El Cubismo y sus entornos en las colecciones de Telefónica
Museo Patio Herreriano. Valladolid. Desde el 21 de septiembre de 2006 al 15 de febrero de 2007
Por Ángela Rubio
Tras
su paso por Madrid, Barcelona y Pontevedra llega a Valladolid esta exposición
en la que se nos muestra una de las colecciones más importantes
del país. A comienzos de la década de los 80 Telefónica
inicia un ambicioso proyecto, en lo que a coleccionismo se refiere, con
el objeto de recuperar la obra de artistas españoles del siglo
XX. En palabras de D. Santiago Muñoz Bastide -Director de Proyectos
de Arte y Cultura de la Fundación Telefónica- el objetivo
era crear con criterios de rigor y excelencia, una gran colección
de referencia que pudiera llenar los vacíos de las pinacotecas
españolas y hacerla accesible al público para su estudio,
análisis y disfrute.
La exposición cuenta con 40 piezas todas ellas
realizadas a comienzos del siglo XX -entre 1914 y 1933- en un momento
histórico bastante violento, lo que se traducía en una gran
convulsión intelectual y ésta a su vez conducía a
la ebullición artística. Los sucesivos avances científicos
del momento provocan admiración y fascinación en los artistas
del momento que comienzan a experimentar buscando la novedad y originalidad
en sus creaciones. En realidad buscaban la libertad. Resulta abrumadora
la sucesión y coexistencia de movimientos artísticos que
surgen de esta ebullición. Uno de ellos es el cubismo, denominación
acuñada por el crítico Louis Vauxcelles –quien a su
vez fue responsable de los apelativos de Fauves y Expresionismo- para
hablar de la que sin duda ha sido una de las más importantes revoluciones
del arte desde el Renacimiento.
En su origen el cubismo es una técnica realista
deliberadamente opuesta al expresionismo de Gaugin, Van Gogh y los nabis
y fauvistas que rechazan tanto el gusto por lo sensual como por lo decorativo
imprimiendo a sus obras, al menos en un principio, de una rigurosa austeridad.
Su interés primordial fue el desarrollo de un nuevo procedimiento
figurativo, representar la estructura permanente de las cosas como se
percibe en la realidad sólida y tangible. Contrarios al realismo
óptico de los impresionistas –todavía vigente en la
primera década del siglo XX- y siguiendo el pensamiento pictórico
de Leonardo de que no hay ninguna certidumbre más que la que se
percibe con la mente, llegaron a rechazar el ilusionismo de la perspectiva
tradicional. Desaparece entonces la tercera dimensión y por tanto
la perspectiva. Además eligieron temas neutros, evitando asuntos
de contenido humano o referencias emocionales practicando un estilo pictórico
casi monocromo de grisalla con el objetivo de eliminar los elementos emocionales
del color. En definitiva, crearon una realidad distinta.
La colección nos presenta una admirable selección
de artistas demostrando que el cubismo es y va más allá
de Picasso y Braque. El artista mejor representado, por número
de obras, es Juan Gris (1887-19279 verdadero eje vertebrador de la exposición
-no en vano es el origen de la colección- a través del cual
se consigue sintetizar la evolución del movimiento. En este sentido
la exposición resulta muy didáctica. Así vemos como
el cubismo pasa por dos periodos esenciales: uno analítico, que
basándose en la búsqueda de estructuras esenciales, comenzada
por Cezanne unos años antes, deshace las formas para llegar a la
idea cada vez más hermética y difícil de entender.
Y otro periodo, el sintético, que partiendo de la idea llega a
una forma concreta. De este segundo periodo Juan Gris se reafirma como
pieza clave.
En el nº 5 de la revista "L`Espirit Nouveau"
el pintor español nos explica y revela sus intenciones: "Yo
intento hacer algo concreto con lo que es
abstracto. Procedo de lo general a lo particular, con lo que quiero decir
que comienzo con una abstracción para llegar a un hecho verdadero...Cezanne
convierte una botella en un cilindro, pero yo comienzo con un cilindro
y creo un objeto individual específico: hago una botella concreta
a partir de un cilindro” Igualmente decisivos resultan sus artículos
”Notas sobre la pintura" publicado en "Der Querschnitt"
o la conferencia pronunciada en la Universidad de la Sorbona el 14 de
mayo de 1924 sobre las posibilidades de la pintura. Especialmente interesante
resulta La Chanteuse de 1926 en la que destacan un colorido exuberante
-herético para el primer cubismo- y el ilusionismo espacial y matérico
del que fue maestro simulando papeles pintados, mármoles o, como
en este caso, madera veteada. En La ferêtre aux collines
de 1923 da una lección de distribución espacial, fragmentando
la composición en grandes áreas diagonales y angulares que
a veces se intersecan y en las que se aprecia el uso del cartabón.
Otro rasgo importante de la colección, y por
tanto de la exposición, es haber aglutinado el
cubismo que se estaba haciendo en diferentes puntos de Europa y el latinoamericano.
De Rusia Alexandra Exter (1882-1949) Nature morte aux livres et a
la coupe de fruits 1914 y Natalia Gontcharova (1881-1962) cuyo interés
por el arte popular ruso y la pintura medieval de iconos le llevan a desarrollar
un primitivismo culto que funde con las influencias fauvistas y cubistas.
En Le Linge realizada en 1912 podemos además apreciar
una fuerte conexión con el Futurismo, uno de los movimientos en
los que influyó el cubismo.
Con nada menos que cuatro obras está presente
el francés Albert Gleizes (1881-1953) miembro fundador de la Section
D`Or en 1912. En España, destaca María Blanchard (1881-1932)
para quien el Cubismo constituyó una liberación en cuanto
que le ayudó a conseguir una depuración formal que sería
el fundamento
de su concepción pictórica posterior. Del ya mencionado
Juan Gris tenemos la oportunidad de admirar tres de sus obras en las que
muestra su personal forma de asimilar los presupuestos cubistas y la coreografía
estructurada y clara de sus formas que nunca llegaron a deshacerse del
todo quedando lejos de la abstracción. Otro elemento particular
de su obra es la riqueza colorista que llega a un cromatismo de ascendencia
fauve.
De los artistas latinoamericanos destacan figuras como
Emilio Petoruti, Alexandro Xul Solar, Vicente do Rego Monteiro o Joaquín
Torres García donde las formas primitivas casi tribales del cubismo
encajan a la perfección con el arte indígena.
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