El pan de los ángeles. Colecciones de la Galería de los Uffizi.
De Botticelli a Luca Giordano
CaixaForum Madrid. Paseo del Prado, 36. Del 19 de marzo al 25 de mayo de 2008
Por Julia Sáez-Angulo
"El
pan de los ángeles. Colecciones de la Galería de los Uffizi"
está comisariada por Antonio Natali, director de la citada Galería
en Florencia y se podrá visitar hasta el 25 de mayo. Las piezas,
que habitualmente no se encuentran en exhibición y que por primera
vez pueden contemplarse en España, pertenecen a la Galería
de los Uffizi, creada en su día por los Médici y hoy una
de las pinacotecas más célebres del mundo.
La exposición propone un recorrido por la pintura
italiana a partir de un tema –el cuerpo de Cristo como alimento
divino- que dio pie a una rica iconografía religiosa. El sacrificio
del Hijo de Dios redime a los hombres del pecado original. Los grandes
maestros del Renacimiento y el Barroco buscaron en el Antiguo Testamento
los precedentes de este episodio crucial en la creencia cristiana. En
suma una exposición que armoniza arte y espiritualidad.
Tres
tapices abren la exposición con los temas de la Última
Cena, el Descendimiento de Cristo de la Cruz y la Resurrección,
realizados a partir de cartones de Alessandro Allori y Francesco de Rossi,
Il Salviati. Hay escenas que anticipan el sacrificio de Salvador, como
por ejemplo El sacrificio de Isaac, en la interpretación
barroca de de Livio Mehus; o la sagrada comunión, en La caída
del maná, alimento divino, de Fabrizio Boschi.
El relato bíblico va llevándonos al correlato
plástico en la Natividad de Cristo, la Virgen, el Niño
y la Sagrada Familia, con piezas espléndidas como la Madonna
de la loggia de Botticelli (1467) o la Virgen con Niño
de Il Parmigianino (1525). La serenidad del clasicismo contrasta con la
exaltación del barroco, a lo largo de la muestra.
Los
apartados siguientes de la exposición son: Pecado y caída;
Nuevo Testamento. Encarnación y salvación; la Madre y el
Hijo; La Cena, la Pasión, el Calvario y, finalmente, La
Eucaristía. Todos son pieza de excepcional calidad que vale
la pena contemplar despacio para calibrar matices y detalles.
En el campo de la Madre y el Niño se pone de manifiesto
como la figura de María toma cada vez más relevancia como
representación del lado humano de la divinidad, tendencia que se
reafirma en el Quattrocento. Botticelli nos ofrece una imagen de madre
bella y dulce con su hijo en brazos. La relación con el Hijo se
va ensombreciendo ante una madre pensativa y absorta, que parece pensar
en la muerte ignominiosa que le espera a su hijo como redentor del mundo.
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