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Elena Blasco: "Muchacha con idea clavo"


Galería Fúcares, Madrid.
Del 10 de noviembre de 2007 al 5 de enero de 2008.

Página Web: http://www.fucares.com/artistas/blascoelena.htm



Por Mariano de Blas

 

Elena BlascoElena Blasco constituye el paradigma del artista, incluso la persona, que, con el tiempo, se vuelve más y más niño. Niñez en el sentido de sabiduría, en cuanto que distanciamiento de supuestos importantes que en el arte son la moda, la fama, su mundo social de bambalinas. La consecuencia en la artista, es una fresca, "juvenil", espontánea manera de trabajar que, como un acto zen, es fruto de una larga y deliberada meditación.

Si no se incurriera en un imperdonable pecado de impertinencia, Elena Blasco podría pergeñarse en la imagen de un orondo y viejo buda feliz, porque la artista no es ni vieja ni gorda. En su ya larga trayectoria artística nunca han faltado los objetos ni las instalaciones, usando variopintos materiales y técnicas, con la preferencia por la textura plastificada y colorista. La pintura, asimismo, siempre ha estado presente pero, en su actual exposición, es esa pintura la única representante de su trabajo.

Desde un punto de vista técnico, el uso de superposición parcial de sucesivos metacrilatos pintados con acrílico, le permite mantener su marca de fábrica de colores intensos. Es una presentación que sacude al espectador por su directo lenguaje inmediato y alegre. El contenido se mantiene en una rememoración que, mediante su trabajo, se convierte en conmemoración, de su infancia y de su cotidianeidad. Un contenido que se basa en una existencia sin los trepidantes episodios de una película de acción al uso norteamericano, pero plena de sucesos personales que ella, como cualquier buen artista, es capaz de hacer intensos, extrayendo una experiencia estética (y por tElena Blascoanto una producción de conocimiento) de sucesos cotidianos. Blasco sigue con la crítica irónica, aparentemente ligera, del modo vivir burgués, con sus apariencias y su represión sumisa, y en la versión actualizada, de consumismo feroz.

La mirada de la artista proviene desde su misma biografía burguesa, desde el interior mismo de la realidad que muestra. A ello se añade la mirada femenina, la declamación de las señas de identidad femenina que ella teatraliza mediante la supuesta "princesita objeto", en donde el candor, la dulzura, el feliz despliegue de bonitos colores, encierra una anulación de la mujer bajo discutibles excusas y racionalizaciones. Desde la comparación de sus trabajos, se podría afirmar que Elena Blasco se mueve formalmente en las antípodas de Louise Bourgeois.

La ironía y el humor inteligente, el reírse de uno mismo y de su mundo para deconstruirlo mediante unos elementos reconfigurados, es una opción inteligente y divertida. De los impresionistas se pensaba en su momento, que se burlaban de la pintura y de todo lo que esa pintura académica representaba, un orden de valores burgués dieciochesco, cuando lo que en realidad estaban haciendo era representarlos muy acertadamente. Lo prueba la clamorosa aceptación que tienen "ahora" los cuadros impresionistas, por los descendientes de esos encolerizados burgueses. Los cuadros historicistas del XIX español, recientemente repuestos en la ampliación del Museo del Prado, aparecen como escenarios de cartón piedra, a pesar de su innegable mérito de oficio de pintor. Enfrente, las obras de los impresionistas del Museo Thyssen son capaces, en menos espacio entelado, de parecer más creíbles por la fuerza de su discurso "real" y no teatralizado. La obra de Elena Blasco parece participar de esa capacidad de "impresionarse" para impresionar en su trabajo partes de nuestra realidad presente, bajo ese discurso fluido de fondo irónico.

Elena BlascoPara tratar este discurso desmaquillado y "real", Elena Blasco se ha basado esta vez, en el uso de pintura "plana", en el sentido que daba Clement Greenberg. El empleo de una técnica "clásica", la pintura, que está luchando casi por su supervivencia entre modelos caducos que supuestamente tratan de mantenerla con vida cuando lo que hacen es disecarla, y las nuevas propuestas artísticas con arrolladores nuevos medios técnicos, hace más interesante, si cabe, el reto. Si "el medio es el mensaje", Blasco ha recurrido al medio que ahora más esfuerzo requiere para parecer "moderno" y actual.

La composición y la realización son muy libres y espontáneas. Las imágenes se presentan tan bien resueltas y construidas precisamente por una larga marcha de estudio y trabajo. Lo más difícil suele aparecerse como algo fácil precisamente por la bondad de su resolución. Aquí todo parece encajar, colores, formas, brochazos y pinceladas, tonos y colores. Refuerzos de dibujo o manchas potentes. La feliz ocurrencia de los metacrilatos no parece imponerse sino que transmite una sutil frescura y originalidad, que no se muestra exagerada, sino que se hace notar discretamente. Contribuye a ello una impecable presentación, una profesional manera de presentar una obra bien hecha que hace que el discurso sea sólido y potente, eso sí, con una sonrisa y una gran "felicidad", la del sabio, no la del tonto o del alienado.

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Nº 29 - Enero de 2008

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