Tarsila do Amaral
Fundación Juan March. Madrid Del 6 de febrero al 3 de mayo
Fundación Caixa Galicia. Santiago de Compostela Del 15 de mayo al 31 de julio de 2009
Un delicioso banquete tropical
Por Carmen González García-Pando
Una de las mujeres que mejor conocen el arte brasileño
y, en concreto, la obra de la pintora, es Aracy Amaral (su apellido es
simple coincidencia con Tarsila pues no existe ningún lazo familiar).
En su intervención comentaba las dificultades que conllevan exposiciones
como la de la Fundación March ya que la obra de esta mujer se encuentra
principalmente en colecciones privadas, y de todos es conocido el recelo
de los propietarios para prestarlas. Pues bien, superados numerosos escollos,
lo cierto es que el resultado es un magnífico conjunto representativo
del momento más fructífero de la artista. Etapa que coincide
con la década de los veinte del pasado siglo y que convertirá
a la pintora en un referente del modernismo de su país.
Juan
Manuel Bonet, comisario de la muestra, ha seleccionado la producción
de los años comprendidos entre 1922 y 1933. Años en los
que Tarsila emprende un periplo entre París y Brasil fagocitando
la cultura y modernidad de las vanguardias europeas pero, a su vez, adaptándolas
a su propia idiosincrasia. El resultado será un cóctel variopinto
en el que observamos grandes dosis de cubismo con formas, colores y referencias
de su país natal. Es decir, lo que en Brasil se llamó "Antropofagia"
y que no es otra cosa que la asimilación de cubismo y tropicalismo,
de geometría y vegetación, campo y ciudad. Todo ello plasmado
en unas obras cosmopolitas, exóticas y a la vez vanguardistas impregnadas
del espíritu de artistas como Léger, Gleizes y André
Lhote.
Esta es la década prodigiosa de Tarsila do Amaral.
Aquella mujer que se casaría con Oswald de Andrade, uno de los
grandes poetas latinoamericanos de la vanguardia; autor del manifiesto
antropófago (1928) – "movimiento artístico propiamente
brasileño que se basará en la idea metafórica de
comerse al europeo, tomando de éste lo que es de provecho y acabando
con lo perjudicial"- como reza la nota de prensa: y también
del manifiesto del grupo Pau Brasil (1924) el cual propugnaba una estética
primitivista vinculada a la cultura tradicional brasileña.
Un centenar de pinturas y dibujos, distribuidas en un
ambiente tropical y colorista, nos hablan del ingenio creativo de la pintora
cuyos lienzos se cubren con las palmeras, soles, y vegetación de
su país. Elementos que, poco a poco, se impondrán a la simbología
urbana europea. De esta forma descubrimos en la exposición piezas
tan impactantes como La negra (1923), o Antropofagia
(1929) composiciones de voluminosas y deformes figuras situadas sobre
un fondo geométrico la primera, y entre la exuberante vegetación
tropical, la segunda. La fauna brasileña cobra protagonismo igualmente
en El coco, una composición de 1924 que aún conserva
el marco original de Pierre Legrain y donde extraños animalejos
parecen convivir en perfecta armonía. Sao Paulo (Gazo)
también de 1924 es una precioso lienzo donde los elementos de una
ciudad industrializada – representada por el automóvil que
ocupa un primer plano, y las chimeneas del fondo - se rompe con la presencia
de una esbelta palmera. Es pues, otro ejemplo más de esa "antropófoga"
pasión por lo del viejo y nuevo continente, del cubismo tropical
del que Tarsila fue su mejor representante y con el que cosechó
sus mejores obras.
En
la exposición también podemos disfrutar de un par de bellos
autorretratos de la artista, fechados entre 1923 y 1924, así como
de una serie de dibujos que los organizadores han colocado en vitrinas
situadas en el centro de las salas. Acompañan a la pintora una
pequeña selección de obras de destacados artistas del modernismo
brasileño como Anita Malfatti, Emiliano Di Cavalcanti, Vicente
do Rego Monteiro y Lasar Segall. También encontramos algunos objetos
coloniales, cerámica marajoara, plumaria amazónica, un oratorio
del siglo XVIII para que el visitante comprenda los orígenes que
sirvieron de inspiración a Tarsila do Amaral.
El declive de Tarsila se inició en los años
30 cuando, tras un viaje a la Unión Soviética, su pintura
se tiñe de un discurso social que no despertará ningún
interés en los círculos artísticos. Un ejemplo de
ello lo tenemos en la obra Operarios de 1933. Se trata de una
obra sin la calidad y originalidad de sus anteriores trabajos. Es el momento
del eclipse de su producción y que la mantendrá durante
dos décadas en el más absoluto anonimato, hasta que en los
cincuenta habrá un movimiento de recuperación de su obra
gracias a personas como la anteriormente citada y gran estudiosa de su
obra, Aracy Amaral.
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