Cy Twombly: Lepanto
Museo del Prado. Madrid Del 26 de junio al 28 de septiembre de 2008
Por Julia Sáez-Angulo
Las
pinturas de batallas constituyen un repertorio clásico en la historia
de la pintura. El Ministerio de Cultura realizó en su día
una amplia muestra de cuadros de gran formato titulada precisamente Batallas,
donde se apreciaba la idea del fragor de la lucha entre ejércitos
o facciones contrincantes. Resulta difícil imaginar esta temática
en la pintura figurativa de finales del XX o principios del XXI. El tema
ha sido arrebatado por su mayor justeza por la fotografía o el
video reportaje.
Pero he aquí que Cy Twombly, ese genio pictórico
americano, residente en Italia, con su asombrosa capacidad de síntesis
ha llevado a cabo la "representación" de la batalla de
Lepanto, o más bien la alusión poética de un acontecimiento
histórico. Todo partió de un encargo de Harld Szeemann al
artista para la exposición Fundamento de la humanidad, organizada
por la Bienal de Venecia en 2001. Ante el asombro, quizás de muchos,
el artista creó un ciclo narrativo en torno a la batalla naval
que Felipe II, Venecia y la Santa Sede sostuvieron contra el turco en
1571. Tiziano, Tintoretto, Veronés y Cambiaso la interpretaron
en su día a su modo.
La
serie Lepanto de Cy Twombly esta ahora en el Museo del Prado
y conecta con la serie de batallas que la pinacoteca alberga. El pintor
prolonga así la secuencia de la pintura veneciana con el lenguaje
de hoy, donde se aprecia el color y el jugo del chorreón y el fluir
del pigmento y de la pintura. Historia y arte se dan la mano; evocación
histórica y referencia plástica. La idea partió del
propio artista cuando visitó la exposición de Tiziano en
el Museo del Prado hace unos años.
Lepanto cobra una significación muy
especial como referencia histórica y como pintura del siglo XXI
en este tiempo. Twombly, que ha representado como nadie el mundo clásico
de Virgilio, de la Italia clásica, con una economía sorprendente
de trazos y elementos alusivos y pictóricos, vuelve a aquí
a mostrar su lenguaje con sagacidad y belleza. Una pintura que sugiere,
más que dice, que sin renunciar al color restallante habla de incursiones
fuertes y cruentas sin evidencias impúdicas. Un acierto del que
muchos artistas deberían aprender. Su capacidad de elipsis. Y su
valentía.
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