Eduardo Laborda. Pintura/Dibujo
Capilla de la Beneficencia. Logroño. Del 13 de septiembre al 15 de noviembre de 2007
Por Julia Sáez-Angulo
Es uno de los artistas figurativos más sobresalientes
del panorama pictórico español. Su buen hacer pictórico
se sustenta en un gran dominio del dibujo y un mundo entre onírico
y romántico, teñido a veces por un realismo descarnado.
Actualmente presenta una amplia muestra retrospectiva en el hermoso marco
de la Capilla de la Beneficencia de Logroño. La muestra está
patrocinada por la Consejería de Cultura del gobierno de La Rioja
y Cajalon.
Nacido
en Zaragoza, Eduardo Laborda confiesa su admiración por la pintura
bien hecha de los maestros del XIX como Rosales, Moreno Carbonero, Ulpiano
Checa, Mariano Fortuny y Marsal junto a otros nombres que albergaba con
justicia el Casón del Buen Retiro del Museo del Prado. Pintores
académicos a los que se les exigía una base firme de dibujo
y una capacidad de representar personajes de la historia o de la mitología
en conjuntos que requerían maestría y oficio.
De hecho el pintor aragonés colecciona algunas
piezas de artistas decimonónicos que a veces encuentra en las tiendas
de antigüedades o casas de subastas. De esa veta se alimenta la pintura
figurativa de Laborda, dotada como ninguna otra para el retrato, la figura
humana, la estatuaria o la alegoría. De "universo posmoderno"
lo califica Jesús Pedro Lorente en la presentación del catálogo.
El pintor ha recogido en sus cuadros las estatuas que
"suelen estar mutiladas y resquebrajadas por los elementos y el paso
del tiempo, a pesar de sus materiales marmóreos o broncíneos,
cosa que añade un simbolismo de caducidad a estos emblemas de permanente
solidez", subraya Lorente. Una vez más la metáfora
del paso del tiempo, una "vanitas" sui generis la de este artista
que se detiene morosamente en los pliegues de un peplo o los recogidos
de un cabello.
En
su última etapa Eduardo Laborda recurre a modelos femeninos exuberantes
y carnales, mujeres ubérrimas de porte realista junto a maquinarias
en desuso o en paisajes misteriosos de mar y rocas. El autor no prescinde
de su gusto por el símbolo o la metáfora: una paloma muerta
a los pies de la Venus carnal o los glúteos de una mujer de pelo
masculinizado junto a un extraño artefacto que mira al faro lejano.
A veces utiliza como modelo a su esposa Iris Lázaro,
también pintora figurativa de estilo más sutil y cercano
a la naturaleza y los textiles. "Deméter, Ecce mulier"
es uno de los cuadros que la representa y que forma una trilogía
junto a los titulados "Andrómeda y Afrodita", todos ellos
de gran formato.
En suma, la pintura de Eduardo Laborda conjunta la referencia
histórica o mitológica con el tiempo en que le ha tocado
vivir. Está convencido, junto a otros artistas como Perez Villalta
o Verdasco, de que el viejo repertorio conceptual sigue teniendo un valor
universalmente aceptado, si bien él los reinterpreta con guiños
irónicos, grotescos o con distanciamiento.
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