Óscar Méndez Lobo: Sueños.
Centro Cultural Saramago. Leganés. Madrid. Mayo - Junio 2008
Del mar, el amor y los sueños.
Por Julia Sáez-Angulo
El
pintor ha querido, en esta exposición buscar el mar, acercarse
a él, adentrarse en sus aguas, mareas y misterio, para recibir
de él la inspiración y el movimiento de sus olas y el color
que impregna las retinas, necesario para crear su nueva serie titulada
Sueños. Un mar y unas costas que tienen una cierta localización
geográfica, que está instalado en el mapa verdiazul del
Atlántico, que se centra en el sur de Huelva, que tiene un nombre
cercano y afectivo: Malagón, territorio costero donde recala el
artista con su familia para retiro, descanso y reflexión. Pero
el artista no ha querido quedarse en la morfología de la visión
retiniana, en la unicidad del lugar, sino que ha querido hacer del mar
una metáfora de los sueños del hombre que desea navegar
más allá de su rincón y de su mente. El resultado
es una serie pictórica ambiciosa, rotunda y total, como una gran
sinfonía a la que se suman la música –tan esencial
en la trayectoria de Méndez Lobo- y la performance artística.
"Nuestros sueños son la mejor y más
dulce porción de nuestra vida. Es el momento en que cada uno de
nosotros es más él mismo", dejó escrito Renán.
El pintor lo sabe y ha plasmado lo más íntimo y profundo
de sí mismo en obras de gran formato, de hasta 200 por 600 cm en
las que la pintura se expande con la ambición de un gesto rotundo
y abarcador, en el que los sueños tienen espacio para plasmar su
ubicación infinita de formas y colores. Pintura que da cabida al
mar y a los sueños de mar, que va a conectarse con las notas musicales
para demostrar una vez más que las artes son ramas de un tronco
común y que nunca se desgajan del todo unas de otras.
Arte, liberador de sueños
"De
razones, el hombre vive y de sueños sobrevive", decía
un gran conocedor del alma humana, el vasco-salmantino don Miguel de Unamuno.
El pintor experimenta a diario la intensidad necesaria en el trabajo cotidiano,
de la barojiana lucha por la vida, pero sabe aún más de
los sueños que requiere la supervivencia. Sólo la mirada
de pintor y de poeta le rescatan de una cotidianidad no siempre fácil.
El arte, se ha dicho, es sanador y cauterizante, lo ha explicado de modo
clarificador el alemán Josef Beuys, después de verse curado
en sus heridas por los chamanes, durante la segunda guerra mundial. El
arte es liberador y creador de sueños o de realidades nuevas. Vale
la pena crear arte porque aporta a la vida un plus de regeneración
y valía. El arte, en suma, es redentor, de ahí el carácter
sacral que muchos le han concedido. Casi el de una nueva religión,
quizás porque nació en el ámbito de lo sagrado. El
arte hace la vida más soportable y que merezca la pena.
En esta exposición, el pintor tiene vocación
de magnitud y de grandeza. Sus cuadros de gran formato, resueltos con
frecuencia en dípticos o trípticos, muestran el deseo plástico
de expandir la pintura, de presentarla en grandes espacios donde pueda
manifestarse en todo su esplendor. Son cuadros que tienen su propia independencia
pero que, al mismo tiempo, prolongan las aplicaciones del color y del
gesto de uno a otro, como movimientos secuenciales de una sola obra. El
color va dirigiendo la mirada, que requiere para su perfección
de cierta distanc ia,
que lleva a un recorrido espacial de la superficie del lienzo. Una pintura
que trae a la memoria –con las diferencias del tiempo y de estilo-
la grandeza y el arrebol de los frescos de Tiépolo. Los cuadros
de Méndez Lobo son, en esta ocasión, superficies arreboladas
de rojos, en los que negros, blancos, ocres y azules parecen simples contrapuntos
para realzarlo. Rojo imperial de plenitud, de fuego, de fiesta, de mandarín,
de entusiasmo... Los colores fríos parecen quedar atrás
o en un segundo plano. Sueños es una exposición gozosa del
autor que se transmite al espectador. Quizás el punto álgido,
hasta el momento, en su trayectoria artística. En esta pintura
hay una explosión tal del espíritu, que se expande y se
hace contagiosa. Las masas del color se adensan o ahuecan hasta ofrecer
espacios amplios e intermedios en los que se percibe el universo. Pintura
grandiosa, como ecos de una abstracción donde caben imaginar los
rompimientos de gloria del Barroco, como ya apunté en otro texto
que escribí sobre el artista. Jannis Kounellis ha declarado recientemente
que "para entender la modernidad es necesario ver y entender la antigüedad
que lleva a las espaldas".
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