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"El papel del arte VI" (De Goya a Benlliure)


Museo de Bellas Artes de Bilbao.
Del 19 de noviembre de 2007 al 17 de febrero de 2008



Dibujos, grabados y acuarelas del siglo XIX



Por Alberto L. Echevarrieta

 

Para las pinacotecas, la exhibición de obras sobre papel siempre es problemática, sobre todo por lo especialmente sensible de su materia, y quizá también, aunque en menor medida, por su menor espectacularidad con respecto a los óleos. En el tiempo, "El papel del arte VI" abarca el siglo XIX con trabajos de Goya, Rosa Bonheur, Juan Barroeta, Mariano Fortuny, Eduardo Zamacois, Anselmo Guinea y Mariano Benlliure.

El papel del arte VIEsa prevención que muchas pinacotecas suelen tener a la hora de exponer obra sobre papel –grabados, dibujos y acuarelas-, por considerar trabajos menores aunque sus autores tengan la categoría suficiente como para no poner en tela de juicio su magistralidad, ha sido vencida por el Museo de Bellas Artes de Bilbao arriesgándose en el programa "El papel del arte" que ya alcanza su sexta edición. Las setenta y cuatro obras que se pueden ver en esta ocasión posiblemente no tengan la espectacularidad que se observa en la exposición inmediata dedicada a Poussin, pero permite contemplar, por ejemplo, los tres primeros grabados que Francisco de Goya hizo para las series Los caprichos, Los desastres de la guerra y La tauromaquia, que ya justifican el muestrario.

En estos grabados, pertenecientes a la pinacoteca bilbaina -que atesora doscientos del artista de Fuendetodos-, se aprecia la mayor concentración expresiva que Goya imprimió a su obra tras la muerte en 1812 de su esposa Josefa. Renuncia a las veladuras a favor de una mayor fuerza, más cuajada de materia. Salta a la vista en La tauromaquia, donde experimentó con la técnica litográfica que acababa de darse a conocer en España. En Los desastres de la guerra refleja la violencia desatada de algunos episodios de la dominación francesa. Goya, que entonces desarrolló el período más intenso de su vida artística, se informó en los círculos afrancesados plasmando situaciones en plan testigo de segunda generación. Son las "fotografías" que nos ha dejado de una época.

El papel, nueva salida al arte

"El papel del arte VI" nos permite la inmersión en un siglo fecundo para la creación artística que se inicia con la herencia del estilo académico del siglo anterior y culmina con la formulación de nuevas leyes artísticas. El uso del papel permitió a muchos artistas asomarse de forma satisfactoria a publicaciones, bien sea periódicos, semanarios e incluso libros, dado que la utilización de técnicas de grabado y estampación mejoraba notoriamente y los acabados eran muy aceptables. Añádase a esto que el grabado, además de permitir la reproducción de obras maestras de la pintura, les permitía hacer sus propias "traducciones" de cuadros de otros autores. Es el caso de un trabajo de Manuel Esquivel de Sotomayor con un Tintoretto.

La consideración de la expresión plástica sobre papel como una manifestación artística de gran importancia, ha ido ganando terreno con el tiempo. La profusión de grabados durante el siglo XIX conlleva que sus autores tomen conciencia expresa de la obra que hacen con esta técnica, la firmen y limiten sus ediciones.

Fortuny y Benlliure, de los mejores

Uno de los mejores grabadores de ese tiempo fue Mariano Fortuny. El de Reus desarrolló siempre una técnica sutil y delicada, gracias a su notable destreza con el lápiz. Lo demostró en las notas de la campaña militar española en África a donde marchó a instancias de la Diputación barcelonesa. Aquí está representado con el magnífico retrato que le hizo al pintor bilbaino Eduardo Zamacois.

El papel del arte VIEl género del retrato, muy propio de los dibujantes, fue cultivado por Anselmo Guinea, Francisco de Bringas, Ignacio Suárez Llanos, el propio Zamacois y Mariano Benlliure.

Benlliure, cuya producción escultórica para monumentos públicos tiene en Bilbao notable representación, trabajó mucho la acuarela, representando escenas de tauromaquia, carteles y decoraciones para fiestas benéficas. Aquí se puede admirar la acuarela Una bacante, realizada en 1888, plena de luz y colorido.

La acuarela fue un género independiente con presencia notoria en el siglo XIX. Surgieron importantes asociaciones de acuarelistas en el Reino Unido, Francia, Italia y España que promovieron exposiciones con el fin de comercializar sus obras. Éstas representaban mayoritariamente temas historicistas o de carácter exótico, teniendo entre sus autores destacados a Zamacois y al mismo Anselmo Guinea.

El dibujo, que hasta entonces había estado relegado a la preparación de bocetos, óleos y decoraciones murales, empezó a tener peso en artistas como Rosa Bonheur, cuyos trabajos se exponen en esta muestra. Juan Barroeta, por su parte, demuestra con su obra haber poseído una tremenda destreza en el dibujo.

Muchos de estos trabajos se vieron reflejados en la decoración de álbumes para círculos intelectuales y artísticos de la época referida. Uno de los que más llama la atención es el que perteneció a Julio Enciso, biógrafo que fue del tenor roncalés Julián Gayarre, y que posee ilustraciones de Echenagusía, Guinea, Benlliure y Cecilio Pla, entre otros.

Sin ser especialmente espectacular, "El papel del arte VI" posee el interés de las pequeñas obras maestras del arte universal.

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Nº 30 - Febrero de 2008

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