TINTORETTO
Museo del Prado. Madrid. Del 30 de enero al 13 de mayo de 2007
Maravilloso y desigual
Por Julia Sáez-Angulo
Carraci dejó dicha una maldad: "Cuando pinta
bien Tintoretto lo hace como Tiziano y cuando lo hace mal, como el propio
Tintoretto". Quería decir que Tintoretto es un buen pintor
cuando quiere y es atento pero su producción es de irregular factura.
Nuestro primer museo nacional expone su obra para comprobarlo y disfrutarlo
hasta mediados de mayo. Hacía setenta años que no se había
hecho una muestra monográfica de este autor en el circuito artístico
del mundo, por ello es una exposición reveladora y oportuna. Tiziano,
Tintoretto y Veronesse constituyen la gran tríada de la pintura
veneziana.
Desde
que en el Palazzo Pesaro de Venecia, se celebrara en 1937, una importante
exposición del artista italiano, no se había vuelto a realizar
una monográfica tan amplia como la que ahora, y por vez primera,
se presenta en nuestro país. El Museo del Prado quiere igualmente
llevar a cabo un congreso para revisar la pintura y el tiempo del artista,
que tendrá lugar del 26 al 28 de febrero. La exposición
cuenta con el patrocinio de la Comunidad de Madrid y en la presentación
de la muestra estuvo su consejero de Cultura, Santiago Fisas, junto al
director del Museo del Prado, Miguel Zugaza y el comisario de la muestra,
Miguel Falomir, jefe del departamento de Pintura Italiana.
Muchas de las obras de Jacopo Robusti (conocido por Tintoretto
en alusión a la profesión paterna) -Venecia, 1518–1594-
son de gran formato y su transporte resulta gravoso, pero en la galería
central del Museo del Prado lucen hoy como nunca a la altura de la vista
del espectador. Tintoretto fue un gran productor de obras, un empresario
y comerciante astuto y un artista variopinto en cuanto a resultados. Seguramente
será la última vez que la gran galería muestre otra
pintura que no sea la de la escuela española, cuando por fin se
reorganice el museo con la apertura de la ampliación del mismo.
La Coronación de la Virgen, un cuadro que en el
Museo Thyssen-Bornemisza se contempla con dificultad por la altura e iluminación
que tiene, en el Prado luce ahora, con toda cercanía, su maravillosa
iconografía sobre la escena representada. En el Thyssen uno imaginaba
una gran escena del Juicio final.
La exposición permite ver de nuevo juntas, al
cabo de 400 años, dos de sus obras maestras de tema religioso llevadas
a cabo para la iglesia de San Marcuola en Venecia: la Última
Cena y el Lavatorio que se encuentra en el Prado. Otras
obras dignas de mención son Venus, Vulcano y Marte (Munich)
y Origen de la Vía Láctea (Londres). El cromatismo
de Tintoretto refleja particulares tonos rojizos y anaranjados de gran
belleza. Vale la pena contemplar con detenimiento dos autorretratos, uno
perteneciente al Museo del Louvre y otro al de Arte de Filadelfia. Tintoretto
se pinta de frente, serio, adusto y sin ornamentaciones; el representante
de un oficio.
Proceso creativo singular
La exposición investiga el proceso creativo del
artista italiano que dio gran importancia al dibujo como instrumento de
aprendizaje, experimentación y composición, así como
los aspectos técnicos. Tintoretto realizó dibujos de obras
clásicas y también preparatorios de sus obras. También
aquí se percibe el hecho de que el autor fue prolífico e
irregular.
El mismo Museo del Prado ha prescindido de mostrar algunas
piezas del italiano que poseía en sus fondos por carecer de la
calidad deseada. Algunas de las pinturas expuestas han sido restauradas
por los talleres del Museo del Prado, ya que se encontraban en condiciones
inadecuadas.
Una exposición que vale la pena ver y detenerse
en un repertorio variado, religioso o profano, así como en un dibujo
atento y un colorido que hace que el artista, pese a su calidad oscilante,
tenga admiradores. Su colorido es bellísimo de azules intensos,
naranjas, ocres y sienas. Las carnaciones de sus desnudos son a veces
espléndidas como sucede en el cuadro Susana y los viejos
(1555 –1556) procedente del Museo de Viena. Sus escorzos son con
frecuencia terriblemente forzados junto a un dinamismo que atrae por fuerza
las miradas. Tintoretto resulta a veces espectacular cuando pinta cuadros
como el Rapto de Helena (1587 –79) o El Lavatorio
(1547). Su influencia sobre El Greco es indiscutible.
<<
|