Picasso y los libros
Museo de Bellas Artes de Bilbao Del 18 de septiembre al 30 de noviembre de 2008
Trabajos del ilustre malagueño para editoriales
Por Alberto López Echevarrieta
Posiblemente la obra ilustrativa que realizó Picasso
para distintas editoriales de libros sea la parte más desconocida
de su trabajo, a pesar de que, según esta muestra, se inició
en 1923 y finalizó en 1972, poco antes de su muerte. "¿Picasso
ilustrador de libros?", se preguntarán algunos. Pues sí,
la labor del genial malagueño ya era en 1923 rica en experiencias.
El cubismo había dejado de ser para él la única pintura
posible e incorporaba todo lo que hallaba a su alrededor. Hay una declaración
que el artista hizo en aquella época y que resume muy bien lo que
bullía en su cerebro: "Yo no busco, yo encuentro".
Es también éste el año del cubismo
curvilíneo y de dos acontecimientos que le marcarían profundamente:
un viaje a Italia, donde contempla obras de la Roma antigua, Pompeya y
el Renacimiento; y el contacto con los ballets rusos. Crea máscaras,
en las que, con un dibujo portentoso, inmoviliza la expresión mientras
se limita a apuntar las otras partes de la figura.
Son las fechas inmediatas a su aproximación al
movimiento surrealista y su participación en la primera exposición
del grupo que le reivindica como uno de los pilares de la vanguardia.
Años en que la influencia de su obra empieza a ser notoria y las
galerías de París, Nueva York y Londres empiezan a disputárselo.
Es
entonces cuando la creativa de este Picasso extiende su influencia por
la ilustración haciendo cubiertas o interiores de ediciones bibliográficas.
Para Juan Carrete, exdirector de la Calcografía Nacional y del
Centro Cultural Conde Duque, de Madrid, que ha comisariado la exposición,
"hay unos 150 libros catalogados". En su opinión no son
muchos y además tampoco se editaron muchos ejemplares de ellos,
una media de 150. Para este especialista en la historia del grabado, contar
con 25 títulos en esta exposición es todo un logro, ya que
las obras en este formato son muy difíciles de encontrar en el
mercado, amén de que las que se localizan están deterioradas
o no son volúmenes enteros.
La exposición que se ofrece en Bilbao es sumamente
curiosa: Ahí es nada ver el retrato de su amante Dora Maar en un
grabado realizado en 1942 para el libro de Georges Hugnet "Non vouloir".
O el dibujo típicamente picassiano "Pintor delante de su caballete
con modelo haciendo punto" que hizo en 1931 para el libro "Le
chef-d’oeuvre inconnu", del cronista de la comedia humana Honoré
Balzac. Hay una serie de dibujos de animales que ilustró la "Historia
natural", de Buffon; dedicatorias de Picasso y apuntes de una corrida
de toros para "Le Carmen des Carmen".
En vitrinas o colgadas en las paredes, ya que estaban
pensadas para desplegar las hojas, las ilustraciones nos sorprenden porque
lo mismo acompañan a textos clásicos de Petrarca y Góngora
que a surrealistas como André Bretón o el propio poeta de
origen rumano Tristan Tzara, amigo íntimo de Picasso y autor de
los "Siete manifiestos dadá".
Uno
de los puntos de mayor atención de la muestra posiblemente sea
la especie de cómic que dibujó Picasso a favor de la República
española y que lleva el título de "Sueño y mentira
de Franco". En resumen, estamos ante una demostración más
del perfecto dominio que el malagueño tenía sobre las distintas
técnicas, desde la plancha de zinc al fotograbado o aguafuerte.
Todo este material es propiedad de la Fundación
Bancaja, entidad patrocinadora cuyo vicepresidente, José Vicente
Torres, adelantó en la presentación la inminente llegada
a la misma pinacoteca de una exposición sobre Sorolla.
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