Picasso. El deseo atrapado por la cola
Círculo de Bellas Artes. Madrid Del 10 de febrero al 17 de mayo de 2009
Comisarios: Françoise Lévèque, Carlos Pérez y Juan Manuel Bonet
Patrocinio Bancaja
El surrealismo teatral de Picasso
Por Julia Sáez-Angulo
Michel
Leiris fue el encargado de seleccionar los actores, Albert Camus se ocupó
de la dirección y Georges Hugnet, del acompañamiento musical.
Los asistentes al acto cultural festivo fueron de altura: Jean Paul Sartre,
Simone de Beauvoir, Raymond Quenau, Dora Maar, Zanie Campan, etc. De todo
el evento figuran fotografías y otros testimonios que ahora se
exponen en el Círculo de Bellas Artes de Madrid. De este evento
escribió Simone de Beauvoir en sus memorias La force de l´age.
La primera lectura de Le désir attrapé
para la queue tuvo un recordatorio para Max Jacob, ya que Picasso colocó
un retrato del amigo poeta, fallecido en el campo de concentración
de Drancy. La actriz María Casares no faltó tampoco.
La exposición muestra dos fotografías
realizadas el 16 de junio de 1944 en el estudio de Picasso, situado en
el 7 de la rue de Grands-Augustins de París. Además se han
sumado las fotografías de Robert Doisneau sobre la liberación
y alegría de París, que tuvo lugar en 1945, poco tiempo
después de la primera lectura.
Pinturas,
dibujos, grabados, esculturas, carteles, fotografías y libros configuran
la muestra, rica en documentos gráficos relacionados con algunos
de los espectadores más destacados: Henri Michaux, Jean Cocteau,
Jean Marais, Pierre Reverdy, Valentine Hugo, Jacques Lacan. Visualidad
y representación, en suma, testimonio de un gran encuentro y una
profunda reflexión de un encuentro en plena ocupación nazi
de la capital del Sena.
Para el comisario Bonet se trata de "un diálogo
entre arte y literatura". El artista malagueño, autor de la
obra teatral, vivió rodeado de poetas y es célebre su gran
amistad con Max Jacob. Picasso, figura central del arte del siglo XX,
según escribió Louis Parrot, la noche del 25 de agosto de
1944, cuando se produjo la liberación de París, percibió
que el cielo y las nubes habían cambiado de color y supo que, uno
de los primeros carros de combate, que se habían detenido ante
el Ayuntamiento de París, llevaba escrita en grandes letras blancas,
la palabra Guernica.
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