Isabel Santaló: Antológica
Casa Góngora. Córdoba. Del 9 al 31 de marzo de 2007
Comisario: Jaime Figueroa
Camino a la abstracción
Por Carmen González García-Pando
El 8 de marzo de 1908 un terrible suceso conmovió
al mundo: 129 trabajadoras de la fábrica Sirtwoot Cotton de Nueva
York fueron quemadas por reclamar la igualdad de derechos laborales. Pedían
una jornada de 10 horas diarias y descanso dominical. Desde entonces,
año tras año, la celebración de este día se
fue instaurando paulatinamente en distintos países y, aunque hay
quienes pensamos que ya no debería ser necesario conmemorar esta
jornada, lo cierto es que la igualdad total aún es una utopía
y queda un largo camino por recorrer.
No
es mera coincidencia la elección de esta fecha para presentar el
trabajo de la pintora cordobesa Isabel Santaló. Los cuadros aquí
presentes responden a una larga vida de trabajo y esfuerzo, de lucha y
compromiso. Cómo olvidar, por ejemplo, su participación
en aquella exposición colectiva de 1980, en la sala Tiépolo,
a favor de los derechos humanos para, como rezaba el catálogo,
"dar público testimonio de nuestros comunes deseos para el
logro de una sociedad humana justa, libre, convivencial, generosa y feliz".
Santaló ha sabido aunar tenacidad y estudio con
una innata habilidad creativa cuyo resultado final la ha situado entre
las primeras generaciones de mujeres creadoras plásticas vinculadas
a la vanguardia artística del siglo XX. En este largo periplo artístico
son muchas las exposiciones donde hemos contemplado su trabajo pero en
ninguna como la presente antológica para conocer la trayectoria
pictórica de la artista.
Descubrimos unos inicios marcados por pautas academicistas,
por el encorsetamiento de quien se afana tímidamente por cumplir
fielmente las enseñanzas aprendidas. Todavía está
muy próximo el periodo de formación en los talleres de Vázquez
Díaz, los estudios de restauración en Roma y el aprendizaje
junto a Ángel Ferrant. De aquella época inicial nos quedan
los tiernos recuerdos de cabezas femeninas, rostros de niños y
bodegones. Una etapa figurativa que muy pronto dará paso a otra
menos meditada y minuciosa.
En las primeras apariciones junto a Chillida, Feito
y Quirós entre otros, su pintura presenta aún una curiosa
mezcla de tendencias realistas y abstractas. Santaló se desvincula
de
las imágenes evidentes, busca la vaguedad de lo representado y
se acerca a la abstracción. Técnicamente evoluciona hacia
una pincelada más libre y de ejecución espontánea
que recrea ambientes evanescentes. Su observación de la naturaleza
la lleva a cabo desde una óptica íntima e espiritualizada,
no exenta de cierto lirismo, cuyo resultado último son esas composiciones
armónicas ejecutadas con trazo perfecto y conocimiento exacto de
los materiales empleados. Pero para un espíritu inquieto como el
suyo no era suficiente las satisfacciones del éxito inmediato y
decide "ocultarse" a los ojos del mundo. Es el momento en el
que entra en contacto con la filosofía oriental y el arte Zen.
Una experiencia tan espiritual y profunda que transforma su vida, que
dota su arte de sensibilidad y sabiduría ancestral. Los lienzos
se llenan de fugaces momentos que recrean amaneceres, puestas de sol o
irreales paisajes. Ráfagas de belleza efímera y momentos
mágicos que demuestran la grandeza de las cosas más pequeñas.
Isabel Santaló ha sabido captar y transmitir
la energía y la complejidad que destila la vida. Por esta lección
de amor, por entregarnos su corazón, le estaremos siempre agradecidos.
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