Juan Muñoz. Retrospectiva.
Museo Guggenheim. Bilbao.
Del 26 de mayo al 5 de octubre de 2008.
La figura hecha arte
Por Alberto L. Echevarrieta
Posiblemente esta exposición sea para muchos aficionados
al arte todo un descubrimiento. La obra de Juan Muñoz se ha conocido
hasta ahora por muestras aisladas que, junto a rasgos sesgados del autor,
nos han confirmado su gran categoría y su perfecto dominio en el
empleo de la figura humana. Pocos han conocido su faceta como escritor
y su buena disposición como gran narrador.
En
Guggenheim-Bilbao, que ya contaba en su colección con Sombra
y boca (Juan Muñoz, 1996), presenta ahora la primera gran
retrospectiva del artista fruto del trabajo conjunto de la comisaria Sheena
Wagstaff, conservadora-jefe de la Tate Modern de Londres; Carmen Giménez,
gran conocedora de la obra de Muñoz; y Lynne Cooke, conservadora-jefe
del Museo Reina Sofía. Particularmente creo que a estos tres nombres
había que añadir el de Cristina Iglesias, viuda del artista
homenajeado.
Los trabajos de Juan Muñoz (Madrid, 1953 –
Ibiza, 2001), que ocupan la segunda planta de la pinacoteca bilbaina,
nos acercan a las distintas etapas de su vida y sobre todo al aprendizaje
que tuvo en dos capitales que influyeron tanto en él como Londres
y Nueva York en las que estudió arte tras interrumpir su carrera
de arquitectura. Fue a mediados de los años 80 cuando el artista
se hizo sentir en exposiciones que tuvieron lugar en diversos países
dejando siempre un marcado interés. Sin embargo, su reconocimiento
definitivo llegó poco antes de su muerte, en 2000, cuando le otorgaron
el Premio Nacional de Artes Plásticas.
En sus primeros trabajos se advierte el singular atractivo
que ejercen sobre él las escaleras, balcones y pasamanos en los
que coloca a sus protagonistas. Son posturas que, pareciendo imposibles,
juegan con el concepto de espacio. Hay también instalaciones que
denotan una clara procedencia teatral, detalle éste que Muñoz
siempre tuvo en cuenta. Son grupos de personas que forman el conjunto,
pero que acusan una soledad en la que el artista hace partícipe
al espectador. Esa falta de compañía, a pesar de la agrupación,
se nota y sus figuras parecen solicitar compañía.
En la primera exposición individual que tuvo
en Madrid allá por 1984 presentó la Escalera de caracol
(invertida), pieza que sirve para abrir esta retrospectiva. En realidad,
este trabajo sirve para definir el estilo que mantendría a lo largo
de su corta vida artística. Sigue luego la muestra centrando su
atención en los balcones, esas piezas que le llegaron a fascinar
hasta el punto de que su serie Hotel Declecq I-IV se ha convertido en
uno de los pilares de su obra, junto con el Doble balcón, de la
misma época.
Podría
decirse que son elementos que parecen salidos de una almoneda, pero lejos
de no servir para nada, ilustran nuestro paisaje urbano de cada día.
Descarrilamiento, tal vez su trabajo más colosal y que no pudo
verse en la Tate Modern, de Londres, ocupa el centro de una de las salas
del Guggenheim-Bilbao llamando poderosamente la atención, como
Tierra baldía o El apuntador, en las que el pavimento
juega un importante papel. No en vano, Muñoz solía decir
que aprendió del escultor y figura prominente del minimalismo Carl
André que éste era importante para activar espacios. "Yo
construyo suelos ópticos porque ayudan a incrementar la tensión
de las figuras", argumentaba el artista madrileño.
Estamos pues ante una exposición en la que se
juega con el espacio dentro del marco de la arquitectura y la escultura.
El espectador encuentra piezas donde extasiarse, caso de Escenas de conversación
o el divertimento Viviendo en una caja de zapatos, que pueden parecer
tan ingenuas como el conjunto Trece riéndose unos de otros que,
desde el exterior del museo, cerca del Poppy, invita al curioso a participar
en un juego, un juego que tendrá en Figura colgante y Vitrinas
cruce de caminos sus puntos culminantes.
Estas esculturas encuentran singular compañía
en los dibujos realizados con carboncillo blanco sobre tela de gabardina
negra y obras sonoras radiofónicas creadas por Muñoz junto
a artistas tan destacados como el compositor musical del cine Alberto
Iglesias y el novelista e historiador John Berger. Se mire por donde se
mire, he aquí una de las muestras más atractivas del Guggenheim-Bilbao
para esta temporada. Concluido el plazo en la capital vizcaina, "Juan
Muñoz. Retrospectiva" se presentará en la Fundación
Serralbes, de Oporto, y en el museo Reina Sofía, de Madrid.
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