Sol naciente
Sala Municipal de Exposiciones de San Benito. C/ S.Benito s/n. Valladolid. Del 7 de marzo al 8 de abril de 2007.
Por Ángela Rubio
Horacio
Fernández –comisario, historiador, crítico de arte
con abundante trabajo centrado en la fotografía- nos presenta en
esta exposición producida por La Fábrica una excelente selección
de fotografía japonesa actual. Estos jóvenes artistas –todos
ellos nacidos entre 1965 y 1974- realizan aproximaciones fotográficas
en torno a la naturaleza y el paisaje. Géneros presentes en la
pintura oriental mucho antes que en la occidental. La geografía
de relieves muy marcados con profundos valles surcados por ríos
y elevadísimas cumbres con un clima extremado de veranos tropicales
e inviernos continentales hacen que el hombre se sienta aplastado por
la naturaleza y al mismo tie mpo
adaptado a su medio.
Lo que encontramos en la exposición es la conciliación
entre pasado y presente a través de una reinterpretación
del paisaje japonés llena de valores sugerentes con un lenguaje
contemporáneo. Sin duda el artista más representado en la
exposición es Yakashi Yasumura (1972). Nos presenta paisajes convencionales
junto a interiores domésticos en los que también hay representaciones
de paisajes. El paisaje en el que aparece un hombre en pie entre arbustos
con flores rosas y al fondo una elevada montaña, sintetiza a la
perfección la tradición paisajística que rememora.
Del mismo modo la fotografía con un hombre sobre una roca entre
la espesa niebla evoca la filosofía zen por la cual el hombre está
inmerso en la naturaleza formando parte de ella hasta llegar a una unión
cósmica. Demuestra, además, su dominio técnico en
la composición equilibrada entre espacios y formas. La roca forma
una diagonal que divide la obra en dos, tras ella un gran espacio v acío
blanco -símbolo del vaciamiento espiritual- transmitiendo una inalterable
paz interior a la que sólo se puede llegar a través de la
simplicidad que elimina lo superfluo quedándose con la esencia
del ser. En estas dos obras está muy marcada la sensación
de soledad como esencia de la vinculación con la naturaleza. Los
hombres, que en ambas aparecen, buscan claramente el aislamiento, la intimidad.
En otra instantánea, una mujer a los pies de
una colosal montaña inaccesible que es venerada como un dios, representa
la fuerte sumisión que marca la vida cotidiana del japonés
al que todo se le impone y que encuentra en la imaginación una
manera de sobrevivir. Las fotografías de interiores domésticos
reflejan el contraste entre la tradición y la vida actual en la
que los antiguos arquetipos aparecen domesticados y las tradiciones son
banalizadas. El pasado forma parte del presente pero de forma diferente.
De
Nobuo Asada (1967) podemos ver una excelente fotografía tomada
dentro del mar lo que amplia el horizonte acentuando esa sensación
de formar parte del mismo. Es la plasmación perfecta del concepto
de paisaje o sansui que literalmente significa “montaña agua”
donde el movimiento del agua crea formas angulosas muy parecidas a las
de la montaña nipona. El deseo fundamental no es tanto copiar la
realidad sino más bien atrapar el espíritu en movimiento.
El cuadro o fotografía es un tiempo que no se va a repetir, resulta
imposible volver a repetir ese oleaje. Capta el desarrollo de la vida
en un espacio y tiempo a través de la sensación espontánea,
única y verdadera.
En la última sala está presente Rika Noguchi
(1971) quien se centra más en el Japón como potencia económica
y bandera tecnológica de innovadoras tendencias. En sus fotos aparecen
construcciones hipertecnológicas en lugares de sobrecogedora belleza
paisajística buscando el conocimiento de la naturaleza inexplorada.
Mirando al futuro hace un guiño al pasado ya que vuelve a mostrarnos
cómo la arquitectura japonesa se funde con el paisaje.
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