La colección de abanicos de Paula Florido
Fundación Lázaro Galdiano Del 25 de mayo al 16 de agosto
Arte Lujo y Sociabilidad
Por Julia Sáez-Angulo
Se trata de una colección articulada de abanicos,
es decir que se hizo con voluntad de tal colección, ya que a doña
Paula se le regalaban siempre nuevos ejemplares para enriquecer con nuevas
piezas el conjunto sostenido. Es una colección de elite, con materiales
en su mayoría nobles de textiles, metales, brillantes, países
y varillaje bien hecho y torneado, en madera de peral o de carey, con
ejemplares muy selectos que abarcan los siglos XVIII y XIX.
Entre
los ejemplares expuestos hay también cocardas (tipo paipai redondeado
y recogido) o pericones, de mayor tamaño, así como abanicos
de baraja. En su mayoría son abanicos franceses, italianos e ingleses,
con escenas bíblicas, mitológicas, heroicas, galantes, de
la Comedia del arte y muy pocos con motivos políticos como el del
matrimonio de doña Isabel II. En el abanico elegante se buscaban
brillos y destellos de luz para impactar en sociedad.
Un bello cuadro de Luís Paret y Alcazar "La
tienda" (1772), perteneciente al mismo museo, ilustra sobre el modo
en que un caballero y una dama adquieren ejemplares de abanico o miniaturas
en aquel colmado ilustrado. Se añaden algunos grabados de Goya
que también dan cuenta del uso del abanico en Los Caprichos,
objeto de indumentaria de lujo en principio, que paulatinamente se fue
popularizando. El abanico era una pieza utilizada por el hombre o la mujer
indistintamente, aunque era la mujer la que ofrecía con él
todo un código de señales de sociabilidad, algo que se pone
de manifiesto en un pequeño libro para escolares titulado La
casa de José Lázaro, editado por el museo. El lenguaje
del abanico según la posición del mismo es un código
elocuente de comunicación y complicidad. Con el abanico se podía
seguir el cortejo de una pareja.
Soledad
López, directora de la SECC, recordó que "un abanico
es el único regalo que puede aceptar una reina", según
dijo la reina Isabel II. El vanguardista Ramón Gómez de
la Serna señaló que "una señora sin abanico
es como un caballero sin espada". En el uso del abanico se detectaba
el refinamiento y lenguaje corporal de las damas.
"El abanico llegó a ser una cuestión
de Estado", señaló la comisaria. Las Reales Fábricas,
entre ellas la de Abanicos, se crearon para evitar la importación
de bienes de lujo. Goya nunca llegó a pintar países de abanico.
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