Picasso. Colección del Museo Nacional Picasso de París.
Museo Nacional centro de Arte Reina Sofía (MNCARS). Del 6 de febrero al 5 de mayo de 2008.
Por Julia Sáez-Angulo
Un
préstamo de piezas tan generoso sólo se concibe por la circunstancia
que lo ha hecho posible: las obras del Museo Picasso, situado en el célebre
barrio judío de Marais del XVIII, hoy feudo del lobby gay en la
capital del Sena. Por este préstamo de piezas, España ha
pagado la escalofriante cifra de más de tres millones de euros,
lo que significa que junto a otros préstamos de la itinerancia
en otros países, el vecino país galo va a sufragar con creces
las obras de reacondicionamiento.
Y cabe añadir, que como el dieciochesco Hotel
Salé, donde se instala el Museo Picasso no tiene espacios muy amplios,
muchas de las obras expuestas lucen hoy en Madrid mucho mejor que en París.
No olvidemos que la relación continente/contenido es fundamental
en el terreno artístico.
Artista que abrió caminos
Repasemos los fríos números de la exposición
de Picasso (Málaga 1881-Moulins, Francia, 1973): 250 pinturas,
70 esculturas, 174 dibujos, 9 cerámicas y 20 fotografías.
Abarca 75 años de la producción de artista fecundo y proteico
como pocos. Picasso era un artista total, es decir, interesado en todos
los géneros y materiales; un creador que abrió caminos,
sendas y trochas en numerosos movimientos de las vanguardias, desde el
constructivismo al pop, pasando por el objeto encontrado y reciclado en
sus ensamblajes o relieves en la pared.
La exposición se articula en: Primeros retratos,
protocubismo, cubismo y neoclasicismo (1895-1924); El contexto del Guernica
(1933-1951); Último período (1947-1972)
Si
Picasso se hubiera quedado en la nostálgica época azul o
rosa, hubiera sido uno más entre los artistas del noucentismo miserabilista
a lo Nonell, pero su inquietud lo llevó a romper los planos, quebrar
las formas y tratar de mirar al objeto desde diversos ángulos.
Como fundador del cubismo fue claramente pionero junto a Braque y Juan
Gris que le siguieron de cerca. Renovó la gramática de las
formas plásticas y su arte fue una revolución semejante
a la de la perspectiva renacentista italiana frente a la rigidez de la
pintura bizantina.
La colección del Museo de Picasso de París
es única y soberbia, a años luz de otras colecciones del
autor, como la contienen los Museos Picasso de Barcelona, Málaga
o Reina Sofía -MNCARS- nada desdeñables, por otra parte.
El acontecimiento de que pueda contemplarse en España durante cuatro
meses es algo tan excepcional que nadie que se precie debiera perderse
esta muestra que se completa junto a las piezas emblemáticas del
propio MNCARS como son el Guernica y la Dama Oferente.
En dos edificios
La exposición es tan amplia que ha necesitado,
además del edificio Sabatini, dos salas de la ampliación
de Nouvelle. Los arquitectos del montaje Patricia Reznac y Cesar Cabanas
han hecho un buen trabajo de reparto, no siempre fácil.
Y
ahora, que cada cual recree la mirada en su propio interés o emoción.
El espectador puede detenerse ante el extraordinario cuadro cubista "Hombre
con mandolina" (1911), para pasar al estilo clásico de su
periodo mediterráneo de Antibes, tras su viaje a Roma con obras
como "Dos mujeres corriendo en la playa (La carrera)" (1922),
para pasar de inmediato a cuadros como "La lectura" (1932),
con las formas redondeadas de Marie-Therese Walter o "Mujer leyendo"
(1935), donde el artista deriva al poscubismo.
Interesante detenerse en las cerámicas que Picasso
hiciera de manera frenética y compulsiva en Vallauris; en sus dibujos,
los de un artista imparable que no cesaba de hacer, de crear y de firmar;
en sus esculturas de hierro y bronce llenas de imaginación y novedad
si las situamos en los principios del XX. Los últimos diez años
de Picasso, que merecieron una gran exposición en el MOMA de Nueva
York, también tienen aquí sus piezas, con una Jacqueline
–su última esposa- serena y de belleza clásica.
Múltiple itinerancia
Pablo
Ruiz Picasso era un monstruo creador que necesitó el caldo de cultivo
de la libertad y el progreso para hacer lo que hizo en París, entonces
meca del arte. Nunca renunció a su nacionalidad española,
pese a las continuas invitaciones del Espado francés para adquirir
la gala- porque decía que sus ojos lo delataban como español.
Sus ojos de antracita, sus ojos de los códices Beatos del arte
románico que él seguramente vio durante su estancia en Cataluña
y que plasmó en muchas de sus figuras, incluyendo el autorretrato.
Nunca fue francés pero sí necesitó de la capital
de Francia, entonces meca de la pintura contemporánea para llegar
a donde llegó.
Lo que Picasso hizo antes de ser Picasso –en palabras
felices de Cirici Pellicer- era más de lo mismo, obras que continuaban
el simple buen hacer de su padre, profesor de dibujo. En suma, Picasso
es el gran genio español hecho en Francia.
Las
colecciones del Museo nacional Picasso de París viajarán
seguidamente a otros países como los Emiratos Árabes Unidos,
Japón, Canadá, Estados Unidos de América, Finlandia,
Rusia y Australia. Quizás sea demasiado movimiento para grandes
obras, algunas de ellas maestras, teniendo en cuenta el principio de que
"las grandes obras de arte no viajan", es decir: no deben viajar
en exceso.
El Museo Picasso de París se fundó en 1985
con las obras seleccionadas de modo preferencial por Estado de entre 70.000
conservadas en los distintos talleres del artista. Cerca de 3.000 obras
se detrajeron en un primer momento para ejercitar la dación solicitada
por los herederos del artista malagueño, fondo al que se ha ido
sumando la documentación donada por esos mismos herederos a base
de fotografías y documentos. A todo esto hubo que añadir
más adelante la dación de 1990, realizada a partir de la
muerte de Jacquelique Roque, ultima esposa del pintor, con cien nuevas
obras que ilustran el trabajo del artista en los años 60.
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