Max Ernst. Une semaine de bonté
Fundación Mapfre. Paseo de Recoletos, 23. Madrid Del 10 de febrero al 31 de mayo de 2009
Los collages originales
Por Julia Sáez-Angulo
Serie
creada en 1933. Un juego extraño y surrealista; un collage muy
particular que queda en una nueva ilustración a base de manipular
lo ya dibujado por otro autor, si bien produce un trampantojo al visitante
que no acaba de percibir con claridad qué es nuevo y qué
de imagen de base. La iluminación no ayuda. No se trata de collages
a lo Kurt Schwitters, sino de un trabajo mucho más fácil
y primario, que se transmuta en una ilustración onírica
con pretensiones narrativas, de interpretación abierta a quien
se acerque a contemplar la serie.
El montaje se ha llevado a cabo en siete salas de siete
colores, comenzando por el domingo (el mundo al revés del surrealismo)
y puede resultar en extremo monocorde, pese a los elogios recibidos por
algunos personajes de esta particular novela. El comisario de la muestra
no se anduvo en barras y soltó todo un aserto maniqueo: "solo
los grandes espíritus comprenden la obra de Max Ernst" (¿).
Se quedó tan ancho, tras una exposición prolongada y algo
farragosa de la muestra.
Esta serie de collages de Max Ernst se había
presentado precisamente en Madrid en 1936. Tuvo lugar en el Museo de Arte
Moderno, si bien algunas de sus escenas fueron censuradas por ir contra
la sensibilidad de la sociedad del momento. Hasta el año pasado
la serie, que había permanecido en manos de su propietario, el
coleccionista Daniel Filipacchi, no se había vuelto a exponer en
su totalidad.
Los
collages ponen de manifiesto la hermosa ilustración xilográfica
del XIX utilizada por Max Ernst, así como la capacidad manipuladora
y provocadora del autor del XX para subvertir la significación
de las escenas. El erotismo es el gran componente de su manipulación,
donde la mujer es vista como odalisca por monstruos humanos o por un cierto
bestiario. Obsesiones oníricas llevadas a la manipulación
plástica. Piernas, pubis, senos, sátiros, violencia demonismo,
degeneración y perversión, se dan cita, entre otras cosas,
en este banco de imágenes, en consonancia con lo que últimamente
muestran ciertas exposiciones de la Fundación Mapfre.
No es precisamente una visión muy laudatoria
de la mujer la de este surrealismo de Ernst, el gran coleccionista de
esposas y mujeres, a lo largo de su vida. En la conferencia de prensa
se insistió en su amistad con Picasso y, junto a los citados collages,
se muestra igualmente -y en sintonía- la "Suite Vollard"
(1930 -1939) de Pablo Picasso, perteneciente a las colecciones de Mapfre.
Eran los años en que el malagueño se había unido
a la jovencísima Marie-Thèrese Walker (más tarde
ella se suicidaría tras el abandono de pintor), que aparece en
muchas de estas estampas. La idea del minotauro, bestia y hombre al mismo
tiempo frente al el deseo y la carne, dan cuenta de las inquietudes picasianas
del momento.
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