Hélio Oiticica: El cuerpo del color.
Oiticica, la emancipación del color
Por Mariano de Blas
Hélio Oiticica (1937–80) fue de los más
innovadores artistas brasileños que logró hacerse un lugar
en el arte internacional. Ahora la Tate le dedica una exposición
en las que se pueden contemplar más de 150 trabajos, incluyendo
sus coloristas instalaciones de
la época de 1955, que no han sido expuestas en los últimos
cincuenta años. Son unas obras que se pueden tocar, penetrar o
incluso vestir. En España ya se pudo ver una exposición
de Oiticica en la Fundació Antoni Tàpies a finales de 1992.
Oiticica era, además de un artista, un pensador.
Estaba muy vinculado a su tierra, nació y murió en Rio de
Janeiro, con sólo 43 años. Tuvo una educación muy
especial como hijo de un entomólogo que era también fotógrafo
y pintor, y nieto de un filólogo y dirigente anarquista. Oiticica
llegó a ser muy conocido en Brasil, pero esta exposición
le consagra todavía más a nivel internacional, como uno
de los artistas más profundos y aventureros de estos últimos
tiempos.
Situándose audazmente entre la vanguardia, la
cultura popular brasileña, las realidades del ‘subdesarrollo’
y el radicalismo de los sesenta, hizo una profunda reflexión sobre
los temas relacionados con el ‘arte’, la ‘invención’
y la ‘libertad’, en nuestro mundo contemporáneo. Se
puede decir que Oiticica es una consecuencia de la brillante explosión
de la actividad artística que tuvo lugar en Brasil durante los
años cincuenta y sesenta, que abarcó música, cine,
arquitectura, poesía y artes visuales, en la que Oiticica adoptó
una postura muy innovadora con sus Bólidos, Penetrables y Parangolés
de mediados de los sesenta.
Oiticica
deseaba que el artista se definiera no como "fabricante de objetos",
sino como "proponente de costumbres". Sus Bolides sólo
tienen sentido cuando se las manipula. Inmediatamente antes, Oiticica
había creado Relievos espaciales, estructuras colgantes
que el espectador debía rodear, según los preceptos del
neoconcretismo.
Pensaba que fue en 1959 cuando empezó a crear
su verdaderamente. Fue entonces con Relevo espacial, cuando exploró
la desintegración del soporte pictórico y de los conceptos
formales de la pintura. El desarrollo un arte participativo, lo denominó
"estado de invención colectiva". Esta desconstrucción
de la pintura le permitió concebir un arte que ya no era pintura
sino un objeto tan accesible como cualquier otro objeto en el mundo.
De formación europea, basada en los maestros
de la Modernidad como Paul Klee, Kasimir Malevich and Piet Mondrian, su
color se fue liberando del plano pictórico para adquirir una forma
espacial, llegando a suspender las pinturas y los relieves, objetos escultóricos,
ambientes penetrables, "pinturas habitadas", en forma de capas
(prende vestir), tiendas y banderas, todo diseñado para ser llevado
y usado moviéndose a ritmo de samba.
Esta experimentación con el color le condujo
a plantear nue vos
límites del concepto de obra de arte. Sus innovadores trabajos
pretenden transformar dicha noción a partir de una nueva relación
entre el público y las piezas; buscando despojar a éstas
de cualquier sentido contemplativo en beneficio de la indagación
en las posibilidades perceptivas del color y de los aspectos sensoriales
o propiamente fenomenológicos de éste.
En 1959, Oiticica se convierte en uno de los fundadores
del grupo neo-concreto de Río, del que formarían parte:
Lygia Clark, Ligia Pape, Amilcar de Castro y Franz Weissmann, y con el
que se intenta dar mayor libertad creativa a las propuestas plásticas
de entonces, alejándolas del exceso racionalista que estaba implicando
el concretismo brasileño. Su trabajo desarrolla entonces un sentido
multidisciplinar de obra de arte apelando el empleo de poesía,
arquitectura, música e incluso cine.
Con esta exposición se puede apreciar tanto la
técnica como el concepto del artista, recorriendo todas sus etapas,
ya sean pinturas, guaches, material documental, bocetos, periódicos,
planos, videos y maquetas. Esto sirve para ofrecer ejemplos sobre su particular
concepción de obra de arte. Están presentes etapas cruciales
como: Penetrables (1960-79), Nuclei (1960-66), Bolides
(1963-69) y Parangolés (1964-79). Esta muestra que
representa una ocasión única para acercarse al trabajo de
uno de los representantes más destacados del arte latinoamericano
a nivel internacional.
Oiticica quiso crear un arte moderno con carácter
brasileño. Para ello se apoyó en una cultura que incide
en lo sensorial y participativo. A l
animar a la participación en sus obras, Oiticica rompió
la noción tradición de "bellas artes", al difuminar
la frontera entre arte y vida cotidiana. En sus ambientes interactivos,
tales como Tropicalia, lleva a cabo su ideario artístico
bajo una distintiva imaginería brasileña. Se pregunta en
¿Es la pureza un mito?, acerca de los significados de
la cultura híbrida brasileña y si realmente llega al mestizaje.
Declarando orgullosamente que los brasileños son negros, indios
y blancos todo al mismo tiempo a diferencia de una supuesta pureza proveniente
gran arte europeo modernista. Así se decanta por lo que puede ser
visto desde lo europeo como desorden, es decir, por una libertad y por
una experiencia comunal, lo que conduce de nuevo a su Tropicalia
exponente de una ‘impureza radical’. Trabajo reforzado por
la colaboración de los poemas de Roberta Salgado, Tropicalia,
trata de las favelas, triste seña de identidad de Rio de Janeiro,
en donde el visitante es invitado a penetrar en sus pequeñas pero
coloristas estancias.
Además de la exposición propiamente dicha,
la Tate le expone junto a otros artistas en otra muestra dedicada a la
galería londinense Signals, activa durante la década de
los 60s.
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