Susana Solano. Proyectos.
Fundación ICO. Madrid. Del 3 de octubre al 6 de enero de 2008
Por Julia Sáez-Angulo
La exposición tiene lugar en la Fundación
ICO en Madrid y permanecerá abierta hasta el 6 de enero de 2008.
La comisaria de esta exposición -que comprende además, dibujos,
esculturas, fotografías y videos- ha sido Clara Solá-Morales
que ha llevado a cabo un diseño y montaje muy particular de la
muestra a base de paneles rizados de cartón blanco de relleno de
puertas.
Nacida
en Barcelona en 1946, Susana Solano irrumpió en el circuito artístico
en 1980, año en que expuso en la Fundación Miró de
la ciudad condal. La escultora ha expuesto con frecuencia en la capital
de España (Oliva Arauna y Helga de Alvear) y sus obras figuran
hoy en los museos más relevantes de distintas ciudades.
La muestra actual viene a refrendar a esta consolidada
artista con un planteamiento original de sus ideas germinales y manipulaciones
inmediatas de materiales como cartones, papel vegetal, mallas, retículas,
plomos..., hacia unas maquetas o proyectos construidos o no. Curiosamente
el espectador se detiene ante algunas de las ideas rechazadas como la
que elaboró para una de las oficinas del Banco Santander en Madrid,
que interactuaba sobre algunos balcones de la fachada.
La filosofía de la Fundación ICO, como
bien resaltó su directora, Inmaculada Corcho, pretende dar a conocer
la obra menos difundida de los creadores que integran sus colecciones
y Solano es una de las artistas que figuran en sus fondos.
"Para intervenir en un espacio hay que estudiarlo
a fondo, conocer los límites y ser sumamente respetuoso con el
lugar", declara Susana Solano, que ha llevado a cabo esculturas urbanas
en Alemania, Suecia, Portugal y Bélgica. La escultora estudia también
los materiales de la zona en que interviene para establecer un diálogo
de cercanías entre la naturaleza y la obra artística.
En
algunos países nórdicos, los ayuntamientos se reúnen
con las juntas de vecinos antes de implantar una escultura en un recinto
para escuchar sus alegaciones y comprobar la simpatía o rechazo
que pudiera despertar. El vecindario acaba decidiendo por votación
si se aprueba o no la presencia escultórica. Recordemos que los
grandes muros de acero cortén de Richard Serra, en algún
parque de los Estados Unidos, han sido motivo de protesta porque eran
lugar de escondite, asalto o letrina de elementos asociales.
El monumento a Eva Perón, en el parque madrileño
que lleva su nombre, también fue objeto de protesta en tiempos
del alcalde Álvarez del Manzano, porque, además de parecer
un panteón de mármol blanco con un busto, rompía
la armonía de una amplia escalinata inicial del parque.
"Los espacios públicos son habitados y compartidos
por lo que requieren un máximo respeto y entendimiento entre el
autor, la obra, y los ciudadanos que van a contemplarla cada día",
señala Susana Solano
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