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Joaquim Mir: Antológica


Museo de Bellas Artes de Bilbao
Del 18 de mayo al 26 de julio de 2009


Una perfecta orquestación de colorido



Por Alberto López Echevarrieta


La exposición pretende dar una idea completa de la trayectoria artística de Mir la cual comienza con un naturalismo primerizo y desemboca en un estilo personal, próximo al impresionismo y la abstracción. Conjuntamente se ofrece un panorama biográfico, ya que se repasan cronológicamente los momentos vitales del artista. Se incluye además una selección de filmaciones familiares cedidas para la ocasión por su hijo Josep Mir i Estalella.

No hay equivocación posible: Ver una exposición de Mir es adentrarte en un mundo de color suntuoso y polícromo que coincide en todos sus cuadros. La selección realizada por Francesc Miralles, un gran conocedor de la obra de este catalán universal, en colaboración con Nadia Hernández y Olga Sauquet, no puede ser más acertada principalmente por la forma de presentación que ayuda a comprender la trayectoria no sólo artística, sino personal del artista.

Joaquim MirJoaquim Mir Trinxet (1873 – 1941), nacido en la calle Ciutat de Barcelona, descubrió pronto su afición a la pintura. Junto a Nonell, Canals, Vallmitjana y Pitxot formó parte de un grupo denominado "Colla de Safrá" (Grupo del azafrán) en atención a los tonos amarillentos y cadmios que imprimían en sus lienzos. Inconformistas, estos jóvenes pintores, en sus largas y encendidas charlas mantenidas en "Els Quatre Gats", decidieron alejarse de los trabajos academicistas imperantes en la escuela catalana rompiendo los moldes establecidos.

Mir empezó a destacar a los 20 años cuando dio a conocer Alrededores de Olot, un ejemplo valioso de la escuela paisajística de los Vayreda. Más tarde hizo L’Hort del rector y, sobre todo, La catedral de los pobres, una gran obra en torno al templo de la Sagrada Familia que, en su momento, fue objeto de una gran polémica. Joaquím se volcó en este trabajo utilizando una serie de esbozos que se pueden ver en la muestra bilbaina como ejemplo de una práctica inusual entonces por tratarse de una obra aparentemente inmediata. Llama también la atención el óleo sobre tela titulado Vendedor de naranjas (1896), preludio de unos trabajos que le marcarían para siempre.

En 1899, junto a Santiago Rusiñol, se embarcó para Mallorca donde acabaría por encontrar su propio lenguaje artístico. También su vida personal sufrió un cambio notable cuando salió indemne de un accidente que tuvo en Sa Calobra y que algunos señalaron como un intento fallido de suicidio debido a cuestiones amorosas.

Joaquim MirPuede decirse sin temor a error que Mallorca marcó profundamente la carrera de Joaquim Mir. Se sintió fascinado por la policromía de sus aguas y tierras dejando constancia de ello en los murales de la casa Trinxet de Barcelona y en los tres grandes cuadros que pintó para el comedor del Gran Hotel de Palma. No se resistió ante la vista de los acantilados y su contraste con el inmediato mar. Es la etapa más colorista de un hombre que dejó obras tan impresionantes como ese tríptico tan admirable que es el óleo sobre tela El Gorg Blau (1911) que se puede ver en Bilbao y que tienen unas dimensiones sobresalientes al contar de tres planchas de 218 x 95 cms. cada una.

No menos interesante es el período pictórico iniciado en 1915, cuando se instala en la localidad tarraconense de L’Aleixar que le permite aportar una particular Vista de L’Aleixar en un soberbio óleo sobre lienzo. "Sólo quiero que mis obras alegren el corazón e inunden de luz los ojos y el alma", dejó dicho el artista catalán a modo de resumen de su obra, la obra de un hombre que siempre huyó de las aglomeraciones urbanas en favor del espacio libre y abierto que le proporcionaba el colorido y la luz que él precisaba para dejarnos un legado que constituye toda una renovación en el género paisajístico de finales del siglo XIX.

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Nº 46 - Junio de 2009

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