, pero a los que ella saca buen partido. Un ejemplo lo tenemos en
un vulgar confesionario en el que, si te acercas, escuchas la grabación
de una confesión real.
Sí, esta es una muestra fuera de lo común.
Sophie, que vive y trabaja en París, representó a Francia
en la última Bienal de Venecia (2007) donde fue invitada especial
del comisario general en el Pabellón Internacional y al año
siguiente mostró parte de su obra en la Biblioteca Nacional de
Francia.
¿Qué tiene esta mujer para ser considerada
como la artista posmodernista más importante de nuestro tiempo?.
La respuesta está en la retrospectiva que se puede ver en el Palacio
de Bellas Artes de Bruselas ocupando quince de sus salas. Lo primero que
llama la atención en ella es su gran capacidad de trabajo. El visitante
va de sala en sala siguiendo un orden cronológico que va desde
sus primeras aventuras hasta sus últimas creaciones.
Sophie trabaja mucho y lo hace con constancia y severidad
hasta conseguir que sus piezas expresen todo el sentimiento que ella busca.
Podría decirse que es una labor de difícil comprensión
en una primera visita. Sobre cada una de las obras ofrece notas de su
vida íntima,
como si de un diario personal se tratara. Hay fotografías muy bellas,
como la de un glaciar ("Enterré mis joyas y el retrato
de mi madre en la orilla de un glaciar del Norte", dice).
Una lápida de mármol pulido y brillante
en el centro de una de las salas sólo contiene una palabra, "Mother",
sobre la que se refleja intencionadamente el techo de cristal. El traslado
del colchón de su cama de una casa a otra le da pie a un montaje
fotográfico que se inicia con ella durmiendo sobre él, el
empaquetado, la recogida del mismo, la llegada al destino y su nuevo emplazamiento.
En 1994 hizo un experimento en una cabina telefónica
apartada del centro de una ciudad. ¿Qué tipo de gente utiliza
semejante servicio?, se preguntó. Apostándose ante ella
con una cámara fotográfica captó imágenes
con la llegada y actitudes de los clientes. Luego hizo un seguimiento
de cuantos apuntes habían hecho en el interior de la cabina. El
resultado es una de sus obras más extensas.
Sophie ofrece secuencias fotográficas de experimentos
personales. Vigila a la gente corriente y vulgar que pasa junto a ella,
graba conversaciones, toma nota de cuanto le parece atractivo y con ello
monta sus personalísimas instalaciones. Va narrando su vida incidiendo
en episodios que le dan mucho juego, como un viaje
a Japón, del que ofrece documentos, cartas, fotos… Otro tanto
ocurre con el que hizo en el ferrocarril Transiberiano, de Moscú
a Vladivostok, a partir del 29 de octubre de 1984, con una impresionante
colección de rostros.
Capítulo aparte merece la aventura que vivió
en abril de 1981 cuando, por iniciativa propia, le pidió a su madre
que contratara a un detective para que siguiera sus pasos. La buena mujer
acudió a la agencia "Deluc, detectives privados" donde
designaron un agente. Éste hizo su cometido con su mejor voluntad
sin saber que, a su vez, él era perseguido por la cámara
fotográfica de Sophie. La secuencia así obtenida no deja
de tener su gracia.
En la película de 72 minutos "No sex Last
Night", realizada en colaboración con Greg Shephard, Sophie
provoca sexualmente a los rudos cowboys norteamericanos, posiblemente
para dar a entender que esa fama de supermachos que tienen no pasa de
eso, fama, y que se pliegan cuando es una mujer la que lleva la iniciativa.
La artista explora con frecuencia el método de
la encuesta y su obra consiste primordialmente en una asociación
de fotografía y escrito. Se introduce en sus producciones artísticas
mezclando hábilmente su vida personal y su proyecto artístico.
Inventa sus propias reglas de juego a fin de "mejorar la vida",
dándole así una estructura y un sentido.
No obstante, hay en la exposición un toque fatalista,
sobre todo en la última etapa de su producción, que produce
en el visitante un cierto desasosiego (los nichos de cementerio con los
nombres de todas las enfermedades mortales) y que alcanza su cota más
alta cuando ofrece imágenes de su madre, agonizando o ya fallecida,
en el lecho de muerte, por muy homenaje hacia ella que sea.
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