Jenaro Pinto. Exposición antológica.
Sala Municipal de Exposiciones de las Francesas. C/ Santiago s/n. Valladolid. Del 11 de enero al 11 de febrero de 2007
Marfiles, azabaches, grabados
Por Ángela Rubio
Jenaro
Pinto (Babilafuente, Salamanca) uno de los mejores escultores europeos
de marfil de la actualidad nos presenta en esta exposición, realizada
por la Fundación Municipal de Cultura, un excelente compendio de
su excelsa y prolífica obra que abarca más de cincuenta
años. Como el subtítulo indica, lo que vamos a encontrar
en la exposición son marfiles, azabaches, grabados realizados con
diferentes materiales con los que aborda disparidad de géneros.
Así encontramos temas mitológicos religiosos, de género,
costumbristas en los que podemos admirar su sensibilidad originalidad
y capacidad de trabajo.
Dos aspectos son los esenciales en la obra de Jenaro
Pinto: el virtuosismo técnico y la grandeza y dignidad que otorga
a cada una de sus esculturas. Esta
dignificación se aprecia especialmente en sus personajes más
humildes, Pastor viejo, Pescador con su red o Viejo desayunando.
En cuanto al virtuosismo técnico, se puede decir que proviene de
las habilidades, adquiridas en sus comienzos, como grabador en los que
se muestra como un excelente dibujante. Lo apreciamos en los pliegues
de las ropas -por ejemplo en la figura de Fernando el Católico
o en la jarra que representa El gran sacrificio- o en el cuidado
del detalle que muestra en los espectaculares trípticos donde,
además, demuestra su dominio absoluto de la perspectiva y la composición.
Estos dos rasgos destacan sobremanera en Elías hace perecer
a los sacerdotes de Baar donde desarrolla su pericia al ofrecer diferentes
escenas de un mismo episodio en secuencia mostrando, además, un
equilibrado manejo del espacio. Prodigioso resulta todo esto en la vista
que nos ofrece de la Plaza Mayor de Salamanca o en las jarras
–en sí mismas una joya- que nada tiene que envidiar a la
producción califal.
La calidad del acabado de su obra nos invita a rodearla,
a vivirla sintiendo admiración por su forma de concentrar la luz
por su variedad de motivos, por su excelsa capacidad creativa. En sus
piezas están presentes la profunda y quieta religiosidad románica,
el florido ordenamiento lineal del gótico y el dinamismo barroco.
Épocas en las que se inspira sin necesidad alguna de copiar.
Se enfrenta con sinceridad a un material que ha estudiado
profundamente para conocer su comportamiento y reacciones, explorando
nuevas posibilidades hasta dominar la materia adecuándola a sus
intenciones. Así, investiga con la utilización de diferentes
materiales en una misma pieza; marfil y nogal de Fernando el Católico,
marfil y plata cincelada en las jarras. Sus tallas, además, muestran
gran variedad de actitudes y de
estados de ánimo que comprobamos en la Virgen de Alonso Cano,
la recreación del juego dinámico de los niños de
la carretilla en La alegría de vivir o las figuras contorsionadas
de Sumisión.
El verdadero valor de Jenaro Pinto es haber resucitado
una tradición española que prácticamente había
desaparecido, buscando además, la innovación técnica
y un enfoque y temática más contemporáneo. Este valor
le fue reconocido al incluir su obra en la edición de Las Edades
del Hombre celebrada en Salamanca en 1993. No es casualidad que los tres
últimos papas posean magníficos ejemplares de su obra.
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