Van Gogh invitado en Bilbao
"Campo de trigo con una perdiz" en el Museo de Bellas
Artes.
Del 9 de julio al 30 de septiembre
Por Alberto L. Echevarrieta
"Campo
de trigo con una perdiz" es uno de los óleos más
característicos del pintor holandés en su período
parisino. Gran admirador de la naturaleza, Vincent Van Gogh
se sintió atraído por los campos de trigo y la posibilidad
colorística que ofrecían. Dos años antes de realizarlo
había abandonado los Países Bajos instalándose con
su hermano en la capital francesa. Allí descubrió la gran
pintura impresionista y sobre todo el arte japonés. También
fue punto de reunión con jóvenes artistas como Henri
de Toulouse-Lautrec y Paul Gauguin, con quien
tantos lazos le unirían.
La estancia de Van Gogh en París
se distinguió por la realización de gran número de
pinturas y dibujos, siendo "Campo de trigo con perdiz" el
primero de estos trabajos. Aquel contacto con un universo nuevo, pleno
de variedad de colores, significó un cambio radical en su técnica
paisajística al tiempo que una oportunidad única para descubrir
nuevos tipos y curiosos rincones en el interior de cafetuchos que luego
trasladaría al lienzo.
La colina de Montmartre y la zona norte del Sena fueron
lugare s
adecuados para plantar el caballete y reflejar cuanto desde allí
se divisaba. En alguno de ellos quedó prendado de la belleza que
le ofrecía un campo de trigo, plasmándolo al óleo
con tres zonas casi paralelas en horizontal que suponen la tierra, el
cereal y el cielo, a las que añadió el detalle de la perdiz
sobrevolando las espigas. Una composición sumamente sencilla, pero
muy efectiva que proporciona una gran sensación de profundidad.
Van Gogh obliga a centrar la vista en
el trigo que se inclina hacia la izquierda del cuadro. Junto a tonos ocres
y verdes utiliza la presencia de algunas amapolas para darle unas pinceladas
alegres que contrastan con el rastrojo que orienta sus puntas hacia la
derecha, en sentido contrario. Y sobre todo ello un cielo azul con nubes
blancas dominando cuanto crece del suelo. Hay en todo ello una sensaci ón
de movimiento por causa de un viento al que se siente y que parece ser
la causa de la partida de la perdiz hacia nuevos horizontes.
No era la primera vez que el holandés abordaba
el tema campesino en uno de sus trabajos, ya que se mostró un profundo
admirador de "El sembrador", de Jean-François
Millet, cuyas obras de corte decidido y vigoroso plasticismo
siempre le fascinaron.
Los tres años que Van Gogh pasó
en París marcaron al artista y buena prueba de ello es la colección
de dibujos y pinturas que hizo en aquella época y que han quedado
para la posteridad como ejemplo de su innato amor por la naturaleza. Un
ejemplo lo tenemos en este cuadro que preside el Hall Mogrovejo del Museo
de Bellas Artes de Bilbao durante este verano.
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