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Picasso: "Suite Vollard"


Museo de Bellas Artes de Bilbao.
Del 3 de julio al 23 de septiembre de 2007


Trabajos del malagueño entre 1930 y 1936



Por Alberto L. Echevarrieta

 

PicassoPosiblemente Ambroise Vollard fue la persona que más influyó en Pablo Picasso. Cuando el galerista y marchante vio los primeros trabajos del malagueño siendo éste un muchacho, se dio perfecta cuenta de que estaba ante un genio de la pintura. Posiblemente su olfato para el arte le puso en guardia ante lo que tenía delante y que por ello había que promocionar y sacar adelante a aquel joven recién llegado a París. Con confianza plena organizó, en junio de 1901, la primera exposición de obras de Picasso. No fue éste el primer descubrimiento de Vollard, ya que en su galería colgaron Manet, Degás, Bonnard, Cézanne, Matisse, Van Gogh y Gauguin cuando eran unos desconocidos, incluso para los críticos oficiales de arte de finales del siglo XIX. A partir de ese momento su apoyo fue total y exclusivo hasta su fallecimiento en 1939 en un accidente de tráfico. El resultado de su gestión es de sobra conocido.

La exposición que puede verse en el Museo de Bellas Artes de Bilbao nos ofrece los 97 grabados que materializó el malagueño a instancias de su padrino con el añadido de tres retratos que le hizo en 1937. Conocidos universalmente como "Suite Vollard", estos trabajos fueron realizados entre 1930 y 1936 a propuesta de su descubridor al que se los vendió para recuperar así algunos de sus cuadros que ya eran propiedad del tratante.

Agrupadas en cuatro bloques, las obras que componen la "Suite Vollard" se mantuvieron dispersas durante mucho tiempo dada su diversidad técnica y su temática, tan típicamente "picassiana" como variada, que va desde "El taller delPicasso escultor", "Rembrandt", "La batalla del amor" hasta el ya citado "Minotauro". El origen remoto de algunos grabados lo encontramos en un relato breve de Honoré de Balzac titulado "La obra maestra desconocida" (1831), cuya lectura impresionó profundamente a Picasso. En él se narra el esfuerzo de un pintor por atrapar la vida a través de la belleza femenina y plantea premonitoriamente los orígenes del arte moderno. En realidad, era un argumento que le resultaba muy próximo.

Sin seguir lógica alguna, las obras que se exhiben son productos de la arbitrariedad del artista, muchas veces influido por los acontecimientos externos. No todas le costaron el mismo tiempo. Hay once, por ejemplo, que los hizo en cuatro días, lo que indica que obró con total libertad.

La década de los años 30 fue harto conflictiva para Pablo Picasso. El desaliento y la destrucción que conllevan las guerras, así como una vida familiar realmente caótica, influyeron notablemente en la obra del pintor. El millonario premio Carnegie, conseguido con un viejo retrato de su madre pintado en 1918, le había permitido comprarse un suntuoso chalet en la campiña de Boisgeloup, donde se volcó en la escultura centrando su atención en la figura humana y en el rostro.

PicassoFue un tiempo en que las galerías empezaron a disputar su obra. Partiendo de París, su fama ya se extendía por Nueva York y Londres. Por entonces, su mente daba vueltas a la figura del minotauro, la bestia salvaje con cuerpo humano y cabeza de toro que presidía tanto la destrucción total como la autodestrucción, hundiéndose en el laberinto en el que se movían las fuerzas del mal. Picasso se sintió especialmente atraído por esta figura de la mitología griega. El enfrentamiento entre el caballo y el toro de su "Minotauromaquia" (1935) representa la lucha, a veces política, entre el bien y el mal. En su época, este grabado constituyó todo un acontecimiento, considerándose a todas luces el trabajo más ambicioso que el malagueño había realizado hasta entonces.

Al año siguiente fue nombrado director del Museo del Prado, cargo que no llegaría a ejercer. Poco después realizaría "Guernica", obra dedicada al bombardeo de la villa vasca con destino al casi mítico pabellón de la república española en la Exposición Universal de París de 1937. En ella plasma imágenes de horror, muerte y destrucción en un lenguaje que recapitula la etapa que ahora podemos ver en la exposición de Bilbao.

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Nº 25 - Septiembre de 2007

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