Rodin. El cuerpo desnudo.
Fundación MAPFRE. Madrid. Del 13 de mayo al 6 de julio de 2008
Por Julia Sáez-Angulo
Entre
las grandes piezas presentadas en la capital de España se encuentran
La Edad de Bronce; El beso; Manos de amantes; La avaricia y la Lujuria
o Balzac. Todas ellas aluden al cuerpo desnudo como expresión
de lo que bulle en el interior del espíritu del modelo o del concepto
representado a la par que la de su autor.
Esculturas y dibujos comprenden esta gran muestra y ambos
soportes dan cuenta de cómo el escultor iba dando forma a lo ideado
por su mente. Rodin fue el gran innovador de la escultura, un puente decisivo
entre el clasicismo y las vanguardias históricas. Y es precisamente
con el cuerpo desnudo como se aprecia fundamentalmente este tránsito
en el tiempo y la estética.
A lo largo de la historia del arte, la escultura clásica
había des-erotizado el cuerpo humano a través del canon:
al introducir el cuerpo en un "molde" de proporciones, se desmaterializaba
la carne. Rodin, por el contrario, es un escultor voluptuoso, que vivió
un tiempo en el que el erotismo se hacia más patente en la calle
y él quiso reflejarlo. Sus obras expresan el deseo sexual con claridad,
a veces con tono obsceno e inusual, incidiendo en el amor lésbico
–las flores del mal- que era trasunto del momento en París,
entre personajes conocidos.
Rodin
mostró como nadie el sexo femenino, su apertura descarada en ausencia
de rostro. La Mujer en cuclillas o Iris, mensajera
de los dioses son las piezas más conocidas en este aspecto.
El escultor profana la belleza femenina a través de la mutilación
de su cabeza, al tiempo que revela sus partes secretas, su pura carnalidad
y sexualidad, por encima de su rostro y su testa. Todo un reflejo de su
visión de la mujer, que guarda cierto paralelismo con Picasso.
Ambos deseosos de la hembra más que de la mujer, así en
su biografía. La vida de Camille Claudel lo ilustra en el caso
de Rodin; el suicidio de dos mujeres, en el del pintor malagueño.
En los desnudos de los cuerpos de Rodin hay carnalidad,
deseo, voluptuosidad, vicio. En el siglo XIX el desnudo se disfrazaba
con títulos de ninfas, nereidas, diosas... en suma el repertorio
de la mitología greco-latina y pagana. Pero Rodin no desea narrar
fábulas sino dar rienda suelta a la carne, aunque algunos de sus
títulos todavía refieran ecos clásicos como Andromeda
o Danaide. Rilke señaló que por encima de todo,
Rodin resaltaba la "carnalidad de los cuerpos". "Es carne
de verdad", decía el escultor cuando mostraba las obras a
los amigos.
Obsesiones de Rodin
Las manos entrelazadas o juntas es una de las obsesiones
escultóricas de Rodin (en sus cajones había multitud de
manos en yeso). Así se percibe igualmente en obras como "El
beso", en la que puede verse el deseo sexual y su papel en el proceso
creativo. Rodin fue innovador, transgresor, vendedor de obscenidades a
"viejos verdes" según se decía en la época.
Dibujos
y piezas de gabinete secreto, finisecular, decadente. Faunos y faunesas
para regodeo lúbrico. Museo secreto, sobre todo el de sus dibujos
realizados a partir de los 60 años, con modelos de mujer en su
taller. El hombre ya sin vigor frente al desnudo de mujer joven que excita...
Picasso lo hizo en la serie "El pintor y la modelo", en la que
reflejaba la tristeza y el abatimiento del artista frente a la belleza
fresca de la modelo femenina.
Una exposición que trae diversas reflexiones a
la mente del espectador. La particular o ausente tensión de lo
sagrado y lo profano; el recuerdo de las primeras piezas que compró
el primer Barón Thyssen coleccionista, por mediación del
secretario Rilke, y que figuran en el Museo de la Fundación Thyssen-Bornemisza
en Madrid, donde la Magdalena vuelve a mostrar esa carnalidad tan buscada
por Rodin.
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